Capítulo 32

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— Va a estar todo bien —me dice Lilith.

— Tengo miedo —le respondo asustada.

— Todo va a estar bien —me repite dulcemente, mientras acaricia mi rostro.

— ¡Lilith, no! —grito.

Siento cómo unos brazos sacuden mi cuerpo. Abro los ojos y me encuentro con los oscuros ojos de Draven.

— ¿Estás bien, pajarito? —me pregunta suavemente.

— No —respondo.

Lágrimas corren por mis ojos mientras pienso en el sueño que tuve, que en realidad era un recuerdo.

Draven me abraza, me levanta en sus brazos y rodeo su cuerpo con los míos. Apoyo la cabeza en uno de sus pectorales mientras él me hace masajes en la cabeza con una mano y caricias en la espalda con la otra.

Me doy cuenta de que estoy en la cama donde dormí la primera vez que me quedé en su casa. No recuerdo cómo llegué aquí.

— ¿Cómo...? —pregunto en medio de mi llanto.

— Laz te trajo a la cama; te habías quedado profundamente dormida.

Ahora entiendo.

— ¿Qué pasó? —pregunta Laz con voz adormilada.

— Nuestro pajarito tuvo una pesadilla. Tuve que despertarla porque no paraba de sacudirse —responde Draven.

— Cuervo, ¿quieres hablar de tu sueño? —me pregunta cariñosamente Laz.

— Prefiero no recordarlo —realmente quiero olvidarme de mi sueño —. Laz, ¿me puedes abrazar tú también? —Odio lo vulnerable que sueno, pero también lo necesito a él.

La cama cruje mientras él se mueve y acomoda su enorme cuerpo contra mi espalda. Ahora noto que estoy desnuda y ellos también; mi pierna descansa cómodamente en la entrepierna de Draven y siento la de Laz en mi trasero.

Quiero estar más pegada a ellos, siento que necesito algo.

— Chicos, necesito... —No sé cómo pedirles esto, quizá piensen que soy rara.

— ¿Qué necesitas, Cuervo? —dice Laz, con su boca pegada a mi oído.

— ¿Qué, pajarito? No tengas miedo —me dice amablemente Draven.

— Quiero sentirlos a ambos adentro de mí —lo digo tan rápido que no sé si me entendieron.

— ¿Estás segura, pajarito? Somos muy grandes y sé que Laz te folló hace un rato —me responde Draven.

— Si no quieren, está bien —por suerte no pueden verme, porque tengo las mejillas completamente rojas.

— Obvio que queremos, Cuervo. Amamos estar adentro tuyo, pero no queremos lastimarte.

— Dejen de preocuparse por si me lastiman y háganlo —les ordeno.

No sé de dónde saqué el coraje para ordenárselos.

— Y hasta ahí fue mi intento de ser un caballero —dice Laz.

— Si nuestra mujer quiere tenernos a ambos adentro suyo, lo hacemos —dice Draven.

— En lugar de hablar...

Un gemido se me escapa porque Lazarus me metió dos dedos adentro. Dios, todo en él es grande, hasta sus dedos. Él comienza a meterlos y sacarlos rápidamente, mientras que con su pulgar le da suaves pero firmes toques a mi clítoris.

Laz mueve mi cuerpo, logrando que mi cara esté a centímetros de la polla de Draven. Sin pensarlo dos veces, le agarro su miembro y me lo llevo a los labios. Primero le doy un suave beso en la cabeza, y luego, con mi lengua, lo lamo desde la punta hasta la base. Bajo un poco más y me encuentro con sus testículos. Me da curiosidad meterme uno a la boca, y eso hago: llevo sus grandes y pesados testículos a mi boca y, con mi lengua, hago círculos alrededor de ellos.

El cuerpo de Draven se tensa y un gemido se le escapa.

Suelto sus testículos para volver a hacer mi lento movimiento con la lengua, recorriendo hasta llegar a la punta, que está muy hinchada y de color rosa. Primero me meto su punta en la boca y su sabor me inunda. Tiene gotas de semen preseminal y se lo lamo.

Él agarra mi cabeza y me tira del cabello.

— Deja de jugar, Raven, y mete mi polla hasta el fondo de tu garganta.

Yo no le hago caso y sigo provocándolo con mi lengua, dándole lentos círculos. Se nota que no tiene mucha paciencia, porque agarra mi cabeza y, con una embestida, me mete toda su gruesa polla  hasta la garganta.

El esfuerzo que tengo que hacer para no clavarle los dientes es impresionante. Al ser tan grueso, siento como si me ahogara. Él vuelve a agarrar mi cabeza y me saca su polla de la boca para volvérmela a meter. Por suerte, sigo el consejo que me dio Laz la otra vez y esta vez no siento que voy a morir. Mientras Draven toma el control de esta mamada, Lazarus ahora me está metiendo un tercer dedo.

Si antes se sentía apretado, ahora lo está aún más.

— Cuervo, si no aguantas tres dedos, ¿cómo piensas que van a entrar dentro de ti nuestras pollas? —me dice serio Lazarus.

Tiene un punto de razón. Mueve sus dedos muy rápido y, como también estimula mi clítoris, no me toma mucho tiempo relajarme y que me deje de doler, hasta que mete un cuarto dedo. Ahora sí puedo decir que me siento muy llena.

— Vamos, cuervo, relájate —me dice Laz, mientras sigue dándole movimientos rápidos a mi clítoris.

Es rara la sensación, porque siento cómo me está estirando, pero entre la mamada que le estoy haciendo a Draven y la estimulación de Lazarus, siento que estoy muy cerca de mi orgasmo.

Con un último movimiento de Laz en mi clítoris, exploto. Mis paredes vaginales aprietan los cuatro dedos de Laz y mi grito es censurado por la polla de Draven en mi garganta.

— ¿Ya estás lista, Cuervo? Si te duele en algún momento, nos lo dices —me ordena.

Lentamente me saco la polla de Draven de la boca, que ahora está completamente mojada por mi saliva.

— Hazlo —le ordeno. Sé que me va a doler, pero quiero sentirlo a ambos.

— Apoya tu cabeza en la almohada y quédate de costado. Yo voy a entrar dentro de ti por atrás y Draven por adelante.

— Está bien.

— Draven, saca el lubricante que está dentro de la mesa que está junto a la cama.

Draven estira un brazo y saca el lubricante. Lo destapa y vierte una gran cantidad en su mano.

Mete sus dedos en mi coño, que está hinchado por los dedos de Laz, y esparce el lubricante.

Saca su mano y acomoda su cuerpo para estar frente a mi cara.

Su polla está en mi entrada y lentamente me la mete, hasta que todo su tamaño y grosor está dentro de mí.

Laz me rodea la cintura con su brazo y todo su cuerpo me envuelve. Abro las piernas para que tenga espacio para meter también su polla dentro de mí. Él acomoda la punta de su polla en mi entrada, donde Draven y yo estamos unidos.

Con mucho cuidado, él mete la cabeza de su polla.

El dolor es punzante. Las lágrimas se me forman en los ojos. Mi cuerpo se tensa por la expansión que estoy sintiendo.

Él se queda quieto por unos segundos, hasta que mi cuerpo se relaja. Aprovecha eso para metérmela un poco más.

— Laz, métetemela toda. Por favor —le pido.

No me importa el dolor, solo quiero dormir con ellos dos dentro de mí.

Él me hace caso y, con un movimiento, entra por completo en mí.

Un grito de dolor se me escapa.

— No se salgan, esperen unos minutos a que me acostumbre. — Ambos se quedan quietos mientras me abrazan.

Puedo sentir el grosor de Draven y también la longitud de Laz. Finalmente, mi cuerpo se relaja y ya no me duele.

— Gracias, chicos, es lo que quería. — Me quedo dormida al instante, con Draven y Lazarus dentro de mí.


RAVEN: Pueden ser malos, pero son tiernos cuando quieren. Si les gustó el capítulo, por favor denle like, comenten y compartan. ¡Gracias por leernos!

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