Lola, una niña de 10 años que ha pasado gran parte de su vida en solitario, anhelando una existencia tan emocionante como las protagonistas de sus series favoritas, se encuentra atrapada en una monotonía que parece no tener fin. Sus días transcurren...
Intenté asomarme por la ventana de la puerta, pero apenas podía ver algo en puntas de pie. Alcancé a distinguir a Joe tomando de una botella de agua mientras parecía calentar su voz, con Kevin ajustando las cuerdas de su guitarra. Nick estaba más lejos, pero no podía verlo del todo.
Justo cuando pensaba alejarme, algo me detuvo. Una mano suave tocó mi brazo, y sentí esa extraña corriente que siempre me recorría cuando él estaba cerca. Ni siquiera necesitaba voltear para saber quién era.
Cuando lo hice, ahí estaba Joe, con una media sonrisa y los ojos brillando de esa manera suya, como si hubiera leído todos mis pensamientos.
—¿Espiando, eh? —dijo con un tono divertido, pero no burlón, mientras sus dedos seguían descansando suavemente en mi brazo.
—Le di una sonrisa cómplice, y pero, la duda me invadió de repente— ¿Que estaban haciendo? —pregunte dejando un tono de curiosidad en el aire— lo siento, soy algo curiosa —me disculpe algo apenada, cuando no vi ninguna expresión en su rostro.
—Joe se acercó a mí y se inclinó un poco— no tienes que disculparte, por ser quien eres —Joe se rió suavemente, inclinándose un poco hacia mí como si fuera a contarme un secreto. -- ¿Quieres ver? —sugiere con una mirada pícara, y yo lo miro sorprendida.
—¡De verdad! —exclamé mientras saltaba con alegría.— no quiero molestar —fingir desinterés para hacerme la dificil.
—hace un sonido de rechazo— que dramática, niña —expresó Joseph, rodando los ojos con fastidio.
Mientras Joe subía a su habitación por unas hojas que había olvidado, yo fui al garaje donde estaban Kevin y Nick. Apenas crucé la puerta, los encontré concentrados en sus cosas, pero eso no evitó que alzaran la vista al verme entrar haciendo una imitación casi exacta de Joe. Su postura relajada, ese andar confiado... hasta hice un gesto dramático con la mano, como si fuera él hablándole a una multitud.
Kevin dejó escapar una risa mientras afinaba su guitarra.
—Cuidado, al final terminarás siendo como él.
—¿Yo? —me señaló con una expresión de falsa indignación—. ¡Jamás! —declaré con toda la confianza que pude reunir, aunque sentí el calor subir a mis mejillas cuando pensé en Joe.
—Entre broma y broma... —canturreó Nick, sin apartar la vista de una libreta que tenía sobre las piernas.
Intrigada, caminé hasta donde estaba, tratando de ver qué escribía, pero Nick cerró la libreta rápidamente y me miró con diversión.
—Esto no es para tus ojos, señorita —dijo con una sonrisa tímida.
—Está bien, está bien —murmuré, alzando las manos como si me rindiera. Volví a donde estaba, pero mi atención comenzó a desviarse hacia las paredes llenas de pósteres y fotos antiguas. Algunas eran de ellos cuando eran niños, con caras redondas y sonrisas desparejas. Eran adorables, y no pude evitar quedarme mirando una en la que Joe estaba sonriendo de oreja a oreja, sujetando una guitarra más grande que él.
Mi vista se desvió al pandero de Joe, que estaba apoyado sobre una banqueta. No pude resistirme. Lo tomé y empecé a imitarlo otra vez, moviéndome al ritmo de una canción imaginaria. Incluso añadí uno de esos giros dramáticos que él hace en el escenario.
—¡Miren, soy Joe Jonas! —bromeé con voz teatral, haciendo una medialuna.
Las risas de Kevin y Nick me animaron a seguir y me aplaudieron al ver mis acrobacias, pero en mi entusiasmo, al volver a mi postura normal, me tambaleé un poco. Apenas logré volver a ponerme de pie antes de chocar contra alguien.
Cuando levanté la vista, me encontré con los ojos de Joe.
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