Nota de autor:
Este capítulo es parte de la nueva edición de When she was his friend.
Una edición muy diferente, sí, pero que guarda la esencia del libro.
Esta es una perspectiva del primer "beso" de Michi y Marlon que en la versión anterior no abordé de una manera correcta. No trato de romantizar cómo sucedió, solo mostrar un poco más desde la perspectiva de Marlon y aclarar lo que sucedió. También aquí podemos leer un poco más lo que él iba sintiendo por ella :)
Disfrútenlo.
Blessings.
El motor arranca y yo me quedo inmóvil, mirando cómo el auto se aleja hasta que se confunde con las luces de la calle. Trago saliva con dificultad; un nudo se me instala en la garganta y mis hombros se rinden. Me repito que no pasa nada, que no debería pasar nada. Es Michi, solo Michi, saliendo con un idiota. Está bien, tenía que pasar.
—Hey, Marlon, si quieres puedes pasar, eh. Yo sí quiero helado.
La voz de Ceci me hace girar. Cuando la veo, me hace un ademán con la mano para que me acerque y luego sonríe. Es esa sonrisa que dice “pobre chico, acaban de botarlo”. Me apresuro a caminar hacia ella con una actitud más desenfadada; por instinto intento parecer relajado.
—Revisión primero. Tú y mi hermana tienen unos gustos muy raros ¿qué traes ahí?
Suelto una risa y abro las bolsas. Ceci se inclina como un ratoncito curioso sobre ellas.
—De sabor natural para ella y… —Ceci hace una mueca de asco antes de que termine— …de frambuesa para mí.
—Ajá, tú sí eres normal. Pasa y déjalo en la cocina.
—De acuerdo.
Ingreso al vestíbulo y, de inmediato, me envuelve el aroma de la cena. Pollo horneado y algo más que no logro identificar ¿pasta, quizá? No lo sé, pero huele increíble y el estómago me ruge. Siempre ha sido una de las cosas que más disfruto de venir aquí. La calidez de un hogar que no siento desde hace muchos años. Y no es que no me guste mi departamento. Es cómodo y solo mío, solo que...
Al llegar a la sala me topo con el caos del que Michi siempre me habla. Amanda, la más pequeña, está sentada en la alfombra intentando que sus legos se mantengan en pie, mientras Betsy da vueltas practicando pasos de ballet alrededor de la mesa del comedor. Desde el segundo piso retumba la música rockera de Ceci, a todo volumen, como si quisiera que el barrio entero lo escuchara. Y entonces lo entiendo: por eso Michi prefiere refugiarse en la biblioteca casi todas las tardes.
Me quedo un segundo observando todo. Amanda levanta la vista apenas me ve y sonríe antes de volver a su torre de legos que amenaza con caerse en cualquier momento. Betsy, en cambio, gira como si estuviera en un escenario y me saluda con un gesto de mano sin detenerse.
—Mami, tenemos visita —anuncia ella—. ¡Es Marlon! ¡El amigo bonito de Michi!
Sonrío al imaginar la cara de Michi si escuchara eso. Ella siempre ha odiado que su hermana menor tenga un extraño amor platónico por mí.
—Oh, Dios mío —su madre aparece desde la cocina—. Cariño, qué sorpresa.
Claudia siempre ha sido gentil y cariñosa conmigo, y en silencio se lo agradezco. Aceptar que un sinvergüenza como yo se meta en su alacena de vez en cuando no es algo que todas las madres permitirían, pero ella sí. Se parece un poco a Michi: siempre intenta que me sienta bien.
Ella se acerca y yo también; me da un abrazo fuerte y cálido.
—¿Buscas a Michi? —pregunta, con una chispa de preocupación en los ojos.
—No, ya sé que tenía planes hoy. No importa —me rasco la nuca—. Les traje helado, por si les apetece.
Ceci pasa a mi lado con las bolsas rumbo a la cocina.
—Y yo se lo agradezco mucho —dice, como si lo hubiera comprado solo para ella.
—Helado aún no, señorita —la reprende su madre con una sonrisa cansada—. La cena está casi lista.
