El nombre de Kardatmatsu apenas había abandonado los labios de Saya cuando el cielo sobre el Cementerio de las Legiones Caídas comenzó a oscurecerse. Las nubes púrpuras de Ghalmora se cerraron unas sobre otras y la escasa claridad que todavía atravesaba el desierto pareció replegarse hacia el horizonte, como si incluso la luz evitara permanecer sobre aquel lugar donde decenas de miles de muertos aguardaban una orden que llevaba veinte años escrita dentro de sus huesos.
Los murmullos procedentes de la depresión crecieron junto con la oscuridad. Ya no eran únicamente voces aisladas ni ecos atrapados entre armas oxidadas, sino un rumor profundo que atravesaba la arena y hacía vibrar las placas de las armaduras, semejante a la respiración de una criatura gigantesca enterrada debajo de todo el cementerio.
Brokhan fue el primero de los tres tenientes en reaccionar. Furia de Marfil llevó una mano hacia el mango de su hacha y lanzó una orden cuyo volumen consiguió imponerse al gemido de los muertos y al metal que resonaba bajo el viento.
—¡Formación! ¡Escudo de la Rosa!
El efecto sobre las seis legiones fue inmediato. Allí donde Saya, Edrel y Lidaria todavía veían decenas de miles de soldados dispersos en contingentes distintos, los veteranos de la Rosa reconocieron una doctrina que había sido enseñada durante generaciones y perfeccionada después de la tragedia de Ghalmora.
Los estandartes comenzaron a desplazarse.
Los cabos transmitieron órdenes.
Los sargentos tomaron el control de las distintas partes de sus legiones y las seis fuerzas dejaron de comportarse como ejércitos independientes sin perder por ello sus nombres, su mando ni la identidad que cada una había construido durante años.
Jarllic alzó el mandoble y su voz recorrió XII y XIII desde el centro de la formación.
—¡Cohortes de defensa, adelante! ¡Dejad corredores entre líneas y mantengan los estandartes visibles!
Los destacamentos pesados de las legiones de Lance comenzaron a avanzar. Escuderos, infantería acorazada y paladines ocuparon los espacios que iban abriendo XXXVI y XXXVII, formando una primera línea que no consistía en un único muro compacto, sino en varias capas capaces de retroceder, cerrarse o dejar paso a las unidades que esperaban detrás.
Rextar levantó su gran alabarda glacial cuando reconoció que las primeras piezas estaban en posición.
—¡Vigésima, contención al frente! ¡Escudo de la Rosa, cierren los huecos!
Los soldados de XX ocuparon los puntos donde el terreno ofrecía menos estabilidad y comenzaron a trazar sellos de rechazo entre los escudos. Su tarea no consistía únicamente en detener cuerpos; habían sido entrenados para contener hechizos, maldiciones y manifestaciones sobrenaturales antes de que alcanzaran el núcleo del ejército.
La formación moderna del Escudo de la Rosa había nacido de doctrinas mucho más antiguas, pero los supervivientes del desastre de Ghalmora la habían reformado durante los años posteriores a la caída de XXXI, XXXII y XXXIII. Desde entonces, ninguna fuerza combinada debía permitir que sus magos quedaran separados de sus guardianes, que los clérigos fueran aislados de la infantería o que una sola especialización pudiera ser cercada y destruida sin que las otras acudieran a sostenerla.
Alindra comprendió que la línea frontal ya estaba cerrándose y levantó el martillo de guerra por encima de la cabeza.
—¡Clérigos y tiradores, segunda línea! ¡No rompan los corredores!
Sacerdotes de guerra pertenecientes a varias de las seis legiones avanzaron con escudos consagrados, mazas, martillos y estrellas del alba, formando una defensa intermedia desde la cual podían reforzar a quienes combatieran delante. Detrás de ellos se distribuyeron arqueros y ballesteros, dejando espacios medidos para disparar entre las formaciones sin convertir las espaldas de sus propios compañeros en obstáculos.
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Las Reliquias Primigenias: La Esfera de los Planos
FantasyDurante eones, las fuerzas del bien y del mal han luchado por el control de Avador, la gran rueda universal que conecta los innumerables planos de la creación, desde las cumbres celestiales hasta los abismos más oscuros. En el origen del universo, l...
