La casa respira.
Crúje en la madera, suspira en las paredes, como si supiera que esta noche no es como las otras.
Estoy entre ellos. Entre Draven y Lazarus.
Dormimos desnudos. El calor de sus cuerpos es más que una abrumadora. Es una advertencia para todo lo que intente tocarme sin permiso.
Draven está a mi izquierda, con un brazo cruzado sobre mi seno. Lazarus a mi derecha, una pierna entre las mías, su respiración lenta contra mi cuello.
La pesadilla llega sin pedir permiso.
El fuego me rodea. Ella grita mi nombre. Me ve. Me ve y no la salvo.
Su rostro es el mío. Su voz es la mía. Pero sus ojos... sus ojos me acusan.
Despierto jadeando. Temblando. El corazón desbocado.
Me deslizo fuera de la cama sin despertarlos. Tomo la sábana y la envuelvo alrededor de mi cuerpo desnudo. Camino por el pasillo en penumbra, descalza, con el alma a punto de quebrarse.
Y entonces lo escucho.
—Ambrosía.
Me detengo en seco. Su voz es inconfundible. Densa, lenta, venenosa.
Caius está apoyado contra la puerta de su habitación. El cabello suelto, la camisa desabrochada. La mirada fija en mí.
—¿Qué haces despierta a esta hora? —pregunta. No como quien se preocupa. Como quien investiga.
—No podía dormir.
—Pesadillas.
No lo digo. Él lo adivina.
—¿Te perseguía algo... o alguien?
—Nadie.
—¿Mentís así de mal con todos o solo conmigo?
No respondo. Me aferro a la sábana. La tela roza mi piel caliente y temblorosa. Sé cómo me está mirando. Como si pudiera ver lo que hay debajo. Como si ya lo hubiese hecho.
—¿Y ellos? —pregunta, sin moverse—. ¿Siguen dormidos? ¿Ni siquiera notaron que te fuiste?
Eso duele. Porque es verdad.
—Estoy bien —respondo.
—No lo estás. Tenés el miedo en los ojos. El deseo en la piel. Y algo dentro tuyo está gritando que no sabe quién carajo es.
Mi respiración se corta.
—¿Quién eres tú para hablar de lo que hay dentro de mí?
Él da un paso. La luz tenue de su cuarto lo corta en ángulos. No se acerca demasiado. Pero suficiente para que mi cuerpo lo sienta.
—Soy el único que no te toca, ambrosía. Y aun así, soy el único que te está viendo.
—No digas eso —susurro.
—¿Por qué? ¿Porque te gusta demasiado?
Trago saliva. La sábana que envuelve mi cuerpo se desliza un poco por mi pecho. No del todo. Solo lo justo.
Caius lo nota. Por supuesto que lo nota.
Da un paso más. Ya no hay espacio seguro entre nosotros.
—Ambrosía... —murmura, y su voz es un veneno dulce—. No deberías tentarme.
Su mano sube con lentitud. Su mirada está fija en mi rostro, no en mi cuerpo. Como si esperara que dijera que no. Como si deseara que no lo hiciera.
Pero no lo digo.
Su dedo roza mi clavícula. Luego baja. La sábana cede aún más, y un pecho queda expuesto. Mi respiración se detiene. Su mirada finalmente baja... y se posa en mi pezón.
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LAZARUS
RomanceYo huyo de mi pasado. Huyo lo más rápido que puedo. La Ravenna que era antes murió ese día. Por suerte, fui aceptada en una universidad extremadamente exclusiva; no cualquiera puede entrar allí. Lo que nunca esperé fue que el dueño de la universidad...
