Chica Jonas

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Capítulo 42:

Estaba ahí, con una expresión divertida y desconcertado. La sonrisa traviesa que tenía lista en mi cara se congeló al instante, y un calor extraño se extendió por mi cuello hasta las orejas.

—¿Te estás burlando de mí, niña? —preguntó Joe, alzando una ceja mientras cruzaba los brazos.

—¡No! —respondí apresuradamente, aunque mi tono era demasiado agudo para sonar convincente. Bajé la mirada al pandero que aún sostenía en mis manos—. Bueno... tal vez un poco.

Joe soltó una risa suave, esa risa que siempre parecía calmar cualquier cosa en mí, pero esta vez no hizo más que ponerme más nerviosa. Sentía como si mi corazón estuviera tratando de aprender una canción nueva y fallará con cada nota.

—Te he dicho mil veces, que no toques mis cosas—dijo Joe, tomando el pandero de mis manos y colocándolo de nuevo en su lugar.

—ash, que dramático —me burlé copiando su forma de hablarme hace rato, intentando mantener el tono juguetón, aunque no podía mirarlo a los ojos.

Joseph entrecerró los ojos, mirándome fijamente, como si estuviera decidiendo si reírse o ignorarme. No pude evitar sacarle la lengua y cruzarme de brazos, algo que parecía divertirse. Se rió, y antes de que pudiera darme cuenta, puso sus manos en mis hombros y me guió hacia una banqueta.

—Te quedarás aquí, donde no molestes —me indicó con ese tono sarcástico que tanto usaba, y que a veces me parecía tonto... pero no esta vez. Esta vez, esa manera de hablar me resultaba casi irresistible. Se inclinó un poco hacia mí, asegurándose de que lo entendiera—. ¿De acuerdo?

Asentí sin decir nada. Me quedé allí sentada mientras lo veía girarse hacia Kevin, hablando sobre unas hojas que había traído. Mis pensamientos, en cambio, no estaban ni cerca de esas partituras.

¿Por qué mi corazón latía tan rápido cada vez que Joe estaba cerca? ¿Por qué, cuando sonreía, sentía que el aire se volvía más pesado? Y lo peor de todo: ¿por qué no podía controlar la sonrisa tonta que aparecía en mi cara cada vez que me miraba? Era como si mi cuerpo tuviera vida propia, y eso me asustaba un poco.

No entendía nada, pero algo en mí estaba cambiando, y no sabía si eso era bueno o malo.

Joe volvió a mirarme, y esa chispa traviesa en sus ojos hizo que mi corazón diera un vuelco.

—Lola, si te mueves de ahí, te vas a arrepentir —advirtió con una sonrisa que no pude evitar encontrar graciosa. Aunque, en realidad, lo único que quería era seguir mirándolo.

Hubiera hecho caso a sus palabras si no fuera porque soy, literalmente, la persona más inquieta que conozco. A pesar de que aún sentía el peso de lo que había pasado en la piscina, esa sensación se esfumó en cuanto entré en esta habitación. Aquí, con ellos, podía ser yo misma, completamente.

Las primeras notas comenzaron a llenar el espacio, y la emoción explotó en mi pecho. No podía evitar levantarme y cantar, moviéndome al ritmo, pero cuidando no estorbar. Kevin me lanzaba miradas divertidas cada vez que adivinaba el nombre de una canción apenas sonaban los primeros acordes.

—¡*"Play My Music"! —exclamé con un grito ahogado, llevándome las manos a la boca para contener mi emoción. Por un instante, me sentí como si estuviera en un concierto privado, una en un millón.

Recordé de inmediato la escena de Camp Rock, donde tocaban esa canción. En mi cabeza, vi la imagen de Joe y Kevin con su cabello largo y lacio hasta los hombros, y no pude evitar comparar cómo ahora sus rizos naturales los hacían parecer aún más ellos mismos.

Open Your EyesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora