Lola, una niña de 10 años que ha pasado gran parte de su vida en solitario, anhelando una existencia tan emocionante como las protagonistas de sus series favoritas, se encuentra atrapada en una monotonía que parece no tener fin. Sus días transcurren...
Conversando entre canciones, y nos reíamos, mientras se me ocurrían cosas entretenidas para hacer mientras viajabamos, algunas veces Matt se reía de cómo imitaba algunas escenas de películas de Disney que me sé de memoria.
Aprovecho para que le contara con más detalle cómo comenzó todo este viaje, y sin pensarlo lo hice, sentí que con Matt podía hablar de lo que fuera, mis palabras salían sola, a pesar de que mayormente estaba concentrado en la carretera, podía sentir que me estaba escuchando, aunque me suelo ir por las ramas, comienzo contando una cosas, y de la nada saltó con otra cosa, es que siento que si no lo cuento, entonces no se entiende hacia dónde quiero llegar.
Con los días que iban pasando con la compañía de Matt, no se notaban, paramos para descansar en varias ocasiones, estaba tan ansiosa en llegar, que siquiera pensaba en comer o en dormir. El clima era caluroso anunciando el verano que se aproximaba, por lo que aprovechaba las gasolineras para comprar algunos aperitivos frescos, como mucha agua o frutas.
— Intentaremos llegar en estos días, para que puedas adaptarte con calma, a los horarios y más que nada, al cambio —menciona Matt con tono suave, mientras volvía arrancar el auto para seguir el camino— se que no será fácil, pero, te aseguro que lo haremos juntos, ahora podrás contar con nuestro apoyo, pequeña —me da una media sonrisa que transmitía siempre confianza, aunque llevara sus lentes oscuros, se que puedo confiar que mayormente Matt es sincero y nunca se ha mostrado falso.
— Gracias Matt, de verdad gracias, por todo esto —hable desde mi corazón. Estaba mirando el hermoso paisaje que a cada paso disfrutando cada momento de esto, cuando una duda, que desde que Matt apareció en mi puerta, se instaló en mi cabeza y no dejaba de darme vueltas— ¿puedo preguntarte algo, sin incomodarte? —la pena invadió mi cuerpo de repente.
Miré a Matt quien estaba atento a la carretera, pero, vi cómo asintió suavemente.
— titubeo intentando formar palabras sin dudar— Eem... —suspiro intentando quitar mi inquietud— yo ahora viviré con... en... ¿verdad? —me daba un poco de pena mencionar algo incómodo, pero, sin necesidad de repetir la frase, escuche como afirmó— eso quiere decir que tu... —me detuve al notar que Matt detuvo el auto en una banquina.
«Ah... genial... ya arruine todo... ahora tendré que vivir en el medio del desierto... bueno al menos aun tengo comida y agua... se que destruyó la paciencia de todos, pero, no creí que tanto»mi cabeza daba vueltas con asuntos tontos, mientras me imaginaba siendo devorada por un coyote o algún animal salvaje o...
— ¿Lola? —escuché a Matt que me estaba llamando, ¿cuánto tiempo estuve colgada? — ¿estás bien?
— Si, estoy bien, perdón —respondo con rapidez.
Lo dijo despacio, como si cada palabra quisiera posarse sin romper nada dentro mío.
—Sé que todo esto es nuevo para vos, Lola —comenzó, acomodándose en el asiento—. A partir de ahora vas a vivir con Simon y conmigo; nosotros somos tus tutores.
Su voz tenía calma. No era una orden, era una promesa envuelta en tranquilidad. Sentí su mirada clavarse en la mía: no era una mirada que exige, sino una que escucha. Era como mirar al cielo justo antes de que el mar se calme.
Me costó responder con la cabeza, pero no por miedo: por una especie de asombro que me hacía tambalear por dentro. En su voz había seguridad, y esa seguridad me ofrecía algo que aún no había vuelto a sentir: contención.
—A veces los cambios necesitan tiempo —dijo—. Con paciencia vas a ir acostumbrandote a esta nueva vida.
Mientras hablaba, rozó un mechón de mi cabello y lo acomodó detrás de mi oreja. El gesto, pequeño, me llenó de una calidez inesperada. No me dio órdenes. Me dio compañía. Y en esos segundos empecé a creer que las cosas podían hacerse suaves.
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