Mis caricias continuaron mientras Emma, entregada al placer, deslizó una mano entre sus piernas para acariciarse con fervor. La ironía no se perdió en mí, y le pregunté, con un tono juguetón:
—¿Acaso no querías que fuera más despacio?
Emma asintió con una sonrisa traviesa.
—Sí, pero... quiero adelantarme un poco, cariño —dijo entre gemidos—. No puedo contener este deseo que sigue aumentando.
No me detuve en mis masajes; su espalda, sus caderas y sus nalgas eran arcilla para mis manos. Centrándome en su cuello, lo besé y lo masajeé, rodeándolo con mis manos mientras ella gemía y se estremecía de placer.
—Busca el listón rojo que debería ir en mi cuello —dijo Emma, indicándome una pequeña sorpresa que tenía reservada.
Sin dudarlo, busqué el listón rojo y lo encontré en su ropero. Lo tomé y lo coloqué alrededor de su cuello, apretándolo suavemente. Emma gimió y sus ojos se llenaron de deseo mientras le daba un toque de sensualidad adicional a nuestro juego.
—Eres bueno en esto, ¿sabes? —dijo Emma con voz ronca, su mirada ardiente fija en mí.
—Siempre me esfuerzo al máximo —respondí con una sonrisa traviesa.
Emma gemía suavemente mientras mis manos se movían de manera experta.
—Tienes manos mágicas, cariño —elogió, y luego añadió con una risa juguetona—. ¿Quién lo diría?
—Lo mágico aún está por venir, pelirroja —respondí con una mirada lujuriosa.
Apreté el listón rojo alrededor de su cuello y Emma suspiró de placer.
—¿Crees que puedes controlarme con ese listón, vaquero? —preguntó, con los ojos llenos de desafío.
—No, pero disfrutaré intentándolo, señorita —respondí, jugando su juego—
Emma se movía debajo de mí con un ritmo que aumentaba el deseo en ambos, y sus ojos chispeaban de excitación.
—Aprieta más el listón, cariño —me pidió con una voz cargada de ansias.
Hice lo que me indicó, ajustando el listón rojo alrededor de su cuello. Mi erección no dejaba de crecer, y el deseo era insoportable.
—¿Así está mejor? —pregunté, mi voz temblando ligeramente.
Emma se estremeció bajo mí y suspiró.
—Oh, sí, mucho mejor —respondió con una sonrisa traviesa—. Parece que no eres tan inexperto después de todo.
Sus palabras me hicieron temblar de deseo, y Emma no tardó en notarlo.
—¿Tiemblas, vaquero? —preguntó, con una mirada burlona.
—No puedo soportar más las ganas —confesé, mi voz ronca de deseo.
Emma se hizo la que no entendía y sonrió con ironía.
—¿Las ganas de qué? —preguntó, sabiendo perfectamente la respuesta.
—De ti, Emma —respondí, sin rodeos.
Emma suspiró y su cuerpo tembló bajo el mío.
—Estás haciendo un juego muy divertido, cariño —comentó, su voz llena de malicia.
Emma se puso de pie, revelando su desnudez ante mí. Su cuerpo era una obra de arte, y mis ojos no podían apartarse de ella mientras comenzaba a caminar con gracia por la habitación.
Sus pasos eran suaves y eróticos, y en cada uno de ellos, su piel desnuda se volvía una invitación irresistible. Mi mirada estaba fija en su figura, y mis manos palpitaban de deseo.
Emma abrió la puerta de su closet y se colocó detrás de ella. La puerta, similar a una persiana, ocultaba parte de su figura pero dejaba ver lo suficiente como para encender aún más la pasión.
Ella bailaba, sus movimientos eran sensuales y provocadores. Sus curvas se insinuaban detrás de la puerta, un juego de escondite erótico que me hacía desearla más que nunca.
Mis ojos la miraban con deseo mientras me sentaba en la cama con comodidad. Mi erección palpitaba dentro de mi boxer, ansiosa por ser liberada.
— ¿Qué haces? —dije, fingiendo sorpresa—
—¿Acaso te olvidaste de tu Premio?
Hice como si no entendiera y le pregunté:
—¿Qué premio?
Una sonrisa traviesa se dibujó en los labios de Emma mientras comenzaba a vestirse con el outfit de Serena de Sailor Moon. Cada movimiento era una invitación, cada prenda que se colocaba era un acto de seducción.
—Tú ya sabes cuál es tu premio, cariño —dijo Emma, su voz cargada de lujuria.
Ella usaba su cuerpo como un instrumento de provocación, y yo estaba más que dispuesto a caer en su juego. La pasión entre nosotros ardía como nunca antes, y ambos estábamos listos para llevar este juego al siguiente nivel.
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La vecina
Roman pour Adolescents- Soy tu vecina-me dijo-Te vi hoy cuando sacaste la basura. - ¡Oh no! Qué vergüenza... yo, no estaba en mis cabales. - Ni yo-dijo-Salí anoche, y bueno... al despertar no me di cuenta. Pero cuando salí, sólo traía puesta mi camisa corta que uso para...
