Lola, una niña de 10 años que ha pasado gran parte de su vida en solitario, anhelando una existencia tan emocionante como las protagonistas de sus series favoritas, se encuentra atrapada en una monotonía que parece no tener fin. Sus días transcurren...
Me acosté en la cama con la cabeza llena de pensamientos. Mi mente no dejaba de repasar todo lo que le había dicho a Joe, cada palabra, cada mirada. A veces siento que no me escucha, o que para él soy poco más que un ruido de fondo. Pero entonces, está sensación extraña... algo nuevo, algo que nunca había sentido antes. Es como un remolino en mi pecho que no sé si me asusta o me gusta. Joe es confuso, y tal vez yo también lo soy.
Sé que para él soy invisible, solo una niña más en su mundo lleno de luces brillantes y personas interesantes. Aun así, no puedo evitar querer que me vea, no solo como esa niña que conoció un día cualquiera, sino como alguien que importa. Joe me enseñó, sin querer, que no debo fingir ser algo que no soy. Pero a veces me pregunto: ¿quién soy realmente? Todavía no lo sé. Lo único que sé es que él despierta algo en mí que nunca había sentido antes.
La luz tenue de mi lámpara seguía encendida en la mesita de noche. Mis ojos comenzaron a cerrarse, y poco a poco fui cayendo en un sueño inquieto. La oscuridad siempre ha sido algo que me asusta, aunque no sé por qué. Es un miedo que parece venir de algún rincón olvidado de mis recuerdos. Cada vez que cierro los ojos, siento que algo me persigue desde esa sombra.
No sé cuánto tiempo estuve dormida, pero me desperté de golpe, como si alguien me hubiera sacado a rastras de un sueño. Otra vez el mismo sueño del accidente. Esta vez, se sintió peor como una mezcla entre ese auto y la vez que me caí a la piscina. Podía sentir el agua helada rodeándome, la presión en mi pecho, el aire faltándome... Me desperté llorando, con el corazón latiendo tan rápido que pensé que iba a salirse de mi pecho. Me levanté desorientada, limpiando las lágrimas con la manga de mi pijama.
— Tengo que ir al baño, — pensé mientras caminaba, tratando de no tropezar con las cosas en la oscuridad.
«¿En qué momento apague la luz?»
El pasillo estaba en penumbras. Solo algunas luces de la calle se filtraban tímidamente por las cortinas de la sala. Me acerqué al baño, y al verme en el espejo, me saqué la lengua. «Niña cobarde» pensé, regañándome a mí misma. Luego salí y, al dirigirme de regreso a mi habitación, noté algo extraño. La puerta principal se abrió despacio.
Mi corazón se detuvo. «¿Era un ladrón? ¿Una fanática loca?» Mi subconsciente empezó a gritar cosas absurdas, como si ya estuviera acostumbrado a los desastres. Pero entonces, una luz de celular iluminó las escaleras, atrapandome en medio. Me congelé, sin saber qué hacer.
La luz bajó un poco, y cuando por fin vi su rostro, sentí alivio... y algo más. Joe estaba ahí, con su cabello rizado algo desordenado y esa expresión que parecía cansada pero tranquila a la vez.
— ¿Tú qué haces despierta a estas horas, niña? —preguntó en un susurro, entrecerrando los ojos para verme mejor.
Me froté los ojos rápidamente—. Tuve una pesadilla —respondí en voz baja, para no despertar a nadie.
Joe frunció un poco el ceño, como si intentara entenderme. —¿Pesadilla?— Su voz era más suave de lo que esperaba.
Solo asentí. —No pude volver a dormir... y escuché que alguien entraba. Pensé que eras un ladrón o algo así,— admití, sintiéndome un poco tonta por decirlo.
Joe sonrió. No esa sonrisa burlona que a veces me hacía rabiar, sino una sonrisa cálida, como si realmente le importara. Mi corazón dio un pequeño salto.
— ¿Quieres un vaso de agua?— me ofreció, y su voz sonó tan dulce que no pude negarme.
Lo seguí hasta la cocina, intentando no hacer ruido. Pero, como siempre, mi torpeza me traicionó. Tropecé con una silla, haciendo un ruido sordo. Joe se detuvo en seco, giró hacia mí y me hizo una seña de silencio, mirando hacia las escaleras.
Por un segundo, nuestras miradas se cruzaron en la penumbra. Sentí mis mejillas arder y aparté la vista rápidamente, fingiendo que revisaba mis pies como si algo estuviera mal con ellos.
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