Alguien Me Ve

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Capítulo 48:

El sonido del timbre marcó el inicio de mi primera clase, y con el corazón aún acelerado, subí a toda prisa las escaleras hasta el aula del primer piso. Sentía el pulso en los oídos y un nudo en el estómago, pero traté de ignorarlo mientras entraba al salón. Sin pensarlo demasiado, elegí uno de los últimos bancos, junto a la ventana que daba a la entrada del colegio. Era mi mejor opción: lo suficientemente lejos del profesor para evitar que me hiciera preguntas y lo bastante cerca de la ventana como para distraerme mirando hacia afuera si la clase se volvía insoportable.

Con las manos todavía temblorosas, saqué de mi mochila mi cuaderno cuadriculado de Matemática. Intenté concentrarme en la lección cuando el profesor entró con su típica expresión de pocos amigos. Sin embargo, apenas escuché lo que decía. Aún sentía la presión de lo que había pasado en el pasillo con Brooke, sus comentarios malintencionados, sus risitas falsas con sus amigas. Cerré los ojos un segundo y respiré hondo. No voy a dejar que me arruine el día.

Las primeras dos horas pasaron como en un parpadeo. Cuando sonó el timbre del recreo, guardé mis cosas y me dirigí a mi casillero. No tenía mucha hambre, pero sabía que si no comía algo, mi hermano Marcos me interrogaría cuando llegara a casa. Así que, sin mucho entusiasmo, fui hasta la máquina expendedora y saqué un snack y un jugo. Con mi botín en mano, me dirigí a uno de los banquillos del patio y me dejé caer pesadamente en él.

—Lola.

La voz de Bradley me sacó de mis pensamientos. Su tono era el mismo de siempre: seguro, tranquilo, amable. Sentí un vuelco en el estómago cuando se sentó a mi lado.

—Quiero hablar contigo —dijo mirándome de frente.

Le sostuve la mirada con algo de nerviosismo.

—Antes de que Brooke nos interrumpiera hace rato, quería decirte algo... —hizo una pequeña pausa, como si estuviera eligiendo las palabras con cuidado—. Quería invitarte a salir. No sé, tal vez a tomar un helado o ir al cine. ¿Te parece?

Mis ojos se abrieron un poco más de la cuenta. ¿Bradley estaba... invitándome a salir?

Sentí el calor subir a mis mejillas.

—C-claro —respondí, tratando de sonar más segura de lo que realmente me sentía—. Me parece bien.

Él sonrió de lado, con ese aire confiado que lo caracterizaba.

—Pero primero tengo que consultarlo con mi hermano —agregué rápidamente mientras abría la botella de jugo—, aunque seguro me dirá que sí.

—Entiendo —dijo con naturalidad.

Di un sorbo, intentando calmar los nervios.

—Podríamos ir al parque en vez del cine —sugerí con cierto temor, como si en cualquier momento fuera a retractarme de la idea.

Bradley pareció pensarlo un segundo y luego asintió con entusiasmo.

—Me gusta la idea. Entonces nos encontramos en la puerta del colegio a las tres.

Asentí con una sonrisa tímida. Él se puso de pie, y yo lo imité casi al instante.

—Te veo luego, linda —se despidió con una sonrisa antes de alejarse en dirección al gimnasio.

Me quedé ahí, de pie, con la botella de jugo en la mano y el corazón latiendome en los oídos.

«¿Acaba de llamarme linda?»

Al salir del colegio, caminé lo más rápido que pude hasta casa. Por suerte, Marcos no puso objeciones cuando le pedí permiso. Almorcé, hice mi tarea a toda velocidad y luego me encerré en mi habitación para prepararme.

No podía evitar sonreír mientras rebuscaba en mi armario. No tenía demasiada ropa para salir, así que tuve que improvisar. Opté por unos shorts negros clásicos y una camiseta blanca sin mangas. Para darle un toque especial, agarré un pañuelo de tela ligera y translúcida, con bordados delicados, y lo até sobre mi camiseta como si fuera una blusa suelta. Me calcé mis zapatillas de lona negra, cómodas pero con estilo.

Solté mi cabello, dejando que mis ondas naturales cayeran libremente, todavía algo húmedas después de la ducha. Como detalle final, coloqué una diadema negra en mi cabeza.

Cuando me miré en el espejo, sentí una mezcla extraña de emoción y nerviosismo.

Esto es solo una salida al parque, me recordé a mí misma.

Pero algo dentro de mí sabía que no era cualquier salida.

Era con Bradley.

Y eso lo cambiaba todo.

Y eso lo cambiaba todo

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