El horizonte terminó por abrirse ante ellos cuando las seis legiones alcanzaron las últimas elevaciones que ocultaban Wildamar. Durante los días anteriores, la marcha había consumido cuanto quedaba del agotamiento nacido en Ghalmora, y ahora las armaduras parecían pesar el doble, los caballos avanzaban con las cabezas bajas y los soldados caminaban sin gastar aliento en conversaciones que no fueran necesarias.
En el centro de las columnas viajaban las Arcas de Retorno.
Los grandes cofres sellados por la cabo de la primera cohorte de la treceava legión y los demás magos ocupaban carros reforzados, protegidos por clérigos, custodios y guardias escogidos entre las seis legiones. Dentro descansaban miles de urnas blancas, junto con las Urnas de Estandarte de XXXI, XXXII y XXXIII cuyos muertos todavía carecían de un nombre recuperado; cada irregularidad del camino era recibida por los legionarios cercanos con manos que acudían casi por reflejo a estabilizar los vehículos.
Los vivos estaban regresando a Wildamar.
También sus muertos
Lance marchaba al frente de XII y XIII cuando la fortaleza apareció a lo lejos. Había recuperado parte del color en el rostro desde Ghalmora, aunque las heridas abiertas por el Edicto del Último Amanecer todavía le impedían ciertos movimientos bruscos y Alindra llevaba tres días vigilándolo con una insistencia que él encontraba exagerada y todos los demás consideraban insuficiente.
Isodela cabalgaba a poca distancia, acompañada por Rextar y Madibel. Brokhan avanzaba sobre su enorme montura de dientes de sable junto a Shava, mientras Galbrek coordinaba gran parte de la marcha de XXXVII sin llevar todavía la insignia que había pertenecido a Rhogar.
Fue Edrel quien dejó escapar el primer comentario.
—¡Eso no estaba ahí cuando salimos!
Lance y Brokhan entrecerró los ojos y miró hacia las tierras que rodeaban la fortaleza. Isodela hizo lo mismo, y durante unos segundos ninguno pronunció palabra porque la magnitud de lo que tenían delante todavía no podía apreciarse por completo.
Wildamar había desaparecido detrás de otro ejército.
Los campos que rodeaban la ciudad fortificada estaban ocupados por campamentos que se extendían hasta donde alcanzaba la vista. Filas de tiendas se agrupaban por estandartes y legiones; largas columnas de carros recorrían caminos transformados en arterias militares, mientras herrerías de campaña, hospitales, corrales, cocinas, puestos de oración y torres de señales habían convertido las inmediaciones de la fortaleza en una segunda ciudad construida de tela, madera y acero.
No eran sólo los refuerzos de Wildamar, tampoco una concentración ordinaria de legiones, once estandartes dominaban el conjunto.
Cada uno se alzaba sobre un mástil mucho más alto que los pendones de las unidades que lo rodeaban, y aunque conservaban emblemas distintos compartían una característica que hacía imposible confundirlos: una orla carmesí recorría los bordes del paño marfil de la Rosa, y debajo de cada símbolo aparecían los números de dos legiones hermanas.
Conforme las seis legiones descendieron de las elevaciones, los emblemas pudieron distinguirse.
Un dragón dorado se extendía sobre el primero, acompañado por XLVI y XLVII. Cerca de él ondeaba una planta cubierta de espinas con CX y CXI, mientras más al sur un laúd ornamentado identificaba a CXXIV y CXXV.
Después aparecían un escudo de torre sobre CLII y CLIII, una estalactita de hielo sobre CC y CCI, una calavera rodeada por gotas venenosas sobre CCXXXIV y CCXXXV, y una gran hacha sobre CCLX y CCLXI.
Más allá ondeaban unos colmillos gigantes sobre CCCXXII y CCCXXIII, un arco solar sobre CCCXXIX y CCCXXX, dos dagas cruzadas sobre CCCLXVI y CCCLXVII, y finalmente un león rugiente sobre CDXXXIII y CDXXXIV.
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Las Reliquias Primigenias: La Esfera de los Planos
FantasyDurante eones, las fuerzas del bien y del mal han luchado por el control de Avador, la gran rueda universal que conecta los innumerables planos de la creación, desde las cumbres celestiales hasta los abismos más oscuros. En el origen del universo, l...
