Capitulo 27

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El ambiente seguía pesado.

Yo no dije nada.

Carlos tampoco.

Solo me miraba con esa intensidad que me hacía sentir que sabía lo que estaba pensando.

-¿Qué cosas querés hacer? -pregunté finalmente.

-No lo sé. Quiero estar con vos.

Su mano subió por mi espalda y me atrajo más hacia él.

Su agarre no era brusco, pero tampoco dejaba espacio para que me apartara.

-Te siento distante -repitió en voz baja-. Antes me respondías enseguida, y ahora...

No terminó la frase.

No hacía falta.

Sabía que aún seguía molesto por lo de ayer.

Acaricié suavemente su brazo, tratando de calmarlo.

-No estoy distante. Solo...

Solo nada.

No tenía excusas.

Carlos deslizó sus dedos por mi mejilla y me miró a los ojos.

-No quiero que trabajes hoy -soltó de repente.

Fruncí el ceño.

-Carlos, necesito hacerlo.

-Yo te doy lo que necesites.

-No.

No quería su dinero de este modo.

No era por orgullo.

Era porque sabía que si aceptaba una vez, lo haría siempre.

Carlos suspiró, frustrado.

-Al menos hoy, quedate conmigo.

-Carlos...

Se incorporó un poco, apoyando su frente en la mía.

-Por favor.

Cerré los ojos.

Sabía que, si insistía un poco más, iba a ceder.

Siempre cedía.

Suspiré.

No quería aceptar, pero tampoco quería discutir.

-Está bien -dije al final.

Carlos me miró con una leve sonrisa, pero no era una de felicidad.

Era de satisfacción.

Sabía que había ganado.

-Voy a decirle a mi mamá que hoy tampoco iré.

Tomé mi celular y marqué su número.

Mi mamá atendió enseguida.

-Hola, hija. ¿Cómo estás?

Su voz me transmitía calma.

Me mordí el labio antes de responder.

-Bien, ma. Solo llamaba para avisarte que hoy tampoco podré ir...

-¿Otra vez? -preguntó, notándose su decepción.

Cerré los ojos. Me sentí culpable.

El Peso De Mi ObsesiónHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora