Narra Carlos.
No podía dejar de pensar en sus palabras. Me quedé en el pasillo, caminando como un idiota, sin saber si volver a entrar o darle espacio. Pero algo dentro mío me decía que no podía alejarme de ella, no ahora.
De repente, escuché un ruido seco proveniente de su habitación. Mi corazón se detuvo. No lo pensé dos veces y abrí la puerta de golpe.
—¡Bella! —grité.
Estaba desplomada sobre la cama, su rostro pálido, casi sin color. El tubo de oxígeno estaba mal colocado, y su pecho subía y bajaba de manera irregular, como si estuviera luchando por cada respiro. Me acerqué a ella rápidamente, pero mis manos temblaban tanto que no podía hacer nada.
—¡Llamen al médico! ¡YA! —grité hacia el pasillo.
Un grupo de médicos y enfermeros entró corriendo, apartándome de su lado.
—Presión arterial en caída, está entrando en shock. Ajusten el oxígeno. Rápido.
Quise acercarme, pero uno de ellos me detuvo.
—Señor, tiene que salir. Déjenos trabajar.
—¡Es mi culpa! ¡Déjenme quedarme con ella! —grité, pero me empujaron hacia atrás.
Desde la puerta vi cómo movían sus manos con rapidez, conectándola a más máquinas, ajustando el tubo, presionando en su pecho. Su cuerpo temblaba ligeramente, pero se veía tan débil, tan frágil.
—¿Qué le pasa? ¡¿Qué mierda le pasa?! —grité, pero nadie me contestó.
Entonces escuché algo que me partió al medio.
—Está entrando en paro. Necesitamos estabilizarla, ahora.
Todo mi mundo se vino abajo. Mis piernas temblaron, y me apoyé contra la pared para no caer. Mis ojos ardían, pero no podía ni parpadear. Verla así... tan cerca de perderla... me estaba destrozando.
Sentí un peso en mis brazos. Benjamín. Estaba llorando, su carita hundida en mi pecho mientras murmuraba entre lágrimas:
—¿Va a estar bien, Carlos? ¿Bella va a estar bien?
No supe qué decirle. Porque yo tampoco lo sabía. Porque yo también sentía que todo se estaba derrumbando.
—Sí, campeón. Ella es fuerte... va a estar bien. —Mentí, porque era lo único que podía hacer.
Cuando los médicos salieron, uno de ellos tenía la cara pálida, evitándome la mirada.
—Hicimos lo que pudimos. Está estabilizada, pero la situación es crítica. Va a ser llevada a cuidados intensivos.
No pude contenerme. Agarré al médico de la bata y lo empujé contra la pared.
—¡¿Cómo carajo pasó esto?! ¡Ella estaba bien! ¡Vos hiciste algo mal, hijo de puta!
—¡Carlos, pará! —gritó alguien, pero no podía escuchar. La ira, el miedo y el dolor me consumían.
Sentí una aguja en mi brazo antes de que todo se volviera borroso. La sedación me venció, pero lo último que vi fue a Bella siendo llevada en una camilla, con tubos por todos lados. Mi Bella, mi luz, alejada de mí una vez más.
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El aire estaba lleno del aroma de flores silvestres. A lo lejos, podía verla, con su vestido blanco ondeando al viento, descalza, caminando entre los pétalos. Bella. Su risa resonaba como un eco que me hacía olvidar todo lo malo. No sabía cómo había llegado ahí, pero no importaba. Ella estaba ahí.
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El Peso De Mi Obsesión
General FictionDesesperada, me escondo en uno de los cuartos de la casa. Trato de poner el seguro, pero mis manos tiemblan tanto que no puedo. Como una bestia, Carlos irrumpe en la habitación, pateando la puerta. Sus ojos, normalmente cálidos y azules, están cegad...
