Me desperté con el sol atravesando las cortinas como si quisiera arrancarme los párpados. Tarde. Muy tarde. El grupo de WhatsApp estallaba desde hacía rato y el nombre de Gian aparecía por todos lados.
Tardé tres segundos en caer, me había perdido el stream.
Estaba invitado en Sería Increíble, ayer jugo su partido de Pádel con Nati J y aviso que lo habían invitado a ir hoy. Tenía la intención de verlo en vivo, pero me quede dormida. Lo lamente aún más cuando empecé a ver los mensajes, y cuando abrí Twitter —maldita la hora— y me encontré con la catarata de clips, edits y hashtags con su nombre junto a otro.
#Gianati.
Gian y Nati J.
El ship había nacido con una fuerza absurda. Como si el universo necesitara empujarme en la cara que él sí podía jugar a ese jueguito con cualquiera activamente, a esa ficción compartida, a ese coqueteo televisado. Y lo que me desarmó no fue la edición mal cortada ni los comentarios delirantes. Fue él, su sonrisa cuando ella lo tocó en el brazo. Esa forma en la que no desmintió nada.
Primero me enojé, mucho. Caminé por todo el departamento diciendo "Qué carajo le pasa", sin destinatario. Me dolía el pecho de una forma estúpida, porque después me cayó encima la otra parte: la parte que me recordaba que Gian no era mi novio, ni mi ex, ni nada.
El finde pasado vino a verme al teatro, me espero para darme el abrazo más dulce de todos. Y después, me mandó ese mensaje que releí cinco veces:
"Estás hermosa arriba del escenario, y abajo también. Sin duda la persona más talentosa que conozco"
Yo me dejé llevar, quise creer que no estábamos jugando a nada. Que no éramos solo amigos que se cruzan en vivo dos veces por semana. Y ahora, otra vez, me sentía una pelotuda.
Esa noche, Guada me mandó un mensaje corto:
"Vení a cenar. Te espero. No acepto un no como respuesta."
Obvio que fui, porque me conoce y porque en su nuevo departamento siempre hay olor a albahaca y vino blanco. Además ella siempre sabe cuándo necesito que no me deje pensar.
Estábamos cortando verduras en silencio cuando sonó el timbre. No pregunté, pero en cuanto escuché la voz supe quién era.
Nara, el hermano futbolista de Guada, el que arrastraba un fandom adolescente y un intento fallido de ship conmigo que nunca prendió del todo. Entró con su mochila y una cerveza, como si no se hubiera invitado solo.
—¿Cocinan sin mí? Qué traición.
—No sabes ni picar una cebolla —le contesté, sin mirarlo.
Entre risas cocinamos, cenamos y por un rato largo, me olvidé de Gian, de los hashtags y de todo lo que me dolía. Naza me pidió una foto para “actualizar el cuentito”, pero esta vez fue él quien la subió a sus mejores amigos. No me negué, estaba demasiado en otra y parecía hasta un poco divertido. Además era algo para joder en mejores amigos, no iba a revolucionar a nadie.
Miramos una peli. En algún momento, sin darme cuenta, me acurruqué con Guada en el sillón. Ambas inmersas en ese drama romántico, tristes por amores no correspondidos. Naza sacó una foto y la subió también. "Con mis chicas", puso. Todo con esa joda inocente suya.
Esa noche me fui a casa tranquila, como si el mundo no estuviera por explotar.
Mini Pov Gian
El cuerpo todavía me ardía del partido de pádel. No el ardor malo, el otro. El que te deja el pecho lleno, la risa fácil y la sensación de que hiciste todo bien.
El programa también había salido redondo. Segunda vez en Sería Increíble y ya no era “el nuevo de TDT”, ni “él es Nico o Gian?”. Me habían dado mi espacio, la columna funcionó. El torneo de pádel fue tema. El cierre con el chiste del ship con Nati también. Todos se rieron. Yo me reí. Nada fuera de lo común.
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Toro
FanfictionCapitulos Cortos con o sin continuidad. Universo Giamila Punto de vista del toro.
