-ADVERTENCIA, ESTE CAPITULO TIENE CONTENIDO PARA MAYORES DE 18 AÑOS, LEER BAJO SU PROPIO RIESGO.-
La ceremonia era íntima, cálida, aunque todo el mundo sabía que no era el típico casamiento tradicional. Martina y Martu se veían radiantes en sus trajes blancos, una con moño, la otra con encaje. Camila, sentada en segunda fila entre Gian y Nico, intentaba no pensar en lo que le había dicho un familiar de Martu en la recepción del casamiento: "¡Qué divina, vos debés ser la mamá de la novia, debiste ser una adolescente cuando la tuviste!".
Había sonreído por compromiso, pero por dentro solo quería evaporarse. Gian lo notó enseguida, y aunque no dijo nada, desde ese momento no dejó de mirarla de reojo, como si pudiera leerle la mente.
El cura, simpático, aunque medio colgado, dio paso a los votos.
—Martina, repetí después de mí: "Yo, Martina, te tomo a vos, Martu, como mi legítima esposa..."
Martina, visiblemente nerviosa, sonrió ampliamente, tragó saliva y dijo:
—Yo, Martina, te tomo a vos, Lourdes...
El tiempo se congeló. Una especie de murmullo contenido recorrió la sala. Luli —la ex de Martina, que había llegado a último momento y se había sentado discretamente en la última fila— abrió los ojos como platos. Gian contuvo una carcajada, Nico le dio un codazo a Camila que estaba pálida.
Martina parpadeó, como si recién se diera cuenta, soltó una risa forzada:
—¡Ay! Dije Luli. Perdón, Martu. ¡Estoy nerviosa! Jajaja...
Martu forzó una sonrisa, más tiesa que auténtica. El cura las miró a ambas.
—¿Quieren continuar con el casamiento?
—Sí, sí, claro —dijo Martu, apretando los dientes.
El cura intentó continuar, repitiendo el discurso con una sonrisa que parecía dirigida a una nena confundida. "Muy bien, ahora de nuevo, pero esta vez concentrada", parecía decirle con cada palabra. Pero el momento ya estaba arruinado. La tensión se sentía hasta en los aplausos finales, que sonaron forzados, apagados.
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La habitación estaba cargada de un silencio raro. Ese silencio que se forma cuando algo grande acaba de pasar pero nadie se anima a hablar de eso todavía.
Camila se quedó quieta en la puerta, con la manija en la mano. Del otro lado, Martina lloraba sentada en la cama, y Nicolás le sostenía el vaso con agua. Se miraron sin decir palabra. Ella entendió, esa noche no podía quedarse ahí.
Caminó por el pasillo alfombrado del hotel, las sandalias hacían un ruido sordo contra el piso. El corazón todavía le golpeaba el pecho, no solo por el desastre que había sido el casamiento. También por todo lo que se había acumulado, lo que había dicho esa persona desubicada durante el brindis. Las miradas, el reflejo en los espejos gigantes del salón.
Le tocó la puerta a Gian con los nudillos, sin pensar demasiado. Lo único que sabía era que no quería estar sola.
—¿Camila? —preguntó él, medio en susurro, al abrir.
Ella asintió apenas. Se le notaban los ojos vidriosos. Él se hizo a un costado y la dejó pasar sin preguntar nada más.
—Martina está con Nico, en la que era nuestra... Yo... no sé si puedo dormir ahora.
—Quedate —dijo él—. En serio, yo tampoco tengo sueño.
La habitación estaba oscura, iluminada solo por la luz de la ciudad que se filtraba entre las cortinas. Había algo íntimo en eso. Algo distinto a todos los encuentros que habían tenido en eventos, en casa de Nico, en la cafetería. Esto era otra cosa.
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Toro
FanfictionCapitulos Cortos con o sin continuidad. Universo Giamila Punto de vista del toro.
