Al despertar, siento un dolor muy punzante en la entrepierna. Estiro un brazo para ver si siento a Draven, pero el lugar de él está vacío. Estiro mi otro brazo para buscar a Laz y tampoco están.
Eso me pone un poco triste; quería despertarme con ellos. Estoy boca abajo, así que me muevo para ponerme boca arriba y me siento. Casi un grito de dolor se me escapa.
En la mesita que está junto a la cama, hay una nota que dice que cuando me despierte, baje a desayunar.
Me ducho rápidamente, sintiendo el agua caliente caer sobre mi piel. A medida que el vapor envuelve el baño, trato de despejar mi mente y enfocarme en lo que tengo por delante. Hoy es sábado.
Salgo de la ducha y regreso a la habitación. Al abrir el armario, me sorprendo al ver mi ropa colgada. Elijo una camiseta holgada de color negro y me pongo un par de pantalones igualmente sueltos. La combinación me hace sentir cómoda.
Camino hacia la cocina y realmente no puedo creer que ahora viva aquí con ellos. Creo que me estoy enamorando. Nunca experimenté ese sentimiento; solo sé que si los perdiera, me rompería el corazón.
Llego a la cocina y en la mesa donde comí la pasta de mis sueños está Draven.
Al escuchar mis pasos, se da la vuelta para mirarme. Al instante, me sonríe.
— Buen día, Pajarito —me dice amorosamente.
El recuerdo de anoche hace que mis mejillas se pongan algo rojas.
— Buen día, Draven —le digo tímidamente.
Un olor exquisito inunda mis fosas nasales. Miro la mesa y, ¡oh por Dios!, toda la comida que hay: tostadas, bacon, huevos, frutas.
— Ven, siéntate; debes tener hambre después de lo de ayer —me lo dice seductoramente.
Camino hacia la silla contraria a la de él y me siento. Él está frente a mí.
No sé por dónde empezar. Hay tantas cosas que me gustaría comer, que me decido a agarrar un poco de todo.
Estoy llevándome un pedacito de manzana a la boca cuando Draven me pregunta:
— ¿Estás dolorida?
Suena preocupado, pero por alguna razón eso me vuelve tímida.
Tomo valor y le digo la verdad:
— Sí, me duele mucho.
Puedo caminar, pero parezco un robot.
— Ven, cariño, camina hacia donde estoy yo.
Suelto mi tenedor, me paro y camino hacia donde está él. Me agarra de la cintura y, con cuidado, me sienta en su regazo. Mi espalda está contra sus pectorales, que están cubiertos por una camiseta holgada negra.
— ¿Dónde está Laz? —le pregunto. Es sábado y es temprano.
— Él tenía que hacer unos encargos —me dice Draven.
— Ahora que vivimos juntos, me gustaría que me dijeras la verdad, Draven. ¿De qué trabajan y por qué matan? —le pregunto. Antes no me animaba a preguntarles, pero si voy a vivir con ellos, tengo que saberlo.
— No va a cambiar nada saberlo, pero me gustaría que pudieras confiar en mí. — Realmente estoy tan loca por estos chicos que nada podría hacerme correr.
— Somos asesinos a sueldo. Nos pagan por matar gente. Todo ocurrió cuando éramos niños; Laz y yo acumulábamos mucha violencia. Comíamos los restos de la comida de los techos de basura, y también robábamos; la verdad es que se nos daba muy bien, hasta que un día le robamos a una persona equivocada. — Mi corazón se estruja solo de pensar que algo malo les pase; eso hace que se rompa. — No morimos ese día porque una persona a la cual le debemos nuestra vida nos salvó. Trabajamos para él y nos paga muy bien.
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LAZARUS
RomansaYo huyo de mi pasado. Huyo lo más rápido que puedo. La Ravenna que era antes murió ese día. Por suerte, fui aceptada en una universidad extremadamente exclusiva; no cualquiera puede entrar allí. Lo que nunca esperé fue que el dueño de la universidad...
