Sudor

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-⚠️ ADVERTENCIA ESTE CAPITULO TIENE CONTENIDO PARA MAYORES DE 18 AÑOS, LEER BAJO SU PROPIO RIESGO ⚠️ 🧨 -
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Pov Gian

La idea surgió porque fue un plan B que armamos con Guada por si la transmisión del 24 quedaba con menos contenido, pero obviamente no fue necesario. Todo salió como se pensó desde el inicio, por lo tanto, los trajes quedaron guardados en el estudio a la espera de ser utilizados. Y pensé que sería una buena idea darles un uso, hacia frio y parecía un planazo.

Lunes, primer programa después del extensivo de 24 hs del fin de semana, y cuando llegamos a la primera de las dos horas de transmisión, alguien puso “Celebration” de fondo y el estudio estalló en pogo. Y ahí aparecí yo, dentro de un disfraz similar al Oso Toso. Casi todos lo sabían, menos tres personas, Nico, Martina y Camila.

La mejor parte fue ver a Camila empujarme sin saber que era yo. Me tiró un par de golpes cuando Marti y Nico empezaron con los bifes, y me gritó que era un “osito drogón”. Me cagué de risa desde adentro del traje mientras intentaba no desmayarme. La térmica que tenía abajo ya estaba completamente mojada, el traje no dejaba pasar ni un poco de aire y en el estudio hacía calor.

Después de cinco minutos bailando como un demente, me saqué la cabeza del disfraz.

Su cara valió todo.

—¡Sos un idiota, Odoguardi! —me gritó entre risas, sin poder creerlo.

Nos reímos todos de lo bizarro de la situación, sumado a que también tenía preparado un traje de arbusto para Nicolás, y era tan divertido como imagine vernos a ambos así. Después el programa siguió, con clips del finde, anécdotas del detrás de escena y Camila enseñándonos una coreo viral para TikTok. Nos prendimos con Nico, todos transpirados y muertos de sueño, pero el ritmo no bajaba.

Hasta que se apagó la cámara y aproveché, me escabullí al baño. Necesitaba aire, hielo o morirme un rato.

Me metí en el cubículo más grande, me saqué la remera común que tenía arriba y quedé solo con la térmica negra mojada. Tenía el pelo chorreando, el pecho pegajoso, y una sensación de fiebre recorriéndome el cuerpo.

Me apoyé en el lavamanos, tratando de bajar un cambio. Me pasé las manos por el cuello. Quería secarme un poco antes de irme. Entonces, escuché la puerta abrirse, y ahí entró ella, Camila.

Con el pelo suelto, casi salvaje, los hombros descubiertos con su buzo negro que tan bien contrarresta con el color de su piel. Su expresión no era la de joda de siempre cuando me molesta, era otra cosa. Algo cargado, que me encendió más que cualquier cosa.

—Tenés la cara chorreando —dijo con una media sonrisa—. Nunca te vi así, tan…

—¿Empapado?

—Transpirado.

Se acercó un poco más. Su dulce aroma se mezclaba con mi olor, una mezcla de perfume y sudor. La remera térmica me marcaba el pecho, los brazos. Todo estaba húmedo.

—Cuando te la sacaste la cabeza del oso… te juro que no pude dejar de mirarte —dijo, acercándose—. Tenías la cara tan transpirada, como si recién vinieras de hacer ejercicio o de hacer algo más, no sé, me calentó.

Me quedé congelado, no esperaba eso.

—¿Ah, sí? —intenté bromear, para descomprimir.

—Sí —afirmó, bajando la voz—. Bastante.

Dio un paso más. Cerró la puerta con llave sin dejar de mirarme.

—¿Querés que te limpie el sudor? —preguntó—. Debe picarte todo por usar ese traje tan caluroso. Si después de golpearte tanto, mínimo no te diera una mano con algo así, sería una muy mala compañera.

ToroDonde viven las historias. Descúbrelo ahora