El silencio se extendió entre nosotros.
Carlos se quedó quieto, sin moverse.
Yo tampoco dije nada.
Mi corazón latía con fuerza, pero no por las razones correctas.
No por amor o emoción.
Era miedo.
No a él, sino a lo que podría pasar.
Carlos no insistió.
No intentó acercarse otra vez.
Pero algo en su mirada cambió.
Parecía... herido.
Sin embargo, en vez de decir algo, se levantó del sofá.
-Voy a buscar agua -dijo con voz neutral.
Lo vi desaparecer en la cocina.
Solté un suspiro pesado.
Mis manos estaban frías.
Me abracé a mí misma.
"¿Hice bien en rechazarlo?"
Me mordí el labio.
Sí, lo hice.
Era lo mejor.
Yo no podía arriesgarme a perderlo.
Prefería tenerlo como amigo a que un día me dejara de lado como si nunca hubiera sido importante.
Pero aun así... algo dentro de mí dolía.
Me quedé sentada, esperando.
Carlos volvió con un vaso de agua.
Se sentó a mi lado.
No me miró.
Yo tampoco.
Seguimos viendo la película en silencio.
Pero ya nada era igual.
.
.
.
.
.
La noche anterior todavía me daba vueltas en la cabeza. Carlos había intentado besarme, y yo... no pude. No quise. Celeste tenía razón en algo: si él se cansaba de mí, iba a terminar hecha pedazos. Mejor dejar todo como estaba.
Por suerte, hoy al menos tomé unos mates con mi mamá y mi abuela. Algo bueno tenía que pasar en esta semana de locos.
Mientras caminaba por el pasillo, la vi. Celeste, con su sonrisita de siempre, haciéndose la interesante frente a Maximiliano.
Ese pibe era otra historia. Alto, siempre de negro, con su gorra y ese pelo blanco teñido. No hablaba mucho, pero cuando lo hacía, dejaba claro que no le importaba nadie. Igual, tenía un carisma raro... de esos que te hacen querer acercarte aunque sepas que es mala idea.
Celeste intentaba seducirlo, obvio. Pero él ni bola.
-Sos muy callado, Maxi.
Él apenas la miró.
-No todos hablamos al pedo.
Yo casi me río. Celeste se tensó, pero enseguida recuperó la pose.
-Ay, qué serio sos. Seguro que en el fondo sos un amor.
Maximiliano ladeó la cabeza, como analizando un bicho molesto.
-Seguro.
Cortante. Sin ganas.
Celeste se mordió el labio y cambió de estrategia.
-¿Y él? -preguntó, señalando a un nene que estaba cerca.
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El Peso De Mi Obsesión
General FictionDesesperada, me escondo en uno de los cuartos de la casa. Trato de poner el seguro, pero mis manos tiemblan tanto que no puedo. Como una bestia, Carlos irrumpe en la habitación, pateando la puerta. Sus ojos, normalmente cálidos y azules, están cegad...
