EPÍLOGO.

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REAL MICHI.

Las cosas están bien, y por bien también va incluyendo a mi vida, mi destino y mi cuerpo.

La dieta es de esas cosas que he probado en este tiempo. Quizás me ha hecho sentir la persona más infeliz del mundo en algunos momentos, pero los resultados son tan buenos que debo decir han valido la pena.

Casi casi como muchas lecciones que he puesto en práctica desde hace un par de años.

Si pudiera enumerar todo lo ocurrido desde que decidí tomar mi vida por las riendas, me tardaría mucho. De entre todo, muchas han sido vivencias buenas y otras tan malas que casi creí no podía vivir. Pero nadie muere de amor, lo he comprobado. La superación existe y aunque aún trabajo en eso, sé que estoy llegando a la cima.

Algunas se necesita una palmada en la frente para darse cuenta de las cosas estúpidas que estás haciendo, que solo apagan tu espíritu y no te dejan vivir tranquila. Yo me di cuenta de una forma un tanto dolorosa. No puedo decir que tardé unas cuantas horas de recuperarme del saber que no me amaban. De hecho, pasé varias semanas encerrada en mi cuarto preguntándome por qué no podía hacer que alguien me amara profunda y eternamente como en mis libros. Descubrí que estoy en el mundo real y que efectivamente yo no era un personaje de ellos.

Así que...

Contaré cómo es que llegué a este punto en mi vida en el que decidí vaciar mi propio vaso. Cómo llegué a esta cafetería y por qué ahora me encuentro bajo una pequeña sombrilla color blanco, deleitándome de un delicioso postre después de más de dos años.

Cierro mi pequeño ordenador y decido tomar un sorbo de café. Me decido a contemplar lo bello del día. Es de esas tardes en donde el sol está teñido de una mezcla de colores anaranjados y violetas, dando un espectáculo agradable y tranquilo para mis ojos. Hace unos minutos he decidido abrir nuevamente el blog que dejé en al aire hace unos años. Años en los que me animé a vivir un poco y terminé... viviendo. Porque claramente aprendí que la vida está llena de cosas que desees que pasen y no ocurren.

Pero también de sorpresas...

Oh, justo ahora un tipo está mirándome.

Bajos esos enormes lentes negros puedo sentir sus ojos clavados en mí. Muy a su pesar, puedo notar que está observándome. Pero él trata de ocultarlo tras el periódico al revés que cree estar leyendo.

Como sea...

Ya no necesito a alguien en mi vida.

Levanto la pantalla mi portátil y escribo:

Querido diario, ayer fue mi graduación. Lo vi y no me atreví a hablarle. No tiene sentido. Sin embargo, así como he perdí algo importante, gané algo increíble. A mí misma.

Mañana es la presentación de mi libro. Mañana me reencontraré con la historia que no quise volver a leer.

...

Veinte minutos para que empiece la presentación, y tengo aún mucho que hacer con mi aspecto. Mamá y Ceci están ayudándome con el cabello, mientras que yo solo intento maquillarme un poco. Ya saben, algo de labial corrido, un mal delineado y sombras nada combinables. En conclusión, lo estoy arruinando todo.

— ¡Hey! ¿Qué haces? — me riñe Ceci. Quien, para tener solo dieciséis años, se acicala como una mujercita de veinte.

Lo atribuyo a que fue realmente ella quien trabajó un par de meses en el Spa de Terrie. La chica de cabello violeta que maquilló a Annie en su boda con Landon.

WHEN SHE WAS HIS FRIEND.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora