Capítulo 30

528 53 3
                                        

Estoy en la sala en la que besé por primera vez a Draven, sosteniendo un té caliente en mis manos. Los tres estamos en silencio, disfrutando del momento. Estoy apoyada en el regazo de Laz, quien me acaricia suavemente el muslo. Mi cabeza descansa detrás de su cuello, sintiendo la calidez de su cuerpo mientras el ambiente se llena de una tranquilidad reconfortante.

Sus fuertes brazos están envueltos en mi cintura y mis piernas descansan en el regazo de Draven, quien también me acaricia. Son muy dulces. Serán unos hijos de puta controladores, posesivos y asesinos, pero son tan buenos conmigo.

Le doy un sorbo a mi té verde. Esta muy caliente y me quema la lengua, pero no me importa.

— Pajarito, tenemos que hablar. – Dice Draven, mientras que con su dedo acaricia mi pierna.

Hoy llevo puesta una falda negra muy cortita, que cae justo a mitad de muslo, dando un aire provocativo y rebelde. La tela es ligera y fluida, con un sutil brillo que refleja las luces a mi alrededor, evocando una atmósfera misteriosa. En lugar de mis habituales botas de charol, decidí romper con la norma y me puse unas Converse de un negro intenso, que contrastan perfectamente con la delicadeza de la falda.

Debajo, tengo un corsé ajustado que resalta mi figura, añadiendo un toque de dramatismo a mi conjunto. El corsé está adornado con detalles de encaje que complementan el estilo gótico, acentuando la profundidad de mi look. Para protegerme del frío, me puse un abrigo largo, de un negro profundo, que cae elegantemente sobre mis hombros.

Aun así, con la falda tan corta, no puedo evitar sentir que me muero de frío. Por suerte, al estar encima de Laz y con mis piernas encima del regazo de Draven no tengo frio, es mas tengo calor, por que la chimenea que hay en su casa alucinante, hace que la atmósfera se vuelva calurosa.

Me incorporo para dejar la taza de té, y, por desgracia, tengo que separar mi cabeza del cuello de Laz. Lo hago rápidamente y antes de volver a mi posición, me quito el abrigo.

Vuelvo a acomodarme en su cuello e inhalo; puede que parezca rara oliéndolo, pero huele tan bien.

—Cuervo, espero que nadie te haya visto con ese corsé, porque te juro que voy a matar a uno por uno —dice Laz, con ese tono posesivo que lo caracteriza.

Esa amenaza aligera un poco el ambiente.

—Tranquilo, Laz, no es necesario que mates a nadie —le respondo, riendo suavemente contra su cuello.

—Mejor así. Es que, Raven, te queda hermoso. Tus senos se ven tan comestibles que no podría soportar ver a un hombre mirarte.

Una de sus manos, que estaba en mi cintura, sube hasta posarse en mi seno izquierdo. Lo agarra y deja la mano ahí, mostrándome de manera clara que le pertenezco.

—Tenemos que hablar, Raven —dice Draven, serio.

Él puede ser muy mandón cuando quiere.

—Estamos de acuerdo en que Raven ahora vive con nosotros, ¿verdad? —pregunta Draven.

—Eso ni se pregunta. Desde lo que pasó hoy, ella vive con nosotros. No quiero que nada le pase a mi Cuervo —dice Laz, mientras empieza a jugar con mi pezón a través de la tela de mi corsé.

No puede tener las manos quietas; es incorregible.

—¿No les molesta que me quede? —pregunto, pensando en volver a ese lugar. La idea me llena de miedo.

Pensar en volver allí y que alguien pueda hacerme algo me paraliza de terror. Además, amo estar con los chicos.

—Pajarito, desde el primer momento en que instalé las cámaras en tu habitación, quise que vivieras con nosotros —me confiesa Draven.

LAZARUSDonde viven las historias. Descúbrelo ahora