El campo de batalla había cambiado en cuestión de minutos, aunque desde las posiciones más alejadas podía parecer que tres prodigios distintos habían despertado bajo el cielo púrpura de Ghalmora. Brokhan avanzaba sobre la arena ennegrecida con el Tercer Cerrojo abierto y una presencia tan abrasadora para las ligaduras funerarias menores que los muertos más débiles vacilaban antes de aproximarse; Isodela continuaba la Marcha de la Verdad y dejaba tras cada paso glifos blancos y dorados capaces de desgarrar ilusiones, contradicciones conscientes y parte de la corrupción con la que Tyrda había deformado los recuerdos de las Legiones Malditas. Sin embargo, bastaba con apartar la mirada de ellos y dirigirla hacia Lance para comprender que aquellas tres manifestaciones no pertenecían a la misma escala.
El Edicto del Último Amanecer seguía extendido sobre Ghalmora.
Las alas permanecían abiertas detrás del paladín y la rosa de luz ocupaba una extensión tan vasta que sus pétalos atravesaban sectores enteros del campo. Allí donde la influencia del Edicto alcanzaba a los muertos, las órdenes de Kardatmatsu encontraban resistencia y las sombras de Tyrda perdían parte de la fuerza con la que se adherían a heridas, recuerdos y resentimientos. No era una purificación completa ni una victoria concedida desde los cielos; era algo más inquietante, pues Lance había conseguido alterar las condiciones bajo las que la batalla estaba siendo librada.
Gisella comprendió aquella diferencia antes que muchos vivos.
La Momia del Dogma observó primero a Isodela y sintió cómo la Marcha de la Verdad obligaba a las capas violáceas de Tyrda a separarse por momentos de las runas verdes de Kardatmatsu. Veritas no estaba destruyendo la no-muerte ni proclamando que su existencia fuera una mentira, pero sí convertía en dolor insoportable toda contradicción que la conciencia de Gisella todavía reconocía como impuesta.
La antigua clériga quiso apartar el rostro y no pudo.
—No...
Isodela sostuvo Veritas frente a ella.
—Todavía puedes reconocerlo.
Gisella abrió la boca y una sílaba perteneciente a una plegaria antigua amenazó con escapar antes de que las inscripciones verdes alrededor de la garganta se encendieran. La Momia del Dogma se estremeció y el violeta volvió a cerrar parte de aquella grieta, aunque la Marcha ya había demostrado que el doble yugo no era invulnerable.
Galdren descubría algo parecido frente a Brokhan.
Furia de Marfil había abierto el Tercer Cerrojo y la presión liberada alrededor de su cuerpo había aumentado hasta convertir cada intercambio en una amenaza contra la propia estructura funeraria del comandante caído. Algunas costillas ennegrecidas presentaban grietas que no habían sido abiertas por el filo del hacha, sino por permanecer demasiado cerca de una vitalidad tan intensa que los vínculos necróticos empezaban a perder cohesión.
Galdren observó una de aquellas grietas y apretó la empuñadura de la espada.
—Tu sola cercanía me está deshaciendo.
Brokhan mostró los colmillos.
—Entonces ahórrame trabajo.
—No te confundas, semiorco. Todavía puedo matarte.
—Eso llevas ladrando un buen rato.
Galdren lanzó la espada contra él y Brokhan recibió el golpe con el hacha, haciendo que la arena estallara alrededor de ambos. El comandante muerto seguía siendo una criatura capaz de destruir líneas enteras, pero ahora debía combatir mientras su propio cuerpo rechazaba por instantes la ligadura que lo obligaba a continuar.
Más lejos, Gwyneira enfrentaba una sensación todavía más perturbadora.
La Renacida en Sombras conocía guerreros poderosos. En vida había combatido junto a tenientes de la Rosa, había visto disciplinas que podían quebrar murallas, detener cargas enteras y decidir asedios, y aun después de su muerte había conservado suficiente memoria para reconocer cuándo se encontraba ante una manifestación extraordinaria.
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Las Reliquias Primigenias: La Esfera de los Planos
FantasíaDurante eones, las fuerzas del bien y del mal han luchado por el control de Avador, la gran rueda universal que conecta los innumerables planos de la creación, desde las cumbres celestiales hasta los abismos más oscuros. En el origen del universo, l...
