Capitulo 38

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Narra Carlos

La puerta se cerró con un clic suave.

La mamá de Bella salió primero, arrastrando el cansancio como un abrigo pesado. La abuela la siguió, despacio, mirándome de reojo como si quisiera decir algo... como si algo dentro de ella todavía luchara por no creerme del todo.

Pero no dijo nada.

No se atrevió.

Y cuando el pasillo se tragó sus pasos, la habitación quedó en silencio.

Solo el pitido lento del monitor.

Solo el aire frío del hospital.

Solo Bella... respirando.

Y yo.

Me quedé quieto unos segundos, como si mi cuerpo estuviera esperando una señal para poder existir de verdad.
Porque mientras ellas estaban acá, yo era "Carlos".

El hombre bueno.

El hombre correcto.

El hombre que paga, que cuida, que se preocupa.

Pero ahora...

Ahora podía ser yo.

Y eso... eso era lo más peligroso.

Me acerqué a la cama con una calma demasiado controlada. Me senté otra vez en el borde Como una sombra que decide quedarse.

Bella abrió los ojos apenas. Su mirada me encontró y, como siempre, se suavizó.

No porque entendiera.

Sino porque confiaba.

Esa confianza me dio ganas de reír.

Y también me dio ganas de romper algo.

-¿Estás cansada? -pregunté.

Mi voz sonó dulce. Perfecta.

Casi tierna.

Pero mi mente no estaba siendo tierna.

Mi mente estaba... hambrienta.

Bella asintió un poco. Sus pestañas temblaron.

-Me duele un poco la cabeza... -susurró.

-Lo sé -dije, y acaricié su frente con dos dedos-. Pero ya pasó lo peor.

Mentí.

Lo peor no había pasado.

Lo peor estaba acá.

Sentado al lado de su cama.

Mirándola como si fuera una última oportunidad.

Ella me miró como si yo fuera algo hermoso.

"Si supieras quién soy... gritarías."

Pero no gritaba.

Porque no podía.

Porque estaba débil.

Porque estaba rota.

Porque no recordaba.

Y esa parte... esa parte me dejó un sabor dulce en la lengua.

Me odié por sentirlo.

No duró mucho.

Porque el odio... no es suficiente para frenar lo que uno es.

Me incliné un poco hacia ella. Mi mano bajó despacio, apenas, hasta rozarle los dedos.

La piel de Bella era tibia.

Viva.

Demasiado viva como para que yo pudiera soportar la idea de perderla.

El Peso De Mi ObsesiónHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora