32.

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Edith Lombardo.

La fría brisa de principios de Marzo me dejó helada mientras miraba de forma perdida el amanecer que se proyectaba delante de mí. El sol parecía salir de dentro del mar, que era donde yo estaba.

Maxi me llevó a ver el amanecer y en esos instantes, ambos estábamos sentados en la fresca arena blanca de la playa, mirando el sol salir. No hacía falta hablar, tampoco mirarnos. Bastaba con ver ese precioso espectáculo.

Pero mi mente estaba en otro sitio.

En el sitio en el que debería estar y con la persona con la que debería estar viendo el amanecer.

Se cumplieron dos meses desde que Oliver y yo no nos hablábamos. Dos meses sin una sonrisa. Dos meses vacía.

Maxi me atrajo hacia su cuerpo y me rodeó con sus brazos. Pegó sus labios en mi mejilla y sonreí en su dirección.

- ¿En qué piensas?

- ¿Y tú?

- En ti -su mano acarició la palma de la mía y entrelazó nuestros dedos.

Hacía pocas semanas atrás, decidí darle una oportunidad a Maxi. Me pregunté varias veces por qué hacerlo, pero también pensé en por qué no. Oliver no tardó mucho en estar con Valeria y se demostraban sus muestras de amor delante de mis narices sin cortarse un pelo. Había retomado su vida anterior y no entendí por qué yo no podía hacer lo mismo, así que ahí me encontraba.

Estaba saliendo con Maxi.

Sus labios rozaron los míos con suavidad. Estaban fríos por la brisa que corría a esas horas de la mañana y depositó un dulce y sencillo beso en mi boca.

- Aún no he conseguido que te olvides de él -murmuró todavía pegado a mí.

- Sí, lo has conseguido.

- No. Noto cómo lo miras, además, siempre soy yo quien tiene que pedirte un beso o simplemente dártelo porque tú no lo haces nunca.

Me sentí culpable porque sabía a lo que se refería. Tenía razón, pero sencillamente, no podía hacerlo porque no salía de mí la acción de besarlo.

Lo agarré de la nuca y lo atraje hacia mis labios para besarlo.

Quise hacer el beso más rudo, más salvaje, pero Maxi no era así. No era como yo quería ni era lo que yo quería. No era Oliver.

Sus besos eran mucho más tranquilos, más dulces.

Cuando nos separamos después de unos segundos, me miró con una media sonrisa en su cara y apartó la mirada para mirar al horizonte, donde el sol empezaba a llegar a su plenitud.

- Ojalá me miraras a mí como lo miras a él.

Y tenía que reconocer que tenía razón, otra vez. ¿Cómo iba a mirar a otra persona de la misma manera que miraba a Oliver?

Pero quería ser feliz. Si no era con él, sería sin él. Lo superaría igual que he superado todos los obstáculos a lo largo de mi vida.

Miré los ojos azules del color del mar de Maxi y me vi reflejada en ellos. Eran realmente bonitos, pero no dejaba de pensar que le faltaban cierto brillo especial que sólo poseía una persona.

Me tumbó en la arena y se colocó encima de mí mientras asaltaba mi boca con su lengua y sus manos recorrían mi cuerpo de arriba abajo. Intenté concentrarme en él.

Era un chico bastante guapo. Tenía un cuerpo de infarto, unos ojos azules que hipnotizaban y unos labios que quitaban todo el sentido, pero parecía tener mucha prisa por hacerme suya.

Merece la pena odiarteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora