Lola, una niña de 10 años que ha pasado gran parte de su vida en solitario, anhelando una existencia tan emocionante como las protagonistas de sus series favoritas, se encuentra atrapada en una monotonía que parece no tener fin. Sus días transcurren...
—Sé que no soy tu padre —añadió, tomando mis manos entre las suyas—. No vengo a reemplazarlo. Pero ahora esa es mi función, y la de mi prometido. Quiero que sepas que voy a estar, pase lo que pase.
Esa frase cayó en mí como si alguien hubiera abierto una ventana después de mucho tiempo en una habitación cerrada. Me prometía noches más seguras, mañanas menos solitarias, una voz que no se va cuando todo se pone difícil. Era la oferta de un hogar que no exige, sólo sostiene.
Quise decir algo; las palabras se me enredaron en la garganta. «Papá» sonaba extraño en mi cabeza, como un traje que no sé si quiero ponerme. Me miré las manos, y hasta ellas se sintieron nuevas.
—Entiendo —balbuceé—. Aunque... me va a costar acostumbrarme a... —me faltó el aire, me trabé— a llamarte pa-papá.
Su sonrisa fue una leve exhalación, no una exigencia. Puso la mano sobre el pecho, con una ternura que parecía decir: no te apresures
—Me encantaría —contestó con suavidad—. Y sé que a Simón también. Pero no tenés obligación. Podés elegir cómo quieres llamarme.
Esas palabras me dieron permiso. No sólo para no apresurarme, sino para empezar a pensar que podía elegir pertenecer de a poco. No me obligaban a dar etiquetas; me ofrecían un lugar donde crecer sin esconder mis miedos.
Me quedé un rato en silencio, sintiendo que algo dentro mío se aflojaba: la tensión, el vértigo de no tener un ancla. Por primera vez en mucho tiempo, la idea de volver no me helaba el pecho. Podía imaginar tardes en las que alguien realmente me escuchara; noches en que la casa no fuera un eco frío; mañanas en las que bajar las escaleras no fuera enfrentar un vacío.
No era la solución a todo. Era el comienzo de algo que, si lo cuidamos, podría convertirse en refugio. Y eso —esa posibilidad de calma, de compañía, de elegir sin prisa— fue lo que me hizo responder con una sonrisa que salió del fondo del alma.
— Esto quiere decir, que ahora tendrás una vida como la de cualquier adolescente de tu edad, y debes hacer lo que todo adolescente hace —finaliza Matt y vuelve a arrancar el auto, para volver a la carretera.
Mi mente paseaba entre sueños de cómo sería mi nueva vida, y nunca tuve tanta ganas de llegar a un lugar, por otro lado, también tenía miedo, de sí todo lo que imaginaba simplemente era una ilusión.
Aun asi seguia creando escenarios en mi mente, de mi yendo con amigos a Special Stars, o ir al cine, o simplemente estar en casa con amigos, y poder reirnos y charlar, en las tardes viendo mis series favoritas, como Violetta, una serie de Disney, que empezó hace poco, y la protagonista me recordó que debo seguir luchando por encontrarme a mí misma. Algunas de las canciones de la serie, son de mi autoría, y me siento orgullosa de ello, aunque casi nadie lo sepa.
Cuando ya estábamos cerca de Redondo Beach, está a unos 40-60 minutos aproximadamente del centro, se encontraba sobre una subida por lo que se llegaba a ver un poco el mar, es maravilloso ver como el cielo y el mar se fusionan entre ellos como un filtro natural con un toque dorado del sol, anunciando la tarde con esa vibras de verano.
Estaba maravillada con la vista que se abría frente a mí, el cielo empezaba a vestirse de tonos rosados y dorados, como si el día se negara a irse del todo. Había en el aire una energía de verano eterno, una mezcla de promesas, de vida nocturna despertando, de historias que recién comienzan. Sentía que estaba en el lugar donde nacen las estrellas, donde las calles respiran arte, donde caminan soñadores que se animaron a creer y otros que ya tocaron el triunfo con las manos. Un lugar que, sin decir nada, me empujaba a seguir soñando, incluso cuando dudar parecía más fácil.
Matt se detuvo un momento cerca de una gasolinera. Yo me quedé en el auto, observando el mundo pasar como si fuera una escena de película. Bajé la ventanilla y dejé que el aire californiano me rozara el rostro: tenía un perfume salado, un leve recuerdo a mar que me llenó el pecho de calma. De fondo sonaba una canción de los Jonas, una de mis favoritas, y por un instante todo pareció encajar. Como si la música, el cielo y ese lugar se hubieran puesto de acuerdo para decirme, en voz baja, que estaba exactamente donde tenía que estar.
—
Matt estaciono el auto en paralelo a la casa, así es como las emociones se despertaron de golpe todas a la vez y fueron una revolución en todo mi cuerpo.
Baje del auto en silencio, Mire hacia la calle frente a la nuestra, había una pequeña zona verde muy hermosa que llenaba de vida el lugar, con aparatos para hacer ejercicio, las palmeras en aquel parquecito me hizo sentir que estaba en una película, falta ahora que todos comiencen a bailar y cantar una coreografía así tipo de la nada, que es el recurso que a veces utilizo para crear algunas de mis letras, ahora se me ocurre una parte de una canción que se me ocurrió, por ahora una frase "Valió la pena todo hasta aquí" ahora agregaría "porque al menos te conocí" y hasta ahi llego mi inspiración.
Suspiro sintiendo como el calor comenzó a invadir mi rostro, volteo hacia atrás fijando mi vista en la hermosa casa que tenía frente a mi. Su fachada de presencia serena y luminosa, de tonos claros y cálidos, con sectores revestidos en ladrillo y piedra sin perder elegancia. Al frente un patio bonito, prolijo y verde, con algunas flores de colores muy lindas. De ventanas amplias y lisas. La entrada se presenta con elegancia en un sendero prolijo que conduce hacia la puerta principal. El pórtico, suavemente cubierto, mientras una luminaria clásica acompaña el ingreso con luz serena al caer la tarde.
— Ve entrando, mientras bajo las últimas cosas del portaequipaje —señala Matt haciéndome volver a la tierra, asiento tímidamente, mientras cargo mi mochila y mi bolso al hombro.
Abro la puerta de la casa con las llaves que Matt me dio, y lo primero que vi al entrar, envolvió mi cuerpo en un remolino de emociones, cuando lo que estaba viendo fue lo que necesitaba para entender que todo estaba cambiando, y por fin sentía que todo esta aventura comenzaba a tener sentido.
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