El mundo volvió...
Pero volvió en silencio.
Un silencio hueco, denso. Sin nombres. Sin recuerdos. Sin identidad.
Lo primero que sentí fue el olor. Ese aséptico aroma a alcohol, a metal limpio, a algo que no pertenecía a ninguna casa que yo conociera.
Después, el frío. Un frío seco, que me cubría las piernas desnudas. El tacto áspero de una sábana blanca.
Mis dedos se movieron. Uno, dos, tres.
"¿Por qué tiemblo?"
Abrí los ojos.
El techo era blanco. Demasiado blanco.
Parpadeé, confundida.
Miré mis manos. Piel vendada. Algunas marcas moradas, cicatrices nuevas.
"¿Qué... me pasó?"
Toqué mi cara. El cuello. El vendaje grueso al costado me erizó la piel. Me revisé los brazos. El suero. La bata.
Mi cuerpo... no era mío.
Sentía que estaba invadiendo una piel prestada.
El corazón me empezó a latir fuerte, sin razón. O con todas.
Intenté sentarme, pero un peso me lo impedía.
No solo físico. Un peso emocional. Como si alguien hubiera puesto toneladas de algo encima de mi alma.
Una carga invisible. Apretada al pecho.
Y entonces, el pánico.
-¿Dónde estoy? -mi voz salió ronca, como si no hubiera hablado en años.
Una mujer -una enfermera- entró de inmediato al oírme. Sonrió. Habló de manera suave, como si yo fuera de cristal:
-Hola, Bella... tranquila, estás en el hospital. Tuviste un accidente. Estás a salvo.
Bella.
Ese nombre... lo reconocía. Era mío. ¿No?
Asentí. No tenía fuerzas para más.
Ella revisó mi tensión, me dijo algo más, y se fue.
Entonces entró otra mujer. Lloraba. Pero sonreía.
-Mi amor... mi niña, despertaste.
Y la reconocí.
Mamá.
Lloramos. Nos abrazamos. Me acunó como si fuera una bebé. Yo me aferré a ella como si el mundo fuera a desmoronarse si la soltaba.
Sentí por un segundo que estaba bien. Que estaba completa.
Hasta que... la pregunta.
-¿Y Carlos? -dijo, mirándome a los ojos-. Está afuera, quiere verte.
Todo se detuvo.
Carlos.
Esa palabra. Ese nombre.
Era como una sombra que pasaba rápido, como una canción que casi recordás pero te hace mal.
El pecho se me apretó. Me mareé.
Me alejé de mamá como si me hubiera empujado fuego.
-¿Quién es Carlos?
Ella se quedó helada. Tragó saliva.
-Tu... tu novio, Bella. El que... te salvó la vida.
Me reí. Pero fue una risa vacía, quebrada.
-No... yo no tengo novio. No... no conozco a ningún Carlos.
Y entonces, el terror.
No por él.
Sino por mí.
¿Cómo podía olvidar a alguien que supuestamente me amaba?
Pero... era peor aún. No lo había olvidado.
Mi cuerpo lo rechazaba.
Al oír su nombre, mi piel se erizó. Mi garganta se cerró.
Como si una parte de mí supiera que detrás de ese nombre había... dolor.
Mamá no entendía. Quiso insistir. Yo grité.
-¡No quiero verlo! ¡No quiero! ¡No sé quién es! ¡Me da miedo!
Se hizo un silencio pesado. Ella se alejó un paso.
Me encogí en la cama, temblando. Me cubrí el rostro.
Mi corazón gritaba algo que mi mente no quería recordar.
Y supe que, aunque estuviera despierta...
seguía atrapada.
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El Peso De Mi Obsesión
General FictionDesesperada, me escondo en uno de los cuartos de la casa. Trato de poner el seguro, pero mis manos tiemblan tanto que no puedo. Como una bestia, Carlos irrumpe en la habitación, pateando la puerta. Sus ojos, normalmente cálidos y azules, están cegad...
