-⚠️ADVERTENCIA CAPITULO CON ESCENAS+18, LEERLO BAJO SU PROPIO RIESGO ⚠️ 🧨 -
Programa en vivo, segmento de juegos- Pov Cami-
—¡Y tiempo! —gritó Nicolás, levantando las manos mientras la cuenta regresiva en pantalla llegaba a cero.
Martina se reía sin parar al ver el desastre de plastilina que Gianfranco había presentado: un supuesto patito que parecía más una papa mutante con patas.
—¡Eso no es un patito, eso es un trauma de infancia! —me burle entre risas, mientras sostenía mi propio muñeco: un patito que asemejaba bastante más al de la imagen original, pero todavía no estaba logrado del todo.
—Se llama “Rodolfo el resiliente”, por favor respeten su historia —dijo Gian, dramático, ganándose la carcajada de todos en el estudio.
Después de que el público votara por redes, el veredicto fue claro: Gian ganaba por apenas unos puntos, una pelea muy reñida entre los Giamila.
Hice un puchero teatral, cruzándome de brazos. Lo bueno es que pelear la final con él, es mucho menos estresante que un enfrentamiento con Nicolás.
—No puedo creer que perdí contra esa cosa amorfa. -Gian agarro el teléfono después de festejar su triunfo, y envío un mensaje antes de retomar lo que quedaba del vivo, fingiendo que no pasaba nada.
Gian Ignacio: ¿Querés la revancha? - No esperaba su mensaje, suele ser más dulce conmigo, Nico es el que siempre busca hacerme enojar.
—¿Cuándo y dónde? - No pensaba dejarlo pasar, además de la necesidad de ser tan competitiva, me gustaba jugar ese tira y afloja con él.
Gian Ignacio: Hoy, en mi casa, pero con pinturas. Vos y yo, un lienzo cada uno. Que gane el más creativo.
Martina empezó a saludar al chat, y a anunciar novedades para la semana que viene, mientras Nicolás cerraba con su saludo habitual.
—Acepto. Pero prepárate para perder esta vez. -Le lance una mirada desafiante, que me devolvió con esas sonrisas tan suyas.
-Más tarde, en casa de Gian-
Los dos estábamos en el living, en ropa cómoda. Me había prestado una remera vieja y un short, Gian estaba en musculosa y joggers. Frente a nosotros, dos caballetes y un arsenal de pinturas.
—¿Listo? —pregunte, sujetando un pincel como si fuera un sable.
—Listo, pero yo juego sucio.
—¿Ah sí?
A los pocos minutos, entre manchas, risas y música de fondo, el juego fue escalando. Gian le pasó el dedo por la mejilla, dejando una línea verde.
—¡Eh! —proteste, y le estampe la mano llena de azul en el pecho.
—Ahora sí se pudrió todo —río él, y de pronto estábamos los dos pintándonos mutuamente con las manos, sin preocuparnos por los cuadros.
Cuando Gian le agarró la muñeca para que no lo manchara más, sus ojos se encontraron. Las risas se fueron apagando, el contacto se volvió más lento, más cargado. Baje la vista a su boca, él se inclinó apenas...
—¿Seguimos con la competencia… o cambiamos de arte?
—Eso fue muy cursi —le dije en un intento más de provocación que de molestia, pero no se alejó.
—¿Y funcionó?
—Tal vez. - Le respondí con una sonrisa cómplice.
Y ahí se borraron los límites del juego. El living quedó como un campo de batalla lleno de pintura, pero los dos nos olvidamos por completo de eso mientras nuestros cuerpos se encontraban, deslizándose entre colores, calor y deseo.
Mis dedos estaban manchados de rojo y violeta, pero a Gian eso no le importaba cuando ella le apoyó la mano en el pecho. Su piel caliente bajo la musculosa tembló al contacto.
—Tenés pintura por todos lados —murmure, con la voz un poco más baja.
—Y vos también. Pero estás hermosa así —me respondió él, rozando mi mejilla con el dorso de la mano, dejando una nueva mancha celeste.
Le sostuve la mirada, sin moverme. Sabía lo que venía, lo estaba buscando.
Gian no dudó más. Se inclinó y me besó, al principio lento, saboreando mi boca con esa mezcla de deseo contenido y necesidad urgente que venía creciendo desde hacía semanas.
Me pegue más a él, entre manchas de pintura, camisetas arrugadas, risas entrecortadas que se iban perdiendo a medida que el calor subía. Le mordí el labio inferior apenas, una provocación, una invitación.
—Ahora sí te voy ganando —le susurre, bajando la mano por su abdomen, dejando una línea azul a su paso.
—¿Segura? —me contestó él, y de un movimiento me alzó de la cintura y me sentó sobre la mesa baja, entre frascos de acrílico y pinceles. Me reí con un jadeo cuando los frascos tintinearon debajo de sus muslos, pero ya estaba rodeando con las piernas la cintura de Gian.
Las manos de él se colaron bajo mi remera, deslizándose por su espalda, sintiendo el contraste entre su piel y la pintura fría que se había transferido de su cuerpo al de ella. La remera se fue al piso, y no quería quedarme atrás: tironee de la musculosa de él hasta quitársela, no quería nada que molestará entre nosotros.
Nuestras bocas se buscaron de nuevo, más ansiosas ahora. Gian me bajó de la mesa sin dejar de besarme y me llevó de espaldas hasta la pared, donde uno de los cuadros quedó a medio terminar, olvidado. Choque suave contra el revoque mientras él me sujetaba por los muslos, elevándome, haciéndome reír y gemir al mismo tiempo.
—Vamos a arruinar toda la casa —dije jadeando, cuando mi espalda manchó la pared de colores.
—Que se joda la decoración —murmuró él, bajando los labios por su cuello, lamiendo una línea roja que no sabía si era pintura o deseo condensado en su piel.
Arquee el cuerpo contra él, deshaciéndome del short con ayuda de Gian, que ya no se molestaba en contenerse. La pared quedó como una obra abstracta con sus siluetas marcadas, y los movimientos de sus cuerpos, guiados por la confianza, el fuego y esa electricidad que nunca se apagaba entre ellos, siguieron pintando con gemidos, manos desesperadas y besos manchados.
Cuando terminaron, jadeando en el piso entre los trapos y los tubos de color, Gian la miró con una sonrisa torcida.
—¿Seguimos contando esto como competencia?
Lo miré, desnuda, cubierta de manchas como una obra viviente. Le di un beso lento en la mandíbula y murmuré:
—Creo que fue un empate técnico... pero exijo otra revancha.
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Gian Pov
La ducha chispeaba contra los azulejos mientras el vapor comenzaba a llenar el baño. Camila se apoyó contra la pared de cerámica fría, con los ojos cerrados y la respiración aún desordenada. El agua caliente caía sobre su piel manchada de pintura, arrastrando los últimos restos de color como si intentara borrar las huellas de la locura que acababan de desatar en el living.
Entré detrás de ella sin decir palabra, apenas tocándola con las manos húmedas mientras el agua los envolvía. Sus cuerpos desnudos se rozaban con suavidad, como si ahora el fuego se hubiera transformado en algo más lento, más íntimo.
Le acaricié el cuello con la yema de los dedos, quitando con cuidado una mancha de azul que seguía detrás de su oreja. Luego besé el mismo lugar, lento, con devoción.
—Tenías un Picasso atrás de la oreja —murmure, mirándola completamente embobado.
Camila soltó una risa ronca, todavía con la voz tomada por lo que acababan de compartir. Se giró para enfrentarme y apoyó las manos en mi pecho, sintiendo cómo le latía el corazón bajo la piel mojada.
—No me imaginé que la revancha iba a terminar así.
—¿Así cómo?
—Con vos susurrando mi nombre, mientras convertimos tu living en una galería porno de arte contemporáneo. - sonreí con esa sonrisa de medio lado, la que sé qué siempre le aflojaba las piernas.
—Todavía no terminamos.
La tenía contra la cerámica, una mano firme en su cintura, la otra acariciando el costado de su pecho, subiendo apenas hasta rozar su pezón con el pulgar. Ella soltó un gemido bajo, arqueando el cuerpo hacia mí, entregándose al contacto.
—Estás temblando —murmuré contra su oreja, y le mordí el lóbulo antes de bajar por su clavícula.
—Me tenés así —me respondió con la voz ronca, mientras me buscaba con una pierna, rodeándome.
No dije nada, me agaché sin dejar de mirarla, bajando lentamente mientras mis labios recorrían el centro de su abdomen mojado. Cuando me arrodille frente a ella, Camila apoyó una mano en la pared y la otra en mi cabello empapado.
Le abrí las piernas con cuidado, acariciando con los dedos su interior ya húmedo, no solo por el agua. Roce su clítoris con la lengua, despacio, saboreándola como si tuviera todo el tiempo del mundo. Ella cerró los ojos con fuerza, soltando un jadeo quebrado.
—La puta madre... —susurró, apretando los muslos contra mi cara.
La sujeté firmemente, manteniéndola abierta, y empecé a jugar con mi lengua, trazando círculos, subiendo la intensidad. Alternaba entre lamidas profundas y pequeños toques rápidos que la hacían estremecer.
—Así... seguí así... —gimió Camila, hundiendo los dedos en su cabello.
Cuando empezó a temblar de verdad, la sostuve fuerte hasta que la sentí venirse con un gemido ahogado, la espalda curvada contra los azulejos, el cuerpo entregado al placer.
Se incorporó con una sonrisa satisfecha, y antes de que ella pudiera decir algo, la levante de un tirón, haciendo que me envolviera con las piernas. La apoye otra vez contra la pared y la penetre de una sola embestida, profunda, haciéndola gritar.
—Gian...
—Decime que te gusta —susurre, mordiéndole el cuello mientras me movía dentro suyo.
—Me encanta, por favor no pares.
Los movimientos eran rítmicos, intensos, el sonido de nuestros cuerpos chocando, se mezclaba con el agua y los gemidos. La tome por la cadera, empujando con fuerza, sintiendo cómo ella lo apretaba con cada estocada.
El orgasmo nos alcanzó al mismo tiempo, salvaje, brutal. Camila tembló en mis brazos mientras acababa adentro de ella, jadeando contra su cuello.
Se quedaron así un rato, aún entrelazados, con el agua cayendo sobre sus cuerpos exhaustos.
Después, cuando la respiración volvió a calmarse, le acaricie la mejilla, todavía con los ojos cerrados.
—Sigo prefiriendo esta revancha. - Camila sonrió y apoyó la frente en su pecho.
—Prepárate. Esto recién empieza.
La lluvia de la ducha había cesado hacía rato, pero el calor seguía envolviéndolos mientras se secaban entre risas suaves y roces distraídos. Camila caminaba por el departamento con una toalla envuelta en el cuerpo y otra en el pelo, dejando huellas mojadas por el pasillo. La seguí, con un bóxer puesto sin molestarme en buscar más ropa.
—¿Me vas a retar por mojar todo? —preguntó ella, girando apenas la cabeza con una sonrisita culpable.
—Después de cogerte contra la pared no creo que tenga mucha autoridad moral —le respondí, dejándole un beso en el hombro antes de ir a buscar algo de tomar.
La noche ya estaba avanzada. En la cocina, saque dos vasos y serví agua fría mientras Camila se sentaba en el sillón, envuelta en su toalla como si fuera una diosa recién salida del mar. Me acerque y se los pase, pero no me senté derecho, me tire de costado, con la cabeza en su regazo, mirándola desde abajo.
Ella me acarició el pelo mojado con los dedos, lenta, como si necesitara tocarlo para confirmar que todo eso era real.
—No pensé que esta noche iba a terminar así —dijo ella, en voz baja.
—¿Así cómo?
—Con vos medio en bolas acostado en mi regazo, después de la mejor ducha de mi vida.
—¿La mejor?
—La más intensa, seguro.
Sonreí y cerré los ojos un momento. El silencio entre nosotros no era incómodo, al contrario, se sentía lleno, cómodo, cálido.
Camila dejó el vaso en la mesa y me miró.
—¿Me puedo quedar a dormir? - La mire como si fuera una pregunta absurda.
—Obvio, quédate siempre que quieras. - Ella bajó la vista, un poco más vulnerable que de costumbre.
—¿No es raro? Lo nuestro, digo. Pasamos de ser amigos incomodos en vivo, histeriquearnos fura de cámara, a esto.
Me incorpore un poco para quedar frente a ella. Le tome la cara con una mano y le acaricie la mandíbula con el pulgar.
—No me parece raro, me parece inevitable. - Camila tragó saliva, parecía entre feliz y confundida.
—¿Y mañana qué? ¿Hacemos como si nada?
—Podemos hacer lo que vos quieras. Pero si me das a elegir, no quiero esconderme. Me gustás, Cami. Me gustás con pintura encima, con cara de orgasmo, y con esta cara que estás poniendo ahora.
—¿Qué cara?
—La de alguien que no sabe si creerme o salir corriendo. - Ella sonrió. Me besó suave, con los labios húmedos. —Quédate esta noche conmigo, pero no solo para coger.
—¿Y si te abrazo fuerte y no te suelto?
—Es justo lo que esperaba.
Fuimos a la cama ya sin toallas, piel con piel bajo las sábanas limpias. No hubo más sexo esa noche, solo caricias lentas, besos en la espalda, dedos entrelazados y piernas enredadas. Me dormí con la nariz hundida en el cuello de Camila, y ella me abrazó como si hacía tiempo no dejara entrar a nadie tan cerca.
Y dormidos, los dos soñaron con lo mismo: que eso apenas estaba empezando.
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Buenas madrugadas Toritas 🐂!
Cómo están?
Dejo un capítulo hot que surgió de inspiración por la competencia con plastilina del otro día jajaja, espero que les guste.
Por cierto, me están leyendo en Eco? Es una novela Giamila un poco distinta a lo que vengo haciendo, más tipo ellos en un universo alterno. Con vidas un poco diferentes, pero encontrándose igual. Espero que pasen a leer y dejar su opinión ❤️
También dejen comentarios y votos por acá, se que es más furor los AU en Twitter, pero no se olviden de las que estamos acá, que bancamos el barco desde hace muchooo, no nos abandonen 💔
Bueno, las amo! voy a tratar de actualizar aunque sea algo corto acá, antes del próximo de Eco el martes, pero no prometo mucho 👀
Nos vemos en la próxima actualización ❤️
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Toro
FanfictionCapitulos Cortos con o sin continuidad. Universo Giamila Punto de vista del toro.
