Capitulo 33

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Narra Carlos

No tuve que entrar a la habitación.

No hizo falta.

La escuché.

Cada palabra.

Cada grito.

Cada negación.

-¡No quiero verlo! ¡No sé quién es! ¡Me da miedo!

Y lo supe.

Ella me borró.

El corazón se me apretó tanto, que pensé que se me iba a romper en el pecho.

Me quedé inmóvil, apoyado contra la pared helada del pasillo, al lado de esa puerta cerrada que ahora era la línea entre ella y yo.

Quise entrar.

Quise correr, abrazarla, suplicarle que no me mire así, que no me niegue.

Pero no.

Solo me quedé ahí.

Respirando el mismo aire que ella.

Agradeciendo que al menos... aún respira.

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La madre de Bella salió al rato. Su cara lo dijo todo.

Y yo solo bajé la cabeza. No quise que me viera llorar.

Yo no lloro. Nunca.

Pero ahora... no sé quién soy sin ella.

Benja me esperaba sentado en el pasillo. El nene con la mochila de dinosaurios. El que adopté para hacerla sonreír..

Ella lo eligió. Y yo lo cuidé como si fuera mío.

Porque si ella lo ama, yo también.

-¿Carlos? -preguntó Benja bajito-. ¿La Bella ya se va a acordar?

Me arrodillé, lo abracé y le dije que sí. Aunque era mentira.

Porque si yo no podía con esto, él menos.

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Estudio todos los días. Trabajo. Corro. Cargo el mundo en la espalda. Pero nada pesa más que verla viva... y ajena.

Ella era mía.

Era mía porque la cuidé. Porque me quedé cuando todos la soltaron.

Sangre. Moretones. Ojos vacíos.

Y aun así...

Su primer pensamiento fue su mamá.

No quiso que la viera así.

Se escapó.

Y la perdonó, solo por esta vez

Carlos.

Era tan simple.

Un nombre.

Pero ahora... es una maldición que la asusta.

Una palabra vacía para ella.

Y para mí...

todo lo que soy.

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Me senté en la silla frente a su puerta.

La escuchaba respirar del otro lado.

Me pasé los dedos por el cabello. Cerré los ojos.

Y ahí la vi.

Su sonrisa cuando me llamaba Boludo.

Su forma de abrazar con desesperación, como si el mundo fuera a desaparecer.

Esa manera en que me miraba cuando creía que yo dormía.

Como si yo fuera... su lugar seguro.

Ahora soy su amenaza.

Pero no me voy a ir.

Que me odie. Que me grite. Que me niegue.

Pero que respire.

Que viva.

Porque mientras ella esté viva, yo tengo un propósito.

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El médico salió más tarde. Me miró con cara de compasión.

-Carlos... lo que tiene Bella es amnesia selectiva. Bloqueó los recuerdos que le causaban dolor. Su cuerpo está protegiéndola. No la presiones.

Asentí.

Pero en mi cabeza solo podía pensar una cosa:

Yo soy su dolor.

El Peso De Mi ObsesiónHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora