Narra Benjamín.
El tarareo de Bella se detiene en seco. No es porque ella quiera, es porque el aire en el living cambia antes de que se escuche el primer paso. El sensor de la puerta principal hace un "click" casi imperceptible, pero para mis oídos, entrenados en el miedo, suena como un trueno.
Carlos entra.
No hace ruido al caminar; sus zapatos de cuero se deslizan sobre el piso con una elegancia que me hace sentir pequeño, sucio. Se quita el saco y lo deja sobre el respaldo del sillón individual sin dejar de mirarnos. El punto rojo de la cámara parece brillar con más intensidad ahora que él está presente.
—Qué escena tan conmovedora —dice Carlos. Su voz es suave, pero tiene ese filo de cuchillo que te corta antes de que sientas el dolor—. Parecen una verdadera familia.
Siento cómo el cuerpo de Bella se tensa bajo mi peso. Sus manos, que antes me acariciaban con ternura, ahora tiemblan contra mi espalda. Ella intenta incorporarse, pero la debilidad del hambre la hace tambalear.
—Carlos... —susurra ella, y su voz es apenas un rastro de la música de hace un momento.
Él se acerca. Ignora a Bella por un segundo y me pone la mano en el hombro. Sus dedos se clavan un poco, una advertencia silenciosa de que me he pasado de la raya con tanto afecto.
—Benja, campeón... ¿Ya le recordaste a Bella por qué estamos haciendo esto? —me pregunta, obligándome a levantar la vista.
Trago saliva. El recuerdo de Max, de la sangre y del disparo vuelve a golpearme. Miro a Bella; sus ojos están hundidos, suplicantes. Sé que tiene hambre, sé que le duele el alma, pero la voz de Carlos es la única que me garantiza que no habrá más funerales.
—Sí, papá —miento, bajando la cabeza—. Le dije que es para que esté limpia. Para que esté a salvo.
Carlos sonríe y le acaricia la mejilla a Bella con el dorso de la mano. Es un gesto que parece amor, pero es solo posesión. Él nota el rastro de las lágrimas en su cara.
—Está llorando, Benjamín. Eso significa que todavía tiene energía para estar triste. Eso significa que todavía piensa en el afuera —Carlos suspira, como si él fuera la verdadera víctima aquí—. Mañana no habrá jugo dulce, solo agua. Necesita silencio absoluto en su mente para que pueda escucharme solo a mí.
—¡No! Carlos, por favor... el nene no tiene la culpa, no me saques el jugo... —suplica Bella, intentando agarrar la mano de él.
Él la aparta con un desprecio gélido y se vuelve hacia mí.
—Llevatela arriba, Benja. Asegurate de que se duerma. Y recordá: cada lágrima que ella suelta es un paso más cerca de que el mundo la encuentre y la destruya como lo hizo tu hermano. ¿Querés eso?
—No, papá —respondo mecánicamente.
Ayudo a Bella a levantarse. Sus piernas tiemblan tanto que casi tengo que cargarla. Mientras subimos las escaleras, siento la mirada de Carlos clavada en nuestras nucas. Sé que nos va a ver por la cámara desde su oficina. Sé que me va a evaluar.
Al llegar al cuarto, la ayudo a acostarse. Ella me mira con una mezcla de horror y amor que me parte al medio.
—Benja... ayudame... —me pide en un suspiro antes de que yo cierre la puerta.
Me quedo del lado de afuera, con la mano en el picaporte. Escucho el silencio sepulcral de la casa. Giro la llave. Clac.
Perdón, Bella. Pero prefiero que pases hambre en esta habitación a que vuelvas a sangrar... Soy tu carcelero porque soy el único que sabe cuánto duele verte morir.
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El Peso De Mi Obsesión
Fiksi UmumDesesperada, me escondo en uno de los cuartos de la casa. Trato de poner el seguro, pero mis manos tiemblan tanto que no puedo. Como una bestia, Carlos irrumpe en la habitación, pateando la puerta. Sus ojos, normalmente cálidos y azules, están cegad...
