Narra Carlos.
La miro mientras duerme tranquila en mi cama, con su respiración pausada y su rostro sereno, como si el peso del mundo que carga cada día no existiera en este momento. Bella. Mi Bella. A pesar de todo lo que ha sufrido, sigue siendo fuerte, sigue brillando. Hermosa, por dentro y por fuera.
Es increíble cómo esta chica, que vino a trabajar a mi casa para ayudar a su familia, terminó siendo el eje de mi vida. No sé en qué momento exacto pasó, pero sé que no hay vuelta atrás.
Recuerdo la primera vez que la vi. Era tímida, hablaba bajito, como pidiendo permiso para existir. Se disculpaba por cosas que ni siquiera tenían sentido. Pero, aunque yo estaba perdido, hundido en mi propio caos, fue ella la que me vio cuando nadie más lo hacía. Cuando mi familia me dio la espalda y mis "amigos" se burlaron de mí, fue Bella quien estuvo ahí.
Recuerdo esa noche. Mi vida era un desastre. Alejandro ya estaba empezando a destruirme, y Ana, bueno... ella se había alejado, seducida por el poder y la sonrisa falsa de mi hermano. Me sentía vacío, solo, como si no tuviera adónde ir.
Estaba en la cocina, sentado con un mate frío entre las manos, el hambre ahogada por la angustia. Y ella entró. No dijo nada al principio. Solo empezó a limpiar a mi alrededor, en silencio, como si supiera que las palabras no tenían sentido en ese momento.
Pero entonces se detuvo, y me miró. Sus ojos, llenos de algo que no podía entender en ese momento: compasión.
-Carlos, no estás solo. -Lo dijo tan bajito, tan simple, que me rompió.
Esa frase. Esa maldita frase me salvó.
Esa noche hablamos por horas. O mejor dicho, yo hablé, y ella escuchó. No me juzgó, no trató de darme soluciones mágicas. Solo estuvo ahí, conmigo. Por primera vez en mucho tiempo, no me sentí invisible. Desde ese día, Bella se convirtió en mi refugio. Mi hogar.
La amo. La amo porque es real. Porque ve más allá de las apariencias, porque no espera nada de mí y, aun así, lo da todo. Bella es mi verdad, mi equilibrio. Es fuerte, incluso cuando no se da cuenta. Es valiente, incluso cuando la vida la golpea una y otra vez.
Y haría cualquier cosa por ella.
La miro dormir, y una sonrisa se dibuja en mi cara. Me acerco y le acaricio suavemente el cabello, tan suave como la seda, con ese aroma dulce que es tan suyo. Mi mano baja lentamente hasta su cintura. La siento cálida, su respiración acompasada me da paz.
Ella no dice nada. Porque le hice creer que esto era normal. Que, si realmente me veía como un hermano, podía abrazarla así. Le insistí tanto que terminó aceptando.
Pero sé que tengo que irme. Alejandro. Tengo que encontrarlo, y voy a romperle la cara. No pienso seguir permitiendo que arruine lo único bueno que tengo en la vida.
De pronto, Bella se mueve y abre los ojos, apenas un poco.
-¿Qué pasa? -pregunta con voz somnolienta, sus ojos buscándome con esa mezcla de ternura y confusión que me desarma.
-Nada. Me tengo que ir un rato, no quiero dejarte sola. -Intento sonar tranquilo, pero mi mente sigue llena de rabia.
-Voy a estar bien, Carlos. Soy mujer. -Responde, como siempre, con esa frase que parece un escudo. Y aunque sé que lo dice para convencerse a sí misma, no puedo evitar soltar una risa.
-Sí, lo sos. -La miro y sonrío. Es tan hermosa, incluso cuando está medio dormida.
-¿Vas a tardar mucho? -pregunta mientras se acomoda en la cama, sus ojos aún entrecerrados.
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El Peso De Mi Obsesión
Ficción GeneralDesesperada, me escondo en uno de los cuartos de la casa. Trato de poner el seguro, pero mis manos tiemblan tanto que no puedo. Como una bestia, Carlos irrumpe en la habitación, pateando la puerta. Sus ojos, normalmente cálidos y azules, están cegad...