—¡Helado! ¡Yo quiero helado! —chilla Betsy desde la sala.
—Todavía no —reniega Claudia, aunque me lanza una mirada divertida y resignada—. Dicen que las mujercitas son más tranquilas, pero estas niñas me vuelven la vida un caos.
—Mi madre decía lo mismo… y solo me tenía a mí —bromeo. Pero a Claudia la mueca se le transforma en un gesto de lástima que me incomoda.
Aclaro la garganta y meto las manos en los bolsillos.
—¿Quieres cenar con nosotras, cariño? Michi no está, pero puedes hacernos compañía.
Por un instante me tienta decir que sí. El olor del pollo horneado, la mesa puesta, las risas, todo eso contra mi cena de microondas y mi serie de Tv. Pero la idea de Michi llegando con Joseph y encontrándome a mí, aún esperándola, me eriza los bellos, así que prefiero negarme.
—Se lo agradezco, Claudia, de verdad —respondo con una sonrisa ligera, intentando sonar despreocupado—, pero no quiero interrumpir. Además, seguro ya están contando los minutos para que llegue Michi.
—Pues yo creo que tardará mucho —interviene Ceci desde la mesa del comedor, ya con una copa de helado servida hasta arriba.
—Michi no suele venir después de las ocho —le recuerda su madre, un poco molesta.
—Eso era antes, mamá —replica ella—. Ahora que sale con alguien, las cosas van a cambiar. Para todos.
—¿Cambiar? —pregunta Claudia.
Y se lo agradezco internamente porque yo también iba a preguntar lo mismo.
—Obviamente —responde Ceci con la boca llena de helado—. Joseph la va a llevar a muchos lugares y el tiempo se le va a ir volando tanto, que llegará de madrugada. Y cuando sean novios, ni siquiera la esperes despierta.
Sonrío por inercia, y un poco nervioso, aunque por dentro siento un ligero nudo en el estómago. ¿Novios? La palabra me da un golpe seco, aunque intente convencerme de que no me importa. Al fin y al cabo, esto tenía que pasar. Era cuestión de tiempo.
—Bueno… —me aclaro la garganta y vuelvo a meter las manos en los bolsillos—, entonces mejor me voy antes de que los tórtolos lleguen. Gracias por la invitación, Claudia.
—¿Seguro? —me pregunta ella con amabilidad, aunque noto en sus ojos que comprende más de lo que aparenta.
—Seguro —le sonrío.
Recojo el aire con calma, aunque por dentro solo quiero salir antes de que Ceci diga otra cosa que me retuerza el estómago.
El aire frío me da en el rostro cuando cierro la puerta detrás de mí. Respiro hondo, como si así pudiera borrar lo que acabo de escuchar. Pero no se borra. El nombre de Joseph sigue rebotando en mi cabeza, acompañado de la voz de Ceci diciendo que ellos serán novios.
Camino hacia la moto sin prisa, con las manos todavía metidas en los bolsillos. Intento repetirme que no es asunto mío, que Michi tiene derecho a salir con quien quiera. Y es cierto, lo sé. Pero la idea de verla llegar de madrugada, riéndose de cualquier tontería que ese tipo le diga, me enciende algo en el pecho.
Me río por lo bajo, sin humor. Novios… Qué rápido ponen etiquetas los demás. Michi ni siquiera conoce a ese tipo. Lo del bus fue hacia apenas un par de semanas. Y ella me ha dicho muchas veces que le tomaría mucho tiempo enamorarse de alguien. Y también está su larga lista de requisitos.
¿Y si Joseph los cumple?
Mi pie choca con una roca en el camino y trastabileo un poco. Ay mierda, me quejo de dolor y luego giro hacia la casa para ver que nadie me halla pillado.
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WHEN SHE WAS HIS FRIEND.
Teen Fiction*Lista corta de los Wattys 2018 Él está confundido. Él es un poco idiota. Él está ciego. Él no olvida. Él está desilusionado. Él está enamorado. Él... Él es real. ¿Y yo? Yo siempre seré su amiga.
