Capítulo 37

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Al haber sido suspendida, no me quedó más remedio que volver a la casa que comparto con ellos. Aún no estoy segura de llamarla mi casa. Sé que ellos dicen que quieren que me quede para siempre, pero algo dentro de mí me dice que es temporal.

Soy así, siempre que me pasan cosas buenas, asumo que no van a durar, así que solo me toca vivir el presente. Lo que voy a hacer es pasar por una tienda, comprarme la Coca-Cola más grande que tengan disponible y unos Cheetos.

Pienso pasar toda la tarde que ahora tengo libre mirando películas mientras como snacks.

Estoy con una mano agarrando Cheetos y con la otra sosteniendo el mando de la televisión

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Estoy con una mano agarrando Cheetos y con la otra sosteniendo el mando de la televisión. Elegí mi película favorita, *Crepúsculo*. Me lo merezco después de mi pelea con Lazarus, de que me haya negado un orgasmo, de mi discusión con Milena y, por último, por la tremenda follada que tuve con Draven.

— ¡Edward! Dile que eres un vampiro —le grito al televisor mientras me llevo como cinco Cheetos a la boca.

No estaría siendo muy femenina ahora mismo. Llevo mi camiseta manchada con café y solo unas bragas con dibujos de gatitos.

— ¡Bella, no seas estúpida! ¿No te das cuenta de que es un vampiro? —vuelvo a gritarle.

Por suerte, los chicos vuelven tarde, porque si me vieran así, me daría vergüenza. Encima, tengo una pierna levantada y apoyada en el respaldo del sofá.

— ¡Al fin! ¿Qué tanto te costaba darte cuenta? —le digo más calmada.

— ¿Darme cuenta de qué? —me pregunta Lazarus.

Al verlo, me quedo congelada. No me imaginaba que volviera tan temprano. Se ve espectacular, tal como se veía en clase.

Debo tener toda la boca manchada por los Cheetos. Qué vergüenza.

— Mmmm, Bella se acaba de enterar de que Edward es un vampiro —le comento, tratando de sonar relajada.

Aunque estoy todo menos relajada.

No me responde, pero camina hacia donde estoy y me mira de arriba abajo con una mirada curiosa.

— Draven me contó sobre la suspensión. Al llegar, esperaba encontrarte llorando, no gritándole al televisor —dice riéndose.

— Sigo enojada contigo, Lazarus, así que deja de hablarme para que pueda seguir mirando al guapo de Edward —le digo gruñona. No me gusta que me interrumpan con esta película.

— Yo debería estar enojado, después de enterarme de que te follaste a Draven tras haberte prohibido tener un orgasmo.

Le pongo pausa a la película.

— Lazarus, ¿puedes irte? Quiero ver una película y me estás molestando.

— No —me dice, el muy imbécil.

— Por favor, Laz, tuve un día largo. Quiero relajarme.

No me responde, pero camina hacia donde estoy, sin que yo me mueva ni saque mi pierna.

— Cuervo, ¿puedes pararte un segundo? —me pregunta amablemente.

— Está bien —le digo con un tono de voz de pocos amigos.

Me levanto con el mando en una mano y mis preciados Cheetos en la otra, y Laz se acuesta en el lugar donde yo estaba antes.

— Ven, cuervo, acuéstate arriba mío —me pide amablemente.

— No quiero sexo, Laz, solo quiero ver esta película —le digo para que entienda que ahora no tengo ganas.

— Vamos a ver la película juntos —me dice con esos ojos que te hacen cometer cualquier pecado.

— ¿Quieres mirar Crepúsculo conmigo? —le pregunto, alzando una ceja.

— Claro. No la conozco —me dice.

— ¿No has visto Crepúsculo? —le pregunto, eufórica.

— Lo siento, Cuervo, no sabía ni que existía —me dice riéndose.

Me acerco hacia donde está él, y él agarra mi cintura y acomoda mi cuerpo contra el suyo.

Mi cabeza está escondida en un costado de su cuello, y al inhalar puedo oler su magnífico aroma. Él lleva uno de sus brazos a mi cintura, y yo bajo mi cabeza a uno de sus pectorales para poder seguir mirando la película.

— Voy a ponerla desde cero; esta película se va a convertir en tu favorita —le digo eufóricamente.

— Si tú lo dices, Cuervo —responde mientras lleva su rostro a mi frente y me da un beso.

Es un gesto tierno.

Rebobino la película y le doy play para que comience desde el principio.

— Esta Bella es demasiado estúpida. ¿No se da cuenta de que él es un vampiro? —dice Laz, ahora también comiendo de mis Cheetos.

No me gusta compartir mi comida chatarra, así que puede sentirse especial.

— Es lo que decía, es obvio —le digo riéndome.

Una de sus manos, que descansaba cómodamente en mi cadera, baja lentamente hasta donde termina mi camiseta.

— Laz...

— Shhh, Cuervo. Solo quiero sentirte, nada más.

Levanta unos milímetros mi camiseta y deja al descubierto mis bragas. Mete su mano dentro de ellas, y sé que puede sentir mis labios mojados, pero no mueve la mano, simplemente la deja ahí, posesivamente.

Este hombre no puede estar ni cinco segundos sin tocarme.

En lugar de molestarme, su contacto me relaja; su calor y su olor me envuelven, y se me cierran los ojos hasta que me quedo dormida.

LAZARUS: Gracias por leernos, chicas. No se olviden de votar, comentar y compartir. ¡Nos vemos!

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