Examen

6 0 0
                                        

Capítulo 64

—¿Todo bien? —le pregunté, tratando de entender qué hacía todavía ahí.

Matt respondió con un simple sonido de aprobación, algo así como un "mmm". ¿Todo era tan confuso con él o era yo la que no sabía interpretar?

De verdad se toma en serio eso de hacerse cargo de mí. Le dije que no tenía que hacerlo, pero Matt es obstinado. Siempre pendiente. Vigila hasta qué hago en la compu. Más que nada cuando navego por internet. Igual, solo juego con Fer a un juego de mascotas y habló con los que ya conozco.

Subimos al auto que Matt alquiló mientras está en Nueva York. Me acomodé en el asiento, pero mi cabeza ya iba a mil.

—¿Pasó algo? ¿Te dijeron algo sobre mí? —solté de golpe.

—Lola —suspiró Matt, mirándome con un gesto serio, pausado—. Tenés que tomarte las cosas con más calma —dijo antes de responder—. Solo necesitaba unos papeles. Me crucé con tu profesor de Matemáticas. Me comentó de tus bajas notas... pero también dijo que estás haciendo un esfuerzo real por mejorar.

Me alegró haber sido sincera con él desde antes. A veces me cuesta saber cuándo decir la verdad. Entiendo que mentir está mal, pero hay verdades que no siempre sé cómo decir.

—Dijo que pronto vas a tener un examen recuperatorio —continuó—. Si te va bien, podés pasar con una buena nota.

Miré por la ventanilla. El sol me daba justo en la cara.

—Apenas si llegó a la B− —dije sin entusiasmo—. Pasé los trabajos gracias a los libros... y un poco de internet. No soy tan lista como para sacar una B +.

—No digas eso, Lola —me corrigió Matt, deteniéndose en un semáforo—. Tenés que poner tu esfuerzo en estudiar. Nada más. Vos podés pasar ese examen. Yo lo sé.

Me miró un segundo antes de volver su vista al frente.

—Sé que no te gusta pedir ayuda —agregó—. Pero, puedes contar conmigo.

Su voz fue firme, pero cálida. Y por un momento, sentí que, tal vez, no estaba sola en esto.

Todo el fin de semana me la pasé estudiando. No fue fácil. A veces me bloqueaba, no por no saber, sino por el miedo a equivocarme. Matt me ayudó, no tanto con la teoría —porque ya la conocía— sino con lo que más necesitaba: confianza.
Estábamos en la mesa del comedor, los apuntes desparramados por todas partes, cuando me frustré por no poder resolver un ejercicio.

—No puedo —dije dejando caer el lápiz, maldeci para mi misma en español Argentino—. Mi cabeza se bloquea, como si supiera que va a estar mal.

Matt me miró desde el otro lado de la mesa, con su expresión tranquila de siempre—¿Querés que te diga algo que quizás no esperás? —preguntó sin levantar la voz.

Mi mente se apodera de mí por un momento y me quedé mirando a Matt detenidamente «Si paso el examen, podría pedirle que me ayude a convencer a Marcos de ir a Los Ángeles»

Asentí, sin muchas ganas— No me importa si te sale bien o mal —dijo, y eso me sorprendió tanto que lo miré confundida—. Me importa que intentes. Y que te permitas fallar, porque eso también es aprender.

—¿Y si fallo igual? —pregunté en voz baja.

—Entonces aprendés algo nuevo. Pero no vas a fallar, Lola. Porque ya estás haciendo lo más difícil: enfrentarte a tu miedo. Eso es más valiente que cualquier nota.

No le respondí, pero esas palabras se me quedaron adentro como una semilla.

Ese mismo día, le conté a Matt lo del concurso de talentos. Se limitó a sonreír y decirme con un tono suave pero firme:

—Primero, el examen.

Estaba protestando, pero solo me miró. Esa mirada que parece leer lo que estoy por decir, y que, de alguna forma, hace que me calle sin sentirme mal.
Pensé en eso después. Tenía razón. Aún me quedaba una semana más para el concurso, y ya tenía lo más difícil: la canción, la idea y hasta el vestuario. Lo demás podía esperar.

El aula de Matemáticas estaba en el segundo piso, justo al final del pasillo. Entré con paso lento, con el estómago apretado y los dedos fríos. Ya estaban casi todos sentados. Caminé sin mirar a nadie y me ubiqué en el último banco, junto a la ventana. Me gustaba ese rincón. Me hacía sentir menos expuesta, como si pudiera disolverme un poco en el paisaje de afuera si algo salía mal.

Desde ahí veía las ramas del árbol que daba sombra al patio. Estaban quietas, como si también contuvieran la respiración.

Él profesor pasó repartiendo los exámenes con la misma expresión severa de siempre. Cuando dejó la hoja sobre mi mesa, me temblaron un poco las manos. Respiré hondo. Una. Dos veces. Y tomé el lápiz.

Las primeras ecuaciones y problemas los recordaba. Las había practicado varias veces con ayuda de Matt y los ejercicios extra que me dio el profesor. Algunas me resultaron más fáciles de lo esperado. Otras, en cambio, parecían escritas en otro idioma. Pero no me rendí. Volví sobre ellas una y otra vez, tachando, corrigiendo, volviendo a escribir.

No sé cuánto tiempo pasó. Me abstraje tanto que apenas escuchaba los ruidos del aula: los toques de lápiz, alguna que otra tos, pasos al fondo del pasillo. Alguien entregó su hoja. Otro más.

Yo seguí escribiendo.

Cuando terminé, revisé todo de nuevo. Dos veces. No era perfecto, pero estaba hecho.

Entregué mi examen y salí del aula con el corazón acelerado. Caminé por el pasillo en silencio, como si no quisiera hacer ruido ni dentro de mí...

 Caminé por el pasillo en silencio, como si no quisiera hacer ruido ni dentro de mí

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Open Your EyesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora