Narrado por Bella
El invierno no me molestaba tanto cuando tenía a mi mamá y mi abuela conmigo. Hoy era domingo, nuestro día especial. Desde que comencé a trabajar, me aseguré de que al menos una vez por semana saliéramos a disfrutar juntas.
Me puse mi tapado negro largo, una bufanda beige, unos jeans ajustados y botas térmicas. Un poco de maquillaje ligero: solo base, rubor y máscara de pestañas. Hoy me sentía bien conmigo misma.
-¿Lista, mi amor? -preguntó mamá, con una sonrisa mientras se ponía su abrigo.
-Sí, sí -respondí, ajustándome el cabello en una coleta baja.
Salimos a un restaurante bonito, nada de lujos, pero sí un lugar cálido y acogedor. Pedimos milanesas napolitanas con papas fritas y una botella de gaseosa grande. Mientras esperábamos la comida, mi abuela miró mis manos con curiosidad.
-Te compraste crema, ¿no? -preguntó con picardía.
Sonreí, asintiendo. -Sí, y shampoo también. Elvive, el de hidratación profunda.
Mamá sonrió con ternura. -Te ves diferente, hija. Más... feliz.
Mi abuela asintió. -Desde que trabajás, te noto más segura. Hasta brillás más.
No supe qué responder. No me había dado cuenta, pero sí, me sentía otra.
Después de la cena, pasamos por una tienda. Compré un sweater de lana color mostaza para mi mamá, un chaleco de abrigo para mi abuela, y para mí, unos guantes térmicos que me habían encantado.
-Gracias, mi amor -dijo mamá, abrazándome.
-No tenías que gastar en mí, Bella -agregó la abuela, pero con una sonrisa de agradecimiento.
-Sí tenía que hacerlo -respondí con firmeza.
Caminamos un rato más, disfrutando de la noche. De repente, me llegó una sensación extraña, como si alguien me mirara. Me estremecí y saqué el celular de mi bolsillo.
10 llamadas perdidas de Carlos.
Sentí un vuelco en el estómago. ¿Cómo no me di cuenta?
Me alejé un poco de mi mamá y mi abuela para llamarlo. Atendió al instante.
-¿Dónde estás? -preguntó Carlos, con voz baja pero tensa.
-Estoy con mi mamá y mi abuela, salimos a cenar -respondí, tratando de sonar tranquila.
Hubo un silencio. Sabía que estaba molesto, o peor, decepcionado.
-Lo siento, no vi las llamadas -agregué rápido, queriendo calmarlo-. Puse el celular en vibrador sin querer.
-Entiendo. -Su voz sonaba apagada, pero no fría.
Algo en mí se sintió culpable.
-Venite a casa -dije de golpe.
-¿Ahora?
-Sí, mamá y la abuela quieren verte. Hace mucho que no pasás por casa.
Carlos se quedó en silencio, pero luego suspiró.
-Bueno.
Justo cuando iba a cortar, sentí algo raro en la nuca, como si alguien estuviera detrás mío.
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El Peso De Mi Obsesión
Fiksi UmumDesesperada, me escondo en uno de los cuartos de la casa. Trato de poner el seguro, pero mis manos tiemblan tanto que no puedo. Como una bestia, Carlos irrumpe en la habitación, pateando la puerta. Sus ojos, normalmente cálidos y azules, están cegad...
