Caminé por los pasillos de la escuela con la mirada en alto.
Los murmullos eran inevitables.
Carlos no pasaba desapercibido.
El auto caro. La presencia dominante. Él era el chico que todas querían.
Y yo... la chica que estaba con él.
Celeste se acercó lentamente.
La noté de reojo.
Rubia, perfecta, con ese aire de superioridad que siempre llevaba consigo.
-Así que ahora venís en auto de lujo -dijo con una sonrisa falsa-. ¿Te salió un sugar daddy o qué?
Me reí.
No de nerviosismo, sino porque me daba gracia.
Antes, esos comentarios me habrían dolido.
Pero ahora...
No tenía miedo.
-¿Querés uno también? Tal vez con suerte alguien te lo regale -respondí con calma.
Su sonrisa se borró por un segundo.
Pero rápido la recuperó.
-Mirá vos... qué confianza, ¿eh? ¿Desde cuándo tan valiente?
Di un paso más cerca.
-Desde que dejé de preocuparme por gente como vos.
La vi apretar los dientes.
Le molestó.
Le molestó que no me afectara.
Pero no se rindió.
Sus ojos azules me recorrieron de arriba abajo.
-Decime, Bella... ¿Carlos realmente te quiere o solo sos un pasatiempo? Porque, sinceramente, no entiendo qué te ve.
Sentí una punzada en el pecho.
Pero no iba a darle el gusto.
Sonreí.
-Que te importa Celeste.
Celeste frunció el ceño.
Y antes de que pudiera responder, me di media vuelta y seguí caminando.
Sentí su mirada clavada en mi espalda.
Y supe algo con certeza.
Esto no iba a terminar acá.
.
.
.
.
.
Las miradas en los pasillos se volvieron más intensas después de mi enfrentamiento con Celeste.
No me afectaba.
O al menos, eso me decía a mí misma.
Las clases pasaron rápido. Apenas presté atención.
Algo en el ambiente se sentía raro.
Era como si todos estuvieran esperando algo. Un escándalo. Un momento para ver si me quebraba.
Pero yo seguía de pie.
Hasta que llegó la hora del almuerzo.
Me dirigí al Bucar el sánguche, sentí una presencia a mi lado.
ESTÁS LEYENDO
El Peso De Mi Obsesión
Historia CortaDesesperada, me escondo en uno de los cuartos de la casa. Trato de poner el seguro, pero mis manos tiemblan tanto que no puedo. Como una bestia, Carlos irrumpe en la habitación, pateando la puerta. Sus ojos, normalmente cálidos y azules, están cegad...
