Capitulo 29

761 20 1
                                        

El aroma del arroz con especias llena la cocina, envolviéndome en una sensación de nostalgia y alivio. Me aferro a esos pequeños detalles, a la rutina de preparar comida, porque es lo único que me mantiene firme en esta casa. Si sigo con esto, si finjo que todo está bien, tal vez lo esté.

Escucho la puerta cerrarse y mis músculos se tensan de inmediato. Está aquí. Sé que vendrá a verme, que buscará tocarme, que insistirá con esa mirada que me atraviesa como si pudiera ver dentro de mi cabeza.

No quiero enfrentar esto. No quiero verlo ahora.

-Buenas tardes, Bella. -Su voz suena suave, melódica incluso, pero sé que detrás de esa sonrisa blanca hay algo más.

-B-Buenas. -Tartamudeo, intentando sonar normal, pero sé que fallo.

Apenas tengo tiempo de girarme cuando él ya ha desaparecido por el pasillo. Corre a su habitación, como si estuviera desesperado. Como si no pudiera esperar a estar conmigo.

Un escalofrío recorre mi cuerpo, pero me obligo a seguir. Corto la fruta con manos temblorosas, esforzándome en ignorar el vacío en el estómago que me provoca la ansiedad.

Minutos después, lo escucho bajar las escaleras. No necesito mirarlo para saber que está cerca. Su presencia llena todo el espacio, su respiración se mezcla con la mía.

Y, entonces, ocurre.

Sus brazos me rodean por detrás, su cuerpo se pega al mío, y el aire se me corta en la garganta. Mi corazón golpea con fuerza, cada latido más alto que el anterior.

No.

El cuchillo se resbala de mis dedos, y un plato cae al fregadero, rompiéndose en pedazos.

Me aparto de inmediato. Mi piel arde donde me tocó. El miedo me paraliza, pero finjo. Siempre finjo.

-¡Lo siento! -digo rápidamente, sin atreverme a mirarlo. Me apresuro a recoger los fragmentos, cualquier cosa con tal de mantener mis manos ocupadas, de evitar que vean cómo tiemblan.

Él se inclina para ayudar, pero mi instinto me hace retroceder.

-No, está bien. Yo lo hago. -Mi voz es débil, pero mi mensaje es claro. No me toques.

-Bella... ¿me tenés miedo? -Su pregunta corta el aire.

-¿Eh? No, no. -Niego rápido, demasiado rápido.

-Entonces, ¿por qué te asustaste? -Su tono no es agresivo, pero tampoco suena a pura curiosidad. Hay algo en su mirada que me hace sentir acorralada.

Bajo la vista, sintiendo el peso de su observación clavarse en mi piel.

-Lo siento...

No sé qué más decir. No sé qué más hacer.

Él se acerca, observándome con detenimiento, como si intentara grabar cada detalle en su mente. Sus ojos recorren mi rostro, mi cuerpo, y yo solo quiero desaparecer.

-Te extrañé... -dice en un tono tan suave que casi parece vulnerable.

Pero yo no puedo responderle. No puedo mentirle.

No lo extrañé.

-Ve a la mesa, te llevo la comida. -Mi voz suena cortante, pero no puedo evitarlo. No quiero estar más en esta situación.

Pero no es suficiente para detenerlo.

-Sí, pero quiero algo primero.

El aire se vuelve espeso. Algo en su tono me pone en alerta.

-¿Q-qué es? -pregunto, aunque temo la respuesta.

-Darte un beso.

Mi cuerpo se congela.

No.

-¿Qué? Pero... vamos a comer. -Intento ganar tiempo, pero su agarre en mi cintura me mantiene atrapada.

-Por favor, solo uno corto. ¿O no me querés?

Su susurro me eriza la piel. Su cercanía me sofoca.

No quiero hacerlo. No quiero.

Pero no veo otra salida.

-Está bien... -susurro, con un nudo en la garganta.

Él no espera más. Se inclina hacia mí, y yo cierro los ojos con fuerza. Sus labios tocan los míos, y todo dentro de mí grita.

Pero mi cuerpo no se mueve.

No me aparto.

Y eso es suficiente para él.

El Peso De Mi ObsesiónHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora