Momento de Paz

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Capítulo 55:

—¿Tú qué demonios haces aquí? —preguntó el español de ojos verdes intensos, que me miraba como si quisiera hacerme desaparecer.

—¿Dis-culpame? —alce una ceja incrédula y me crucé de brazos— ¿acaso me seguiste? ¿o que carajos? —pregunte con ironía, a lo que Esteban respondió frunciendo el ceño y poniendo sus labios en una línea.

— Primero, no me hables así —señaló con un tono firme y claro, que me hizo estremecer— y segundo, ¿de verdad crees que te he seguido?, quizás hemos tomado el mismo vuelo, ¿no se te ha ocurrido? —mencionó Esteban, aunque su tono al hablar conmigo me dejó confundida.

— No me digas que hacer —conteste molesta y me crucé de brazos— ¿acaso eres mi hermano, mi padre o que? —cuestione juntando los dedos de una mano es un gesto que hago cuando alguien me saca de quicio.

Esteban se quedó inmóvil durante un segundo.

Fue apenas un instante, pero, algo cambio en su expresión. Cómo si algo en aquella pregunta hubiera golpeado justo dónde más dolía.

Abrió la boca para responder. Parecía que iba a decir algo importante. Algo que llevaba mucho tiempo guardándose.

Pero al final cerró los ojos, respiró hondo y negó con la cabeza.

— Déjalo —murmuró con cansancio.

Me tomó del brazo con algo de rudeza, pero, sin lastimarme

— Estoy seguro que hay alguien a quien le hará mucha gracia verte —comenta irónicamente haciendo énfasis en "mucho".

Fue ahí cuando recordé que Marcos estaba en Los Ángeles por su pasantía.

Me daba igual.

Porque, si me decía algo, yo también tenía mucho que decirle.

Solo bufé cuando subimos a un taxi y me quedé mirando por la ventana, ignorando por completo la presencia de Esteban.

«¿Por qué discutir con él se sintió tan natural?»

Jamás lo había visto en mi vida y, aun así, parecía aparecer en todos lados.

Llegamos a un edificio tan alto que intimidaba, y Esteban me hizo seguirlo hasta el ascensor.

Intenté escaparme.

Bueno…

Lo intenté.

Pero así aprendí que existen personas que no necesitan levantar la voz para hacerse entender.

Esteban era una de ellas.

Cuando llegamos al piso correspondiente, la puerta del ascensor se abrió y, unos segundos después, también lo hizo la del apartamento.

La expresión de Marcos cambió en cuanto me vio parada allí.

Sus ojos se abrieron de golpe.

Después miró a Esteban.

Y luego volvió a mirarme a mí.

No parecía enfadado.

Parecía completamente confundido.

Entramos y esperamos en la sala de estar, Esteban y Marcos sentados en el sofá y yo frente a mi hermano, antes de que pudiera regañarme o gritarme, solo me lance a sus brazos, buscando ese afecto que necesitaba desde que salí de la fiesta de Bradley, no pude evitar soltar algunas lágrimas acumuladas.

—Se que no debí escaparme —intentaba disculparme entre sollozos, mientras dejaba de abrazarlo, mire un segundo hacia Esteban, pero, no parecía atento a la escena, aunque tenía sus manos apretadas en un puño, y sus ojos se oscurecieron, volví mi vista a Marcos, cuando Esteban sintió mi mirada— pero, ya estaba cansada de estar sola siempre —confesé en voz suave, mi labios se curvaron hacia abajo, suspire intentando tranquilizarme, pero, no podía, mi garganta de nuevo lastimaba mi voz.

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