— ¿Qué está pasando, Lazarus? —pregunta Draven.
— Caius está en el pueblo —responde Laz.
Draven me levanta cuidadosamente de su regazo y se pone de pie.
— ¿Caius está en el pueblo? —repite Draven. Su tono de voz refleja nerviosismo.
Por mi parte, me siento aliviada de que la conversación no esté dirigida a mí.
— Raven, puedes volver a respirar —me digo a mí misma.
— ¿Quién es Caius? —pregunto, aunque el nombre me suena vagamente.
— Caius es la persona que gobierna este pueblo, Cuervo. Es nuestro jefe —dice Laz con un tono temeroso.
— Pero, ¿es una buena persona o no? —mis preguntas pueden llevarme por un camino peligroso.
— Pajarito, es mejor mantenerlo alejado. Es un hombre que siempre consigue lo que quiere —me cuenta Draven.
A pesar de ello, mi curiosidad crece aún más.
— ¿Y él dónde vive? —pregunto, intrigada.
No conozco bien este pueblo, así que no sé dónde podría residir.
— Aquí —confiesa Laz.
— ¿Cómo? —le pregunto, exaltada.
— Tranquila, Cuervo, no vamos a dejar que te pase nada. De todas formas, él es una persona que no le gusta comprometerse, así que es muy probable que ni siquiera se fije en ti. —Esas palabras impactan en mi autoestima. Debe notar mi reacción, porque añade—: Lo que quiero decir es que es bastante reservado y no se compromete.
Sé que intenta calmarme, pero no lo está logrando.
— Lazarus, mejor no aclares que oscureces la conversación. ¿Dónde lo viste a Cas? —pregunta Draven.
— Me mandó un mensaje. Dijo que estaba en camino —mira su reloj—. Hace una hora me envió ese mensaje. Mencionó que teníamos que hablar de algo importante.
— ¿Importante? —pregunto con curiosidad.
— Mientras menos sepas, mejor, Cuervo.
— Si voy a convivir con una persona que no conozco, al menos merezco saber qué hace.
— Eso te lo puedo responder yo.
Esa voz no me es familiar. Levanto la mirada y me encuentro con el hombre más intimidante que he visto en mi vida. Un escalofrío recorre mi cuerpo. Este tipo irradia un poder palpable.
Es alto, superando fácilmente el promedio, lo que le da una presencia imponente. Su cabello es un rubio dorado que cae en suaves ondas, acentuando la angularidad de su rostro. La luz parece bailar en sus mechones, dándole un brillo casi etéreo. Sus rasgos son marcados y perfectamente simétricos, con una mandíbula bien definida que se asoma con orgullo bajo una ligera sombra de barba.
Pero lo que más me atrapa son sus ojos. Tienen un color claro, como el océano bajo un cielo despejado, pero su intensidad es lo que verdaderamente enreda mi mente. Esos ojos parecen analizar cada rincón de mi ser, radiando una mezcla de arrogancia y misterio que me hace sentir expuesta, como si pudieran leer mis pensamientos más ocultos. Hay un brillo felino en su mirada, una astucia que sugiere que siempre está un paso adelante, siempre calculando y observando.
Su cuerpo está vestido con una chaqueta de cuero ajustada, que resalta su figura atlética. Cada movimiento es fluido, como el de un depredador que se mueve con gracia, y una sensación de peligro inminente emana de él. A pesar de su atractivo, hay un aire de advertencia en su presencia; es el tipo de hombre que atrapa la atención de todos en la sala, y no porque busque serlo, sino porque simplemente puede.
Al mirarlo, me doy cuenta de que la belleza a su alrededor no es solo superficial; la confianza y la fuerza que irradia son casi hipnóticas, y me siento atrapada entre el deseo de acercarme y el instinto de mantenerme alejada. Todo en él grita poder y control, y aunque me resulta irresistible, también me da un profundo sentido de vulnerabilidad.
CAIUS: Señoras, denme una cálida bienvenida. Mi creadora se tomó su tiempo en presentarnos.
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LAZARUS
Roman d'amourYo huyo de mi pasado. Huyo lo más rápido que puedo. La Ravenna que era antes murió ese día. Por suerte, fui aceptada en una universidad extremadamente exclusiva; no cualquiera puede entrar allí. Lo que nunca esperé fue que el dueño de la universidad...
