Narra Carlos.
El sol se escondía despacio en el horizonte, tiñendo el cielo con esos colores cálidos que alguna vez me parecían hermosos. Hoy, no significaban nada. Caminaba por las calles vacías, con la cabeza a punto de estallar, reviviendo una y otra vez el momento exacto en que todo se fue al carajo.
Mi hermano y mi novia.
Las dos personas que más quería.
Los dos que más me cagaron.
Todavía lo tengo grabado como si hubiera pasado hace un segundo. Esa tarde, llegué antes de lo previsto. El trabajo había salido mal y lo único que quería era tirarme un rato, dormir, estar con ella. Subí las escaleras sin hacer ruido. Abrí la puerta de mi habitación, y ahí estaban.
En la cama.
Mi cama.
Abrazados.
Semidesnudos.
Ella tenía la cara contra su pecho. Él la rodeaba con el brazo como si fuera suya.
No hicieron falta palabras. No quise ver más. Fue como si el mundo se quebrara de golpe.
Sentí cómo me temblaban las piernas.
Cómo el piso se deshacía bajo mis pies.
Cómo la sangre me hervía en las venas.
Quise gritar. Quise romper todo. Pero la bronca me cerró la garganta, como si alguien me estuviera ahorcando desde adentro.
Después vino el desastre.
Los gritos.
Las lágrimas.
El caos.
Yo tiraba palabras como cuchillos, buscando lastimarlos, buscando hacerlos sentir al menos una parte del dolor que me estaban dejando clavado en el pecho.
Pero no.
Nada de lo que dije pareció importarles.
Mi hermano... con esa indiferencia que siempre tuvo, apenas levantó los hombros y dijo un "no fue lo que pensás", como si eso alcanzara. Como si yo fuera un boludo más.
Y ella...
Ella me miraba con cara de culpa, pero sin decir nada. Como si con eso bastara. Como si una mirada pudiera recomponer todo lo que destrozaron.
¿Y ahora qué? ¿Cómo se sigue después de algo así?
La traición no es solo el engaño. Es la certeza de que lo hicieron sabiendo lo que significaban para mí. De que eligieron cagarse en eso.
Por un instante pensé en irme. En dejar todo. Cambiar de vida. Empezar de nuevo, solo.
Pero se me pasó rápido.
¿Perdonarlos?
¿Hacer como si nada?
¿Rebajarme al nivel de los que dejan que los pisoteen?
No.
Ellos no saben con quién se metieron.
Si mi hermano pensó que podía traicionarme y quedarse con lo mío sin consecuencias, está muy equivocado.
Yo le voy a quitar todo.
Su empresa.
Su tranquilidad.
Su nombre.
Voy a destruirlo lentamente, pieza por pieza, hasta que no le quede nada.
Y cuando lo vea hundido, cuando me mire con esos ojos pidiendo perdón, recién ahí va a entender lo que se siente que te arranquen el corazón en tu propia cama.
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El Peso De Mi Obsesión
Fiction GénéraleDesesperada, me escondo en uno de los cuartos de la casa. Trato de poner el seguro, pero mis manos tiemblan tanto que no puedo. Como una bestia, Carlos irrumpe en la habitación, pateando la puerta. Sus ojos, normalmente cálidos y azules, están cegad...
