⚠️ ADVERTENCIA ESTE CAPITULO CONTIENE CONTENIDO PARA MAYORES DE 18 AÑOS, LEER BAJO SU PROPIO RIESGO.⚠️🧨
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Pov Cami
-Jueves a la mañana-
Desperté con la cara enterrada en su pecho, su brazo pesado cruzándome la cintura. Olía a jabón y transpiración seca, a noche compartida y deseo satisfecho. Me quedé ahí unos segundos, escuchando su respiración lenta, tratando de convencerme de que podía relajarme, que estábamos formando un vínculo que iba más allá del sexo.
Me vestí en silencio para ir a la cocina por agua. Bajé con el buzo de él, uno gris con el cuello un poco gastado. Estaba arrancando el día de la mejor manera, hasta que la vi, Delfina, sentada en la isla del comedor.
Estaba tomando café como si fuera su casa, riéndose con dos chicas más, las modelos que Martina había dicho que iban a venir para una producción. Llevaban tops diminutos, panza chata, piernas interminables. Me sentí de repente gigante, como si el buzo me envolviera en una burbuja torpe. Me crucé los brazos, quise desaparecer.
—Buen día —dijo Delfina, con una sonrisa afilada, parecía como si fuera la dueña de la casa, y yo la amante que se arrastró desde la cama de su marido—. ¿Dormiste bien?
—Sí, gracias —respondí seca, mirándola desconcertada. ¿Era necesario ese tono?
—Qué suerte. A veces los colchones ajenos son traicioneros —agregó, clavándome los ojos. Las otras chicas se rieron, sin entender mucho, pero ella sí sabía lo que hacía.
Gian apareció solo unos segundos después, despeinado y con cara de sueño. Cuando me vio, sonrió y camino hacia mí, como si no estuviera la cocina llena de gente. Se acercó y me pasó un brazo por los hombros, como si nada, como si no estuviera Delfina mirándonos con esa expresión de “yo ya estuve ahí”.
—Buen día —me dijo bajito, y me besó el cachete. No pude evitar tensarme, me sentía expuesta, comparada e invisible.
Martina entró a la cocina justo antes de que pudiera decirme algo más. Se frenó en seco cuando vio la escena, sus ojos fueron de mí a Delfina, y su mandíbula se endureció.
—¿Ya llegaron todas? —preguntó, seca—. Porque si no, cortamos el desayuno y empezamos. No estamos para perder tiempo.
Delfina giró los ojos y tomó un último sorbo de café. Martina me guiñó un ojo cuando la otra no miraba. Como diciéndome: la vi, no estás loca. Y aunque no se dijo nada más, sentí que no estaba tan sola en esto.
Sentía celos, no por lo que había pasado entre Gian y Delfina, eso ya lo sabía. Era por lo que no sabía, por todo lo que no se decían. Por las noches que terminaban sin “nos vemos mañana”, y las mañanas que llegaban sin un mensaje. Quería algo. Pero no quería pedirlo primero. No quería parecer más vulnerable de lo que ya se sentía.
Durante el stream se obligó a sonreír, a reírse, a seguir el juego. Gian era siempre igual: tranquilo, confiado, dueño del aire que respiraba. Pero ella lo conocía más de lo que él pensaba. Notaba cada vez que la miraba de reojo. Cómo se tensaban sus manos cuando ella se cruzaba de piernas. Cómo le dolía no poder tocarla cuando había gente.
Cuando él le ofreció salir en moto, lo dudó. Sabía lo que podía pasar si se quedaban solos. Sabía lo que quería que pasara.
—Dale —le dijo. Y por dentro, le temblaban las piernas.
—¿Querés venir a dar una vuelta? —me preguntó, con las llaves en la mano y una media sonrisa que no llegaba a sus ojos.
Lo dudé otro poco más, seguía un poco dolida por la mañana, por el gesto indiferente frente a Delfina. Por esa sensación de ser la sombra de algo que ya existía antes que yo.
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Toro
FanfictionCapitulos Cortos con o sin continuidad. Universo Giamila Punto de vista del toro.
