18. A mí no me gusta el temach

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Caminábamos juntos hacia el edificio donde vivíamos, la ciudad iluminada por las luces de la noche. Emma, con una sonrisa traviesa, rompió el silencio:


—Oye, ¿no te molesta que tenga tantas conquistas en mi pasado, verdad?Mirándola con complicidad, respondí:


—No, para nada. Cada uno tiene su historia, ¿no?Ella asintió y agregó:


—Jamás me enamoré. Solo disfruté sudando con ellos.Sonreí ante su honestidad y le dije:


—A mí tampoco me gusta complicarme con esas cosas. Yo no soy como el temach.Emma arrugó la nariz, divertida.


—Pobre hombre, parece tener muchos problemas.


—Demasiados —confirmé, compartiendo su expresión de incredulidad hacia el temach.Emma, cambiando de tono, comentó:


—Es increíble lo perjudicial que puede ser la misoginia y el machismo.


—Totalmente de acuerdo. Las mujeres deben ser libres y vivir según sus propias reglas —añadí, expresando mis creencias con convicción.


Emma, fascinada por mis palabras, me miró con admiración.


—Ay, que rico eres. Lo de esta noche será un enorme regalo para ti, hombre desconstruido.

La mención de la noche por venir avivó la chispa entre nosotros, y no pude evitar expresar mi impaciencia.

—No aguanto las ganas, Emma.


Ella sonrió con malicia, sus ojos brillando al sol de la noche.


—La espera solo hará que sea mejor, te lo prometo.


Continuamos nuestro camino, entre risas y conversaciones profundas, explorando el lado más íntimo de nuestras personalidades. La conexión entre nosotros crecía con cada paso, fusionando humor, amor y un toque de erotismo en la noche prometedora que se avecinaba.

La vecinaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora