—Te imaginaba distinta —dice Caius, con una voz rasposa y lenta, como humo que se arrastra.
Draven se tensa a mi lado. Lazarus, en cambio, da un paso al frente.
—No te metas con ella —responde, con una calma peligrosa.
Caius deja escapar una risa seca, sin alegría.
—¿Desde cuándo juegas a ser el caballero, Lazarus?
—Desde que ella llegó.
Caius ladea la cabeza, curioso. Por un momento, me observa como si yo fuera un enigma. No hay deseo en su mirada. Ni interés superficial. Solo cálculo.
—Interesante —dice, y gira su atención hacia Draven—. ¿Y tú? ¿También caíste?
—¿Qué estás insinuando? —pregunta Draven, con el cuerpo tenso y los puños cerrados.
Caius camina con tranquilidad por la sala, como si todo le perteneciera, incluso nosotros.
—Digo que nunca los había visto tan... conectados. Tú, Lazarus, ella. Hay algo nuevo entre ustedes. Algo que me intriga. Algo que podría romper.
Sus palabras se clavan como agujas.
—¿Por qué querrías destruir algo que ni siquiera entiendes? —pregunto.
—Porque puedo —responde, sonriendo con veneno.
Lazarus se coloca detrás de mí y rodea mis hombros con el brazo. Su calor me reconforta. Draven no se mueve, pero lo siento vibrar de tensión.
—Ella no forma parte de tus juegos —dice Draven con tono firme.
—Todos aquí forman parte de mis juegos, lo acepten o no —replica Caius.
Me estremezco, y Lazarus aprieta con más fuerza, como si pudiera protegerme con su contacto.
—Basta —digo—. ¿Qué es lo que quieres, Caius?
Él se detiene. Me mira, esta vez con más atención. Su mirada me atraviesa.
—Quiero entender por qué dos de los hombres más difíciles de este pueblo están protegiendo a una forastera. Por qué comparten casa... cama... decisiones. Por qué darían la vida por alguien que no pertenece a este lugar.
El silencio que sigue es denso, cargado.
—Porque ella es nuestra —responde Lazarus.
Caius sonríe despacio.
—Entonces tendré que conocerla bien. Ver si está a la altura.
—No tiene que probarte nada —dice Draven.
—Todos terminan haciéndolo —responde Caius con frialdad.
Y se va, como si no acabara de desestabilizarlo todo.
El silencio que deja atrás es ensordecedor.
—Ese bastardo no cambia —dice Draven, finalmente.
—No lo hará —añade Lazarus—. Y va a intentar usarte.
—¿Para qué?
—Para separarnos.
Estoy sentada entre los dos. Lazarus me toma la mano y me acaricia los dedos con suavidad. Draven se arrodilla frente a mí, buscando mi mirada.
—No vamos a permitir que te toque, Raven. Lo sabes, ¿verdad?
Asiento, aunque una parte de mí aún tiembla. No por miedo. Por lo que sentí cuando Caius me miró. Por lo que removió en mí sin siquiera tocarme.
—Somos un equipo —dice Lazarus.
—Somos tuyos, y tú eres nuestra —añade Draven.
Y entonces lo entiendo.
Esto no es solo una casa. Es un refugio.
Y yo soy el corazón que ambos están intentando proteger.
Aunque sé, muy dentro de mí, que el peligro no ha hecho más que comenzar.
Lazarus: Por fin la holgazana de nuestra creadora se dignó a continuar nuestra historia. Milagro. Si les gustó el capítulo, denle like, comenten y sígannos... antes de que vuelva a desaparecer. ¡Gracias, preciosas!
ESTÁS LEYENDO
LAZARUS
DragosteYo huyo de mi pasado. Huyo lo más rápido que puedo. La Ravenna que era antes murió ese día. Por suerte, fui aceptada en una universidad extremadamente exclusiva; no cualquiera puede entrar allí. Lo que nunca esperé fue que el dueño de la universidad...
