Capitulo 5

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Me separo de ella y acaricio su cabello, intentando transmitirle algo de paz, pero noto algo extraño. Bella empieza a sudar, y su respiración se vuelve irregular.

—¿Qué pasa? —pregunto, alarmado, viendo cómo su rostro cambia de repente.

—¡No, por favor, no! —grita de golpe, con desesperación, sus lágrimas cayendo sin control mientras se levanta bruscamente del sillón.

Mi corazón se acelera. ¿Qué está pasando? La veo tambalearse, perdida, como si estuviera reviviendo algo horrible.

—Bella, tranquila, estoy con vos. No voy a dejar que nadie te lastime. —le digo, acercándome rápidamente, tratando de calmarla, pero sin invadirla demasiado.

—Carlos... —susurra mi nombre con una mezcla de miedo y alivio, su voz apenas audible.

No lo pienso dos veces. La rodeo con mis brazos, fuerte pero con cuidado, y ella se aferra a mí como si yo fuera lo único que la mantuviera a salvo. Su cuerpo tiembla, y su llanto es desgarrador, como si estuviera soltando todo el dolor acumulado.

Mi pecho se llena de rabia y tristeza al mismo tiempo. ¿Quién le hizo esto? ¿Quién la dejó así, rota?

—No voy a dejar que te lastimen de nuevo. Confía en mí, ¿sí? —le susurro con voz suave, acariciando su cabello. Siento sus lágrimas empapar mi remera, pero no me importa.

Ella asiente débilmente, hundiendo su rostro en mi pecho. Cada sollozo suyo me atraviesa como un puñal.

Protegerla se ha vuelto mi única misión. No me importa lo que tenga que hacer, a quién tenga que enfrentar o destruir. Incluso si tengo que dar mi vida por ella, lo haré.

Porque Bella es mía. Nadie volverá a tocarla. Nadie.

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......

Al dia siguiente.

Narra Bella.

—¿Qué querés comer? —pregunta Carlos mientras me mira. Tiene esa mezcla de preocupación y algo que no sé cómo describir... ¿ternura, quizás?

No tengo hambre. Ni ganas de nada. Mi cuerpo está tenso, como si estuviera hecho de piedra. Mi cabeza sigue atrapada en los recuerdos de ese día horrible.

—No tengo hambre... —respondo bajito, sin mirarlo.

—Dale, al menos comé algo. ¿Una fruta? -insiste, porque es Carlos, y no va a parar hasta que acepte algo.

—Bueno, fruta. Nada más. —cedo al final, porque sé que si no, no me va a dejar en paz.

Lo veo cortar la fruta, tranquilo, como si todo estuviera bien. Como si yo estuviera bien. Me la pasa, y después nos sentamos en el sillón. Trato de distraerme, de relajarme un poco, pero no puedo. Hay algo que no me deja en paz.

Levanto la vista y lo noto. Me está mirando. Pero no como siempre, no con esa mirada de "te cuido, confía en mí". No, esta es distinta. Es intensa. Me pone nerviosa.

El Peso De Mi ObsesiónHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora