48. Un laberinto lleno de caos

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El sonido del mar entraba por la ventana entreabierta, constante, hipnótico. Afuera, todo parecía en calma.


Adentro, no.


Luke respiraba más lento ahora, controlado, observándome con una mezcla de cautela y algo que no terminaba de irse: admiración. Las cuerdas mantenían sus muñecas firmes contra el cabecero, sin lastimarlo, pero dejando claro quién tenía el control.

—Nunca cambiaste —murmuró él—. Solo mejoraste.

—No vine a hablar de mí —respondí, seca.


Me levanté de la cama con movimientos medidos, recogiendo mi vestido del suelo. La tela rozó mi piel mientras lo ajustaba nuevamente a mi cuerpo. Cada gesto era deliberado, como si el simple acto de vestirme también fuera parte del interrogatorio.

—La computadora —dije sin mirarlo—. ¿Dónde está?Luke dudó apenas un segundo.Error.

—Es la segunda puerta del pasillo. Pero está protegida.

Lo miré por encima del hombro.—Luke... —mi voz fue casi un susurro—. Vos me enseñaste a abrir puertas que no querían ser abiertas.

Salí de la habitación sin esperar respuesta.

El estudio era exactamente como lo recordaba: orden obsesivo, superficies limpias, cables ocultos, una sola computadora en el centro. Demasiado pulcro. Demasiado controlado.

Cerré la puerta detrás de mí.

La máquina estaba encendida.

Otro error.

Me senté lentamente, dejando que mis dedos flotaran unos segundos sobre el teclado, reconociendo el terreno. No era solo una cuestión técnica: era un lenguaje. Y Luke siempre había tenido patrones... pequeños vicios que nunca logró corregir del todo.

—Veamos si seguís siendo predecible... —murmuré.

Primera capa: contraseña simple. Bloqueo por intentos fallidos. Nada interesante.Segunda capa: cifrado dinámico.

Sonreí.

—Ahí estás.Probé combinaciones que no eran palabras, sino recuerdos. Fechas que no significaban nada para nadie más. Lugares donde habíamos trabajado juntos. Variaciones. Ritmos.

En el tercer intento, la pantalla titiló... y cedió.

—Gracias por no cambiar nunca del todo, Luke.

El escritorio se desplegó como un mapa del infierno.

Carpetas ocultas. Archivos encriptados dentro de otros archivos. Nombres codificados con iniciales que parecían aleatorias... pero no lo eran.

Abrí uno.

Listas.

Nombres completos. Edades. Ubicaciones. Fotografías.

Sentí un nudo en el estómago.No eran solo los abusadores de Nick.Era algo mucho más grande.Seguí navegando, cada clic más frío que el anterior. Había registros de pagos, transferencias disfrazadas, rutas. Lugares donde reclutaban. Lugares donde... operaban.

Y entonces lo vi.

Un nombre que no esperaba.Me quedé quieta.

—No... —susurré.

Volví a leerlo. No había error.

Ese nombre no debía estar ahí.

Un sonido detrás de mí.

Me giré de inmediato.

Luke estaba en la puerta, aún atado... pero sonriendo.

—Sabía que ibas a llegar a ese archivo —dijo con calma—. Siempre fuiste demasiado buena para quedarte en la superficie.

Mis ojos se entrecerraron.—¿Qué es esto, Luke?

Se apoyó contra el marco de la puerta como pudo, incómodo pero firme.

—La parte de la verdad que no querías ver.

Señalé la pantalla.

—Este nombre... está conectado con Nick.

El silencio que siguió fue pesado. Denso.

—No —corrigió Luke lentamente—. Nick está conectado con esto.Sentí que algo dentro de mí se desacomodaba.

—Explicate. Ahora.

Luke exhaló.

—Los hombres que estás buscando... no son independientes. Son piezas. Y alguien los mueve.

—¿Quién?

Luke me sostuvo la mirada.

—Eso... es lo que todavía no encontraste.

Volví a la pantalla. El cursor parpadeaba junto a ese nombre, como si respirara.

Como si me estuviera esperando.

Y por primera vez desde que todo empezó... dudé.

Porque si Luke decía la verdad, entonces esto ya no era solo una venganza.Era una red.Y Nick...podía estar mucho más cerca del centro de lo que yo estaba dispuesta a aceptar.

La vecinaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora