-⚠️ ADVERTENCIA ESTE CAPITULO TIENE CONTENIDO PARA MAYORES DE 18 AÑOS, LEER BAJO SU PROPIO RIESGO ⚠️ 🧨 -
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La música subía y bajaba como una ola descontrolada que no sabía si quería romper o acariciar la orilla. Yo estaba pegada a la isla de la cocina, con un vaso de fernet en la mano y los pies adoloridos de tantas horas de transmisión del finde y de los borcegos nuevos que había decidido estrenar. Recién era lunes, pero decidimos tener una cena privada con todo el equipo para festejar las 24 hs y discutir el anuncio que teníamos pensado para el miércoles.
Lo veía a él, al otro lado del living. Gian Odoguardi, con su sonrisa torcida, su remera negra ajustada que le marcaba los hombros, ese vaso de whisky en la mano y la risa que siempre parecía saber más que los demás. Rodeado de gente, como siempre. De mujeres lindas, como siempre y de momentos hechos para él.
Yo… yo era Camila Jara. La amiga simpática. La que hace reír, la que acompaña, la que te da consejos sobre tu ex pero nunca es la ex de nadie. Me acostumbré a ser el comentario gracioso, la confidente, la que escucha canciones escritas para otras.
—¡Camí! —gritó Guada desde el sillón—. ¡Venite, dale! Acá Vito está diciendo que vos y Gian mínimo culearon y no quieren blanquear.
Solté una carcajada. Una de esas grandes, con garganta y todo. Me acerqué, apenas tambaleando por el tercer vaso. Gian me miraba desde el sillón, con una ceja levantada. Ese gesto suyo que siempre me pareció un poco burlón y otro poco... lindo.
—¿Nosotros? —repetí, y me reí de nuevo, fuerte—. ¿Vos viste lo que es él? Y ahora mírenme bien a mí. ¿Dónde encajaríamos? ¡Claramente no pasó nada!
Hubo risas, algunas más incómodas que otras. Martina chasqueó la lengua y se hundió un poco más en el puff. Nico me miró con un gesto raro, como si no supiera si reír o decir algo.
Gian no dijo nada, pero su sonrisa se desvaneció. Como si le hubiera tirado un balde de agua fría encima. Me sostuvo la mirada un segundo más de lo normal y se levantó sin decir palabra. Caminó hacia el patio, como si necesitara aire. O distancia.
No le di importancia en el momento. O no quise dársela. No era la primera vez que alguien desactivaba un ship con una dosis de realidad. Y la realidad era esa: él era Gian. Yo era… yo.
Caminé hacia la cocina y serví más hielo. Cuando volví al living, ya no estaba. Me distraje hablando con Vito y riéndome con Guada, pero algo me picaba en el fondo de la garganta. Algo que no era alcohol. Era más bien una incomodidad, como si hubiese metido la pata.
Cerca de las doce, ya todos estaban dispersos por la casa lujosa que Chivin —la madre de Martina— había prestado para festejar. Un hito, lo habíamos logrado y yo debería estar feliz.
De repente sentí que alguien me tomaba de la muñeca.
—Vení un segundo —dijo Gian, con la voz ronca. Me sostuvo firme pero sin apretar. Miré alrededor. Nadie parecía prestarnos atención.
Sus dedos me rodearon la muñeca y tiraron de mí con firmeza hacia una de las habitaciones del fondo, sin decir nada. La casa de Chivin era enorme, con pasillos silenciosos y puertas cerradas, lejos del bullicio del living donde seguían tomando y gritando los demás. Cuando cerró la puerta detrás de nosotros, supe que había cruzado una línea.
—¿Vos te pensás que sos la única que siente cosas? —me dijo, la voz cargada de algo que no era enojo, era otra cosa. Calor contenido, dolor quizás—. ¿De verdad creés que para mí es una joda? ¿Qué me da igual que digas esas cosas delante de todos?
Me quedé sin aire, sentí que el corazón me golpeaba en la garganta.
—Gian, no fue para… no quería herirte.
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Toro
FanfictionCapitulos Cortos con o sin continuidad. Universo Giamila Punto de vista del toro.
