Narrador omnipotente.
El sonido de sus pasos retumbaba en los pasillos silenciosos del nuevo hospital privado.
La corbata estaba floja, el saco, arrugado, la sonrisa falsa de la universidad se había desvanecido apenas salió del edificio.
Ahora era solo él.
Solo Carlos.
El verdadero.
Abrió la puerta de la habitación y la vio.
Bella, tan pequeña, tan frágil.
Su piel ya no era la morocha cálida de antes. Ahora era casi transparente, como porcelana agrietada.
Sus labios secos, partidos.
Su cabello negro, que antes peinaba con dulzura, ahora caía sin vida a los costados de su rostro.
Se acercó.
Sintió cómo su corazón latía desbocado, cómo el dolor le atravesaba los huesos.
Se arrodilló a su lado, apoyando la cabeza sobre su pecho.
Ella respiraba... apenas.
-Mi amor... -susurró con una voz rota, temblorosa, que no parecía la suya-. Perdóname...
Se odió.
Se odió más que nunca.
Apretó su cuerpo a ella, como si pudiera fundirse, como si así pudiera curarla, salvarla, robarle el dolor.
-Te lastimé -dijo, apretando los ojos, dejando que las lágrimas resbalaran sin vergüenza-. Te rompí, Bella...
Pero no sé vivir sin vos. No quiero vivir si no es contigo.
Sus manos acariciaron su cabello con desesperación, con ternura brutal.
La besó en la frente, en las mejillas secas, en esos labios que ya no respondían.
Temblaba.
Su cuerpo entero temblaba.
-Eras mi luz... mi única maldita luz en esta vida de mierda -susurró contra su piel-. Y yo... yo mismo la apagué.
La abrazó más fuerte, casi lastimándola.
Como si su fuerza pudiera retenerla en la vida. Como si así pudiera limpiar cada lágrima, cada herida que le causó.
-No voy a dejarte, Bella -prometió, con esa voz grave, peligrosa, temblorosa de amor y locura-. Aunque me odies. Aunque quieras huir de mí. Aunque me mates con tus ojos tristes.
Su frente contra la de ella.
Su respiración agitada.
El corazón a punto de romperse.
-Sos mía -murmuró-. Aunque tenga que destruir el mundo entero para tenerte.
Y en ese instante, juró algo que sellaría su destino:
Nunca más dependería de nadie.
Nunca más sería débil.
Crearía un imperio, haría temblar la tierra, levantaría su propio reino.
Todo para ella.
Solo para ella.
Aunque ella nunca pudiera amarlo como antes.
Aunque solo quedara odio, cenizas, y dolor.
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El Peso De Mi Obsesión
General FictionDesesperada, me escondo en uno de los cuartos de la casa. Trato de poner el seguro, pero mis manos tiemblan tanto que no puedo. Como una bestia, Carlos irrumpe en la habitación, pateando la puerta. Sus ojos, normalmente cálidos y azules, están cegad...
