Lola, una niña de 10 años que ha pasado gran parte de su vida en solitario, anhelando una existencia tan emocionante como las protagonistas de sus series favoritas, se encuentra atrapada en una monotonía que parece no tener fin. Sus días transcurren...
El camino hasta nuestro punto de encuentro se sintió más corto de lo habitual. Quizás porque estaba demasiado ocupada tratando de no tropezar con mis propios pies. O porque, por primera vez en mucho tiempo, estaba llegando a tiempo a algo importante.
Me senté en un pequeño muro cerca de la entrada del colegio y solté un suspiro entremezclado con emoción y nervios. Mi primera ¿cita? ¿Podía llamarla así? No quería precipitarme, pero tampoco podía ignorar el cosquilleo en mi estómago ante la idea de salir con un chico tan lindo y buena persona como Bradley.
Es tan extraño... Siempre pensé que esas cosas solo les pasaban a otras chicas, a las populares, a las seguras de sí mismas. Nunca imaginé que alguien me miraría de esa manera, que alguien vería algo en mí.
Crucé las piernas y jugueteé con los bordes de mi blusa, intentando mantener la calma. Entonces lo vi.
A lo lejos, Bradley venía caminando con esa confianza natural que lo hacía destacar sin esfuerzo. Mi corazón se aceleró y una sonrisa se dibujó en mi rostro antes de que pudiera controlarla.
Tranquilízate, Lola, no querrás parecer una loca sonriente.
Rápidamente, me miré en el reflejo de una ventana, arreglé un poco mi cabello y respiré hondo antes de que él se acercara.
—Hola, Lola —saludó con su típica sonrisa amigable, de esas que parecen iluminar todo.
Se veía increíble. Llevaba una camiseta rojo cobrizo con letras naranjas, debajo de una chaqueta de jean azul, combinada con unos jeans azul grisáceo y zapatillas negras. Su cabello ondulado tenía ese desorden perfectamente planeado, como si no le hubiera importado peinarse pero, de alguna manera, igual luciera bien.
—Hola, Brad —respondí, sintiendo que mi voz salía un poco más suave de lo normal.
Nos dirigimos al parque, y poco a poco, el ambiente se volvió más relajado. Hablamos de cualquier cosa: películas, música, profesores raros. Nos reímos de tonterías, de chistes que probablemente no tendrían gracia para nadie más. Él tomaba un smoothie de manzana y yo un licuado de fresa, y por momentos, todo se sentía tan natural que casi olvidaba que estaba en lo que técnicamente era una cita.
Casi.
Porque cada vez que nuestras miradas se cruzaban, cada vez que su risa se mezclaba con la mía, me recordaba que esto no era un sueño. Era real. Y seguía sin poder creer que él me hubiera elegido a mí. Sentados en un banquillo cerca de los juegos, noté cómo Bradley se atrevía a mirarme fijamente.
Con mi rostro teñido de un rubor tímido, no pude evitar preguntarle. —¿Por qué me miras así?
Bradley me sonrió con una suavidad que me sorprendió. Con sinceridad, respondió—Porque eres una chica muy bonita, Lola.
«Su mirada era sincera; en sus ojos no había lugar para la burla, solo un brillo especial que me hizo sentir única»
—Y me has gustado desde el primer día, cuando entraste por error al salón —continuó, suspirando mientras me observaba detenidamente—. Nunca me había acercado a ti, pues creía que no te caía bien y que, de alguna manera, no querías acercarte a mí.
Recogí fuerzas y, mirándolo a los ojos, le confesé—La verdad es que me cuesta acercarme a las personas; nunca entendí por qué me resulta tan difícil ser sociable. Y, además, intento descifrar lo que siento en el fondo.
Bradley asintió y, extendiendo su mano con delicadeza, me dijo— Por eso, quería invitarte a salir. Siempre he sentido que tú y yo estamos en la misma sintonía. A veces, cuando te veía en los casilleros, percibía una mirada, un pequeño gesto, como si quisieras decirme algo. Su voz se volvió más ronca y suave cuando se inclinó levemente hacia mí y añadió —Si quieres, podemos intentarlo.
— Mis palabras salieron en un hilo entrecortado—¿Estás pidiéndome... que sea... tu... novia? —Sentí cómo mis nervios se apoderaban de mí, y mi mano apretaba el vaso con fuerza, temerosa de que se me resbalara.
Bradley, con una leve sonrisa, asintió lentamente. Mi corazón latía con fuerza, y sin poder resistirme a la emoción, acepté su propuesta. En ese instante, Bradley acercó su rostro al mío.
Aunque los nervios comenzaron a crecer en mi interior y todas las dudas se encienden en mi cabeza como disco rayado, y a pesar de que no estaba aún muy segura de lo que estaba por pasar, estaba decidida a dejar que me besara, pero, un ruido de unas ramas quebrándose nos sorprendió, he hizo que nos separáramos, se sintió tan incómodo ese momento, mis mejillas ardían y Bradley parecía frustrado, pero, en ese momento agradecí que su celular comenzó a sonar.
Eran sus padres que pedían que volviera a casa porque tenían algo importante que hacer, por lo que Bradley me acompaño hasta mi casa y luego se fue...
Podría estar desilusionada por el no beso, pero, en el fondo agradecí ese estruendo que sonó antes del beso, no se si a un estoy lista para dar ese paso aún, ni siquiera llevamos días siendo novios, ¿Cuánto tiempo lleva darle un primer beso a un novio? ¿Cómo se cuál es el momento indicado?
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