El vestido era perfecto.
Negro, de encaje, apenas sostenido por finas tiras que dejaban que mi piel hablara por sí sola. No necesitaba exagerar: sabía exactamente qué mostrar... y qué insinuar. Mi reflejo en el espejo no era solo el de una mujer atractiva.
Era el de un arma cargada.
—Hoy no sos Emma —me dije en voz baja—. Hoy sos lo que él quiere ver.
La fiesta privada se desarrollaba en una mansión alejada, con vista al río. Música baja, luces cálidas, gente importante fingiendo relajación mientras medían cada palabra. El tipo de lugar donde nadie hacía preguntas... y todos tenían algo que ocultar.
Entré sin dificultad.
Una copa de martini apareció en mi mano casi de inmediato. Jugué con ella, girando la aceituna lentamente antes de llevarla a mis labios. No miraba directamente... pero veía todo.Y entonces lo encontré.
El mismo hombre.
El nombre que había visto en la computadora de Luke. Traje gris, sonrisa calculada, mirada de depredador aburrido. Estaba apoyado cerca del bar, observando a todos como si evaluara mercancía.
Perfecto.
Me acerqué con paso suave, dejando que el vestido hiciera su trabajo. Fingí un leve tropiezo cerca de él.
—Uy... —murmuré, casi riendo, como si me avergonzara de mí misma.
Él reaccionó al instante, sosteniéndome del brazo.
—Cuidado —dijo, clavando los ojos en mí—. No querrías caer.
Le devolví una sonrisa pequeña, casi tímida.
—Gracias... soy un desastre con los tacos.
Mentira.
Nunca había sido más precisa.
—No pareces un desastre —respondió él—. Más bien... una distracción peligrosa.Bajé la mirada, jugueteando con la aceituna en el palillo, llevándola a mis labios con una lentitud calculada. Sentí su atención clavarse en cada gesto.Lo tenía.
—¿Venís seguido a este tipo de fiestas? —pregunté con voz suave, casi ingenua.
—Solo cuando vale la pena —respondió, acercándose un poco más—. Y creo que esta noche... sí lo vale.
Reí apenas, dejando que mi mano rozara la suya de forma "accidental".
—No conozco a nadie acá... —dije—. Me siento un poco perdida.Mentira.
Cada salida, cada guardia, cada cámara... ya estaba en mi cabeza.
—Entonces vení —propuso él—. Hay lugares más tranquilos.Sabía exactamente a dónde quería llevarme.
Y fui.
El cuarto era privado, silencioso, con la luz justa. Cerró la puerta detrás de nosotros con una lentitud que decía más que mil palabras. Su cercanía era densa, cargada de intención.Yo respiré hondo.Control.
—No suelo hacer esto —dije, retrocediendo apenas, dejando que el encaje rozara mi piel—. Pero... hay algo en vos.
Él sonrió, confiado.
—Lo sé.
Se acercó. Su mano buscó mi cintura, y yo dejé que la encontrara... por un segundo.Solo el suficiente.Mi otra mano subió por su pecho, lenta, dibujando un recorrido que lo hizo bajar la guardia. Sentí cómo su respiración cambiaba. Cómo su mente se nublaba.
—Decime algo... —susurré, cerca de su oído—. ¿A qué te dedicás realmente?
—Negocios —respondió, casi automático.
—No... —dije, separándome apenas, mirándolo a los ojos—. Eso no me interesa.
Silencio.Lo sostuve con la mirada, dejando que el juego siguiera su curso.
—Quiero saber lo que escondés.
Él dudó. Apenas.
—No sos tan inocente como parecés... —murmuró.
Sonreí.
—Nunca dije que lo fuera.
Mi mano descendió lentamente por su brazo, guiándolo a sentarse. Yo me quedé de pie, dominando el espacio, el ritmo... la escena.
—Escuché nombres —dije suavemente—. Lugares. Gente importante.
Su expresión cambió apenas.
—No deberías meterte en eso.
Me incliné un poco más cerca.
—Ya estoy metida.
El silencio volvió a caer, más pesado.
—Hay una red —admitió finalmente—. No somos improvisados. Hay estructura. Protección.
—¿Quién protege?
Dudó.
Mi mirada no.
—Personas con influencia. Política. Seguridad. Dinero.
—¿Y Nick? —pregunté, firme por primera vez.Su rostro cambió.
—¿Cómo sabés ese nombre?
Ahí estaba.
Mi pulso se aceleró, pero no lo mostré.
—Respondé.Se pasó una mano por el rostro, incómodo.
—Nick no es parte —dijo—. Es... un caso.
Sentí algo tensarse dentro de mí.—Explicate.
—Es uno de los pocos que... sobrevivió sin romperse del todo —continuó—. Eso lo hace peligroso.
Mis dedos se cerraron apenas.—¿Peligroso para quién?
—Para todos nosotros.
El aire en la habitación se volvió más denso.Nick no era el centro.Era... una amenaza para ellos.Eso cambiaba todo.Me enderecé lentamente, recomponiendo mi postura.
—Gracias —dije con una suavidad que no sentía.
Él me miró, confundido, aún atrapado en el juego que ya había perdido.
—¿Esto... fue real? —preguntó.
Lo miré un segundo.
—Lo suficiente.
Salí de la habitación sin mirar atrás.Mientras atravesaba la fiesta otra vez, con el vestido aún pegado a mi piel y la mirada fija al frente, entendí algo con absoluta claridad:Mi cuerpo podía abrir puertas.Pero mi mente... decidía cuáles cerrar para siempre.Y ahora tenía una nueva verdad.Nick no era solo una víctima.Era una pieza clave.Y alguien...ya debía saber que yo estaba empezando a entenderlo.
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La vecina
Teen Fiction- Soy tu vecina-me dijo-Te vi hoy cuando sacaste la basura. - ¡Oh no! Qué vergüenza... yo, no estaba en mis cabales. - Ni yo-dijo-Salí anoche, y bueno... al despertar no me di cuenta. Pero cuando salí, sólo traía puesta mi camisa corta que uso para...
