Narra Arabella
Living.
El reloj de la sala marcó las 7:00 pm y el sonido del portón fue como el cierre de una celda. Me quedé de pie en el centro del living, con las manos entrelazadas y la cabeza gacha. Benjamín estaba sentado en el sillón individual, con su reloj inteligente brillando en la oscuridad, observándome con una neutralidad que me dolía más que un insulto.
Carlos entró. No traía flores, no traía una sonrisa. Traía su tablet en la mano.
-Benjamín, mostrale a Bella lo que vimos hoy -ordenó Carlos con una voz que era puro hielo.
El nene se levantó y, con una eficiencia aterradora, conectó su dispositivo a la pantalla gigante del living. Ahí estaba yo. En alta definición.
Hablando con Lucas. Se veía el momento en que él sonreía y yo no me alejaba de inmediato. La imagen se congeló justo cuando nuestras sombras parecían tocarse.
-¿Te divertiste, Arabella? -preguntó Carlos, acercándose lentamente. Me tomó del mentón, obligándome a mirar mi propia "traición" en la pantalla-. ¿Tan poco vale mi cuidado que necesitás buscar la atención de cualquier desconocido en la calle?
-Es solo un compañero, Carlos... solo fueron dos minutos -susurré, con las lágrimas quemándome los ojos.
-Dos minutos son suficientes para perderlo todo. -Carlos miró a Benjamín-. ¿Qué aprendimos sobre los tesoros, campeón?
-Que si no se cuidan, se pierden -respondió Benja con una voz mecánica, fría-. Y que si el tesoro no se deja cuidar, hay que moldearlo para que quede perfecto.
Sentí un escalofrío. Mi nene, mi pequeño Benja, estaba citando las lecciones de Carlos como si fueran salmos.
-Exacto -sentenció Carlos. Me soltó el rostro con un desprecio que me hizo tambalear-. Estás llena de impurezas, Bella. Necesitás limpiarte. Necesitás entender que todo lo que tenés, incluso el aire que respirás, viene de mí.
Caminó hacia el comedor y retiró el plato que estaba servido para mí. Lo tiró a la basura sin pestañear.
-Por las próximas tres semanas, no vas a probar bocado -dictó la sentencia-. Nada de comida sólida. Tu cuerpo está demasiado distraído con el mundo exterior. Solo vas a beber el jugo dulce que yo te prepare y agua. Vas a estar liviana, vacía, para que cuando te hable, mis palabras sean lo único que te llene.
-Carlos, por favor... tengo que estudiar, rindo mañana... -supliqué, sintiendo ya una debilidad imaginaria en las piernas.
-No vas a rendir -me cortó en seco-. Benja va a estar con vos todo el día. Él va a vigilar que no comas nada a escondidas. Si fallas, si Benja me avisa que probaste aunque sea un trozo de pan... El video de anoche se publica. Y sabés que no me tiembla el pulso.
Miré a Benjamín, buscando una pizca de piedad, pero el niño solo asintió, asumiendo su cargo de carcelero con una seriedad devota.
Dos semanas después.
El hambre ya no es un rugido, es un dolor sordo y constante que me nubla la vista. Mis manos tiemblan cuando intento sostener un libro. Tomo la pastilla y solo he bebido ese jugo espeso y dulzón que Carlos me sirve cada noche antes de hacerme suya, un azúcar que me mantiene despierta pero sin fuerzas para luchar.
Estoy tirada en el sofá, exhausta. Benjamín entra a la sala con un sándwich en la mano. El olor a pan tostado me tortura. Él me mira, mastica con calma y se sienta en el suelo, a mis pies.
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El Peso De Mi Obsesión
Ficção GeralDesesperada, me escondo en uno de los cuartos de la casa. Trato de poner el seguro, pero mis manos tiemblan tanto que no puedo. Como una bestia, Carlos irrumpe en la habitación, pateando la puerta. Sus ojos, normalmente cálidos y azules, están cegad...
