DRAVEN
– Lazarus, tenemos una charla pendiente, — digo mientras abro la puerta de su oficina.
Cada uno tiene su propio espacio en casa, y la de Laz es como un santuario oscuro: una oficina con paredes forradas de estanterías repletas de libros antiguos, en donde los títulos parece que susurran secretos del pasado. Un escritorio de madera maciza, oscuro y tallado a mano, contrasta con la modernidad de una computadora del último modelo, que brilla en la penumbra. En una esquina, una chimenea arde suavemente, emitiendo un fuego cálido que ilumina las sombras y añade un aire gótico al lugar.
Él está sentado en su silla, con los ojos cerrados, pero se los abre automáticamente al verme.
— ¿Qué pasa, Draven? —me pregunta, y por su voz, entiendo que lo he despertado.
— Edward me envió la información que le pedí sobre Ravenna, pero hay un problema. — Eso lo hace despertarse al instante, prestándome su total atención.
— ¿Qué pasa, Draven? —me dice preocupado.
— El problema, Laz, es que no hay ningún registro al nombre de Ravenna Waverly. — Le grité a mi investigador, acusándolo de ser un inútil, pero al final me di cuenta de que tenía razón; es como si Raven no existiera al menos en papeles.
— Ella nos contó que sus padres eran muy estrictos, quizás ellos ni la registraron. Suele pasar eso. Quizás, por alguna razón, no querían que Raven estuviera registrada. — Dice Lazarus con convicción.
— Qué horrible debe ser crecer con padres así. No quiero que hablemos de nuestro pasado, pero puedo ver que nuestro pajarito debe estar muy rota por dentro. Vamos a tener que hacerlo a la antigua, Laz; vamos a tener que convencerla de que nos cuente, que pueda confiar en nosotros. — Mi corazón se estruja ante la idea.
Seré un asesino y no tendré moral, pero mi pajarito me importa mucho. La sola idea de que le pegaran o le hicieran daño me hace querer exterminar a todos.
— Concuerdo, pero tenemos que darle tiempo; todavía nos estamos conociendo. Casi me olvido, Draven. — me dice Laz, emocionado, lo cual indica que ha hecho algo posiblemente ilegal.
— ¿Qué hiciste, Lazarus? Tengo un poco de miedo de que me cuentes, pero dime.
— Le cloné el celular a Raven. — Me lo dice con una tranquilidad despreocupada, como si hubiera ido al cine a ver una película de Disney.
— Tengo que reconocer que, de todas las estupideces que hiciste, esta es la mejor. Por favor, mándame una copia.
— ¿Te cuento algo gracioso? — me pregunta Laz.
— A ver. — No creo que él y yo tengamos el mismo sentido del humor.
— Te tiene agendado como DRAVEN, EL PINTOR HORRENDO. Es el nombre más gracioso que he visto. — Dice mientras se ríe a carcajadas.
— Muéstrame el tuyo, a ver.
Me acerco hacia donde está y me muestra el suyo: LAZARUS EL PERVERSO.
— Tiene sentido el tuyo. — le digo mientras me río.
— Es especial, Raven. — dice Laz, con una mirada soñadora.
— Concuerdo. Vamos a tener que tener mucho cuidado, Laz, estamos caminando por un sendero peligroso.
— Lo sé, Draven, pero no puedo dejar de pensar en ella. Estoy loco por ella. Pienso en ella todo el día. Quiero que viva con nosotros, que duerma con nosotros y... bueno, que tengamos una vida juntos. Estoy perdido, Draven, y todo esto por una mujer de 19 años.
— Salud. — le digo mientras nos sirvo un vaso de whisky.
DRAVEN: ¿Qué hace una abeja en el gimnasio? . ¡Zum-ba!
LAZ: ¡Draven, si tu intención es espantar a nuestras chicas, lo estás logrando, imbécil! Chicas, si creen que el chiste de Draven es gracioso, den like (nadie), comenten y compartan, así más gente conoce nuestra intensa historia. ¡Nos vemos, hermosas!
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LAZARUS
DragosteYo huyo de mi pasado. Huyo lo más rápido que puedo. La Ravenna que era antes murió ese día. Por suerte, fui aceptada en una universidad extremadamente exclusiva; no cualquiera puede entrar allí. Lo que nunca esperé fue que el dueño de la universidad...
