⚠️ ADVERTENCIA ESTE CAPITULO CONTIENE CONTENIDO PARA MAYORES DE 18 AÑOS LEER BAJO SU PROPIO RIESGO ⚠️ 🧨
---------------------------------------------------------------------
El living de Nicolás todavía olía a pintura fresca. Las cajas estaban apiladas en un rincón y la nueva mesa, esa que Gian había revisado con una ceja levantada, ocupaba el centro como si no supiera cuánto duraría ahí.
—Esto es melamina, Nico. Te va a durar lo que un verano en TikTok —dijo Gian, dándole un golpecito con los nudillos.
Camila se rió desde el sillón. Estaba tirada ahí, con las piernas cruzadas, una remera vieja de TDT y el pelo atado en un rodete flojo.
—Ay, sos un cheto insufrible —dijo, alzando una ceja—. ¿Qué te molesta, que no tenga roble canadiense certificado?
Gian se giró con una sonrisa lenta, de esas que ya venían con intenciones. Camila lo conocía lo suficiente para saber que estaba tramando algo.
—No es de cheto. Es de saber lo que vale la pena. La madera maciza no se astilla, no cruje, aguanta.
Ella soltó una carcajada y se puso de pie, caminando despacio hacia él. Se detuvo justo frente a la mesa.
—¿Ah sí? ¿Y cuál sería tu método para demostrarlo?
La mirada de Gian bajó apenas, repasando sus piernas, su postura, ese tono de desafío que a veces era más fuerte que cualquier beso.
—Uno práctico.
Ella no se movió cuando él acortó la distancia. La tensión se volvió pesada, densa, llena de lo no dicho. Estaban solos, Nicolás había salido a buscar café y el resto del equipo no llegaba hasta la tarde. Camila apoyó las manos en la mesa nueva, mirando a Gian por encima del hombro.
—¿Creés que esta se rompe si me sentás arriba? - La sonrisa de él se volvió oscura, lenta. La respuesta no vino con palabras.
En un segundo, sus manos la tomaron por la cintura y la alzaron con una facilidad que a ella siempre la sorprendía. La sentó sobre el borde de la mesa como si no pesara nada. Sus muslos se abrieron apenas, como una invitación tácita.
—Esta no, pero la de mi casa… —susurró contra su cuello— esa aguanta todo, deberías venir a probarla.
Camila jadeó apenas cuando sus labios bajaron por su clavícula. Su cuerpo ya lo conocía, ya respondía antes que su cabeza. Las manos de Gian bajaron por sus piernas, lento, disfrutando.
—¿Querés que te convenza del todo? —preguntó él, su voz baja, con ese tono grave que usaba solo cuando estaban solos.
Ella asintió, mordiéndose el labio.
Y él, encantado, se encargó del resto.
Esa misma noche, Camila y Gian llegaron al departamento de él. Era uno de esos viernes con olor a encierro voluntario. Nada de salidas, solo ellos, la complicidad secreta y ese juego que se había instalado desde la tarde: probar la resistencia de los muebles.
Ella dejó la mochila en el sillón y se sacó las zapatillas de un empujón. Se estiró, como si no supiera que él la miraba con las manos en los bolsillos, reclinado contra la puerta, desnudándola mentalmente.
—¿Entonces? —preguntó ella, descalza, con ese tono entre desafío y curiosidad—. ¿Dónde arranca el tour de la madera premium? - Él se acercó sin apuro, tomándole la cara entre las manos. Le dio un beso lento, profundo, como entrada a algo que ya sabían que iba a pasar. Después, la miró con una sonrisa.
—La mesa del comedor. Roble macizo, nunca me falló.
La condujo hasta ahí y la sentó sobre el borde. Esta vez sin apuro, levantó su remera con un movimiento firme y empezó a besarle el torso mientras sus manos bajaban por sus muslos. Camila se arqueó hacia él, hundiendo los dedos en su pelo. El deseo crecía rápido, pero lo manejaban como expertos: sabían cuánto tensar y cuándo soltar.
ESTÁS LEYENDO
Toro
FanfictionCapitulos Cortos con o sin continuidad. Universo Giamila Punto de vista del toro.
