Ojos de Luna

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Capítulo 38:

—Perdón, ¿te conozco? —preguntó el joven con una gorra negra, la visera hacia atrás. Sus ojos, claros y casi grises, como la luna, me paralizaron por un instante. Ese color me recordó algo... algo que no quería recordar: la vez que estuve amarrada en ese lugar. Uno de los hombres allí tenía exactamente esos ojos.

Mi mente se disparó hacia el recuerdo del día en que esos ojos, iguales a los de ese joven de gorra me miraban, fríos y calculadores, como si el tiempo nunca hubiera pasado ...

— Ya nos hemos visto en el pasado muchas veces, muñequita —susurró, su voz rasposa me hizo estremecer. No podía apartar la vista de sus ojos grises, fríos como la plata, llenos de una amenaza que aún no entendía.

"Esto es solo el comienzo. Algún día nos volveremos a encontrar. Aunque quizás no te des cuenta de quién soy..."

Su mirada, tan inquietante, se clavó en mí, y de repente, me invadió el recuerdo de ese día. El miedo, tan vívido como entonces, me ahogó.

... Él dio un paso hacia mí, su expresión cambió apenas, pero no lo suficiente como para que yo confiara en él.

—¿Lola? —dijo mi nombre, frunciendo el ceño mientras me observaba.

Mi corazón dio un vuelco. Su voz me resultaba conocida, pero el tono... algo en él me puso en alerta. Me giré rápidamente para verlo de frente.

—¿Cómo sabes mi nombre? —pregunté, con la voz temblorosa, dando un paso atrás.

El joven se inclinó ligeramente hacia mí, intentando ponerse a mi altura, lo que hizo que mi respiración se acelerara.

—Sí, tú eres Lola. —Sonrió, como si aquello fuera una obviedad, y se señaló a sí mismo con una mano—. Soy Logan, ¿ya te has olvidado de mí?

El nombre hizo que mis ojos se abrieran de par en par. ¿Logan? ¿Él...?

—Soy amigo de tu hermano, ¿recuerdas? —continuó, sin dejar de mirarme—. Fuiste a mi cumpleaños muchas veces cuando vivías en Bariloche. Ibas con él y tus amigos.

De repente, los recuerdos comenzaron a encajar como piezas de un rompecabezas olvidado. Logan... ¿el mismo Logan? El que solía llevar el pelo largo, como todos los floggers y emos de aquella época.

—Yo... sí, me acuerdo de ti —contesté, aunque mi voz salió más dudosa de lo que esperaba. Asentí lentamente, sintiendo que había algo que se me escapaba, algo que no lograba recordar del todo. Mi mirada se posó en su gorra, y levanté un dedo para señalarla—. Pero no te reconocí... por el pelo.

Logan sonrió, una de esas sonrisas que no sabes si son amistosas o si esconden algo más. Llevé mi mano a mi labio inferior, un gesto nervioso que no pude controlar. Por alguna razón, quería salir corriendo de ahí. «¿Por qué aparece aquí, justo ahora? ¿Es amigo de los Jonas? ¿O... de cuál de mis hermanos era amigo?»

—Sí, eso fue una etapa —respondió Logan, como si recordara algo con cierta satisfacción.

Mientras hablaba, dio un paso más cerca de mí. Levantó una mano hacia mi rostro, como si fuera lo más natural del mundo. Mi cuerpo se tensó al instante, y retrocedí instintivamente, frunciendo el ceño cuando su dedo rozó mi piel para apartar un mechón de cabello de mi cara.

Sus ojos, grises como un día nublado, se clavaron en los míos. Había algo extraño en su mirada, algo que no lograba descifrar. Sentí un nudo en el estómago, una mezcla de incomodidad y algo que no podía explicar.

De pronto, la voz de Joe irrumpió en la sala, cortando la tensión como un rayo:

—...Es todo lo que tengo. —Volteé rápidamente hacia él, sintiendo un alivio que no esperaba. Joe estaba en la entrada, cargando un par de porta CDs. Su presencia llenó el espacio de una manera que solo él podía lograr. Pero mi alivio duró poco; su mirada se dirigió hacia mí, y algo en su expresión me hizo sentir culpable, aunque no sabía por qué. ¿Estaba enojado?

Logan giró hacia el chico de cabello rizado, parado en la entrada de la sala de estar, y en un segundo parecía haberse olvidado de mí. Caminó hacia él, como si nada hubiera pasado, y tomó los CDs que Joe sostenía.

—¿La conoces? —preguntó Joseph de repente, con un tono que no supe interpretar. Su mirada se alterna entre Logan y yo, deteniéndose en mí al final. Incluso me señaló, como si quisiera que respondiera algo que ni siquiera entendía.

Logan hizo un gesto con la mano, como si la pregunta no tuviera importancia.

—Es la hermana de un amigo —respondió sin emoción, con un desinterés que no coincidía en nada con cómo me había mirado antes.

Joe frunció el ceño, y mi corazón empezó a latir más rápido. No sabía si estaba molesto con Logan, conmigo o con todo lo que acababa de pasar. Pero algo en el ambiente había cambiado, y no podía quitarme de la cabeza que estaba en medio de algo que no entendía del todo.

Cuando Logan se fue, lanzó un vistazo rápido en mi dirección, como si esperara algo de mí. Yo bajé la mirada a mis dedos, fingiendo estar concentrada en nada en particular. Escuché la voz de Joe despidiéndose de él con un tono que no lograba descifrar. La puerta se cerró con un ruido seco, y supe que era cuestión de tiempo antes de que Joe comenzará con las preguntas.

Me quedé de pie junto al sofá, sintiendo el peso de sus pasos detrás de mí... 

 

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